El aduanero alicantino

Rabino Nissan Ben Avraham

??? ??Jud?os sin documentaci?n

Una desconocida epopeya fue descubierta hace pocos meses.

Los jud?os que hu?an del avance nazi en la Francia conquistada, durante la Segunda Guerra Mundial, buscaban una v?a de escape hacia Espa?a, reci?n salida de la Guerra Civil. Pero la frontera estaba cerrada ante ellos.

Estos jud?os eran los modernos ?anusim?, vocablo hebreo que significa ?forzados?, ?coaccionados?. Forzados a abandonar sus hogares, a esconderse en buhardillas durante meses o a huir sin rumbo, a seguir cumpliendo las leyes del juda?smo en las condiciones m?s desesperadas. Muchos de ellos cre?an haber encontrado una soluci?n a su padecimiento: escapar a un pa?s neutral. Espa?a, por ejemplo.

En teor?a era neutral, pero hab?a unos gestos pol?ticos que le acercaban a Hitler. Como ya sabemos, Franco hac?a buenas migas con los alemanes.

Los jud?os, que en su mayor?a llegaban sin documentaci?n, o por lo menos sin el visado indispensable que les permitiera entrar a Espa?a. Ven?an de Francia o de B?lgica y Holanda, o de mucho m?s lejos, de donde hab?an salido a toda prisa y no pod?an entrar a Espa?a por los puertos fronterizos a lo largo de los Pirineos a los que hab?a llegado a pie.

El aduanero

Un joven alicantino, Miquel Giner, junto con su mujer y sus dos hijos, estaba encargado de la aduana en el peque?o pueblo de Les, en el Val d?Aran. Era, y sigue si?ndolo, un peque?o para?so. All? no hab?a llegado el hambre ni la pobreza patente de la posguerra para la joven familia. El hijo Vicent, que ten?a trece a?os, recuerda la placidez del lugar, despu?s de los duros a?os de la guerra espa?ola.

Pero esta placidez se desmoron? una ma?ana, a finales de junio o principios de julio del 1943, cuando lleg? al punto fronterizo un grupo de unos quince refugiados que quer?an atravesar la frontera. Uno de ellos hablaba el castellano, y comenz? a negociar con Miquel Giner el paso del grupo al otro lado de la frontera.

Pero el aduanero ten?a unas claras ?rdenes que llegaban de Madrid, y que no dejaban lugar a dudas: solo aquellos que tuvieran el visado en regla podr?an pasar a Espa?a. Y Giner no pod?a dejar de cumplir estas ?rdenes, claro. Las ?negociaciones? llegaron a un punto muerto.

?Nos van a matar!

El peque?o Vicent y su hermana tuvieron tiempo para conocer unos ni?os que hab?a en el grupo, e incluso jugaron con ellos un corto tiempo, cosa que qued? grabada en su mente ya que, al no recibir permiso de entrada, hab?an quedado ?acampados? en tierra de nadie, entre el punto fronterizo espa?ol y el franc?s.

Pero no dur? mucho. Los gendarmes franceses les recogieron en un cami?n para llev?rselos. ??Nos van a matar!? ? gritaron desde dentro del veh?culo.

La versi?n oficial de los gendarmes era que se los llevaban a un campo de trabajo, como los que hab?an ?recogido? a los exiliados republicanos que escaparon de Franco. Pero en realidad, este grupo de jud?os, seguramente polacos, que hab?an llegado a pie hasta la frontera, fueron ejecutados por las SS.

Entre los guardas fronterizos franceses hab?a un oficial de la Wehrmacht encargado de buscar fugitivos en la periferia del paso fronterizo. ?ste confes? a Miquel Giner, con toda naturalidad, que los jud?os iban a ser exterminados.

Este suceso fue una experiencia horrible para Vicent, un ni?o de trece a?os y su hermanita Isabel, de doce, que se enteraban que iban a asesinar a sus compa?eros de juego.

Miquel, ?tienes que hacer algo!

De vuelta en casa, la madre le dijo a su marido: ?Miquel, tienes que hacer algo?. Esto le bast? para ahuyentar las dudas que pudiera tener. Graves dudas, ya que estaba perfectamente claro que si el plan no funcionaba bien, lo menos que pod?an esperar era la c?rcel para el aduanero y la desgracia para toda la familia. Pero pod?a llegar tambi?n a la muerte por traici?n.

?No puede ser que enviemos a personas inocentes a una muerte segura? ? le dijo su mujer. Y Miquel sab?a que ten?a toda la raz?n del mundo.

Miquel consigui? convencer a los agentes, carabineros y vecinos de Les en una muda connivencia para su estratagema. As?, durante unos largu?simos dos meses de verano, el aduanero alicantino estableci? un r?gimen especial en su punto fronterizo. Los grupos de jud?os llegaban a la frontera y se desviaban hacia los montes vecinos mientras que las autoridades locales miraban hacia otro lado.

Solo uno

?Uno. Solo uno? ? dice Vicent, testigo directo de la brava actitud de sus padres. Un solo chivatazo habr?a bastado para destapar al aduanero y traer la desgracia sobre toda la familia. Con esto nos basta para comprender el terrible dilema de Giner y la enorme valent?a que demostr? en aquellos interminables meses.

Pero los vecinos de Les no se contentaron con hacer la vista gorda sino que, muy al contrario, llegaban a acoger a los fugitivos en sus propias casas, y darles alimentos o ropas. Y un silencio c?mplice.

Muchos de los jud?os llegar?an luego a Barcelona donde el c?nsul ingl?s les proporcionaba documentaci?n que les permit?a seguir de all? a otros destinos.

Al final del verano cambi? la postura oficial del gobierno franquista, y la entrada de los refugiados se convirti? en legal, con lo que el peligro que flotaba sobre la cabeza del aduanero se disipaba.

Largo silencio

Esta historia jam?s fue comentada en la casa de los Giner. Tal vez por miedo a represalias del r?gimen franquista, o por evitar un mayor trauma a los dos ni?os. O por innata modestia. Pero los ni?os lo sab?an todo, eran testigos de la heroicidad de sus padres. Y de la heroicidad de todos los seiscientos habitantes del pueblecito aran?s. Pero sobre todo del padre, que hubiera cargado con la principal culpa. El silencio indispensable para que el plan triunfara continu? durante d?cadas, de regreso ya a su casa en Alicante.

Ahora Vicent ya tiene sus ochenta y cinco a?os, muy bien llevados, por cierto. Y decidi? hace unos dos, que la historia de su padre no pod?a ir al olvido. Por lo que se puso en contacto con un periodista alicantino, que comenz? un largo proceso de investigaci?n. Tambi?n entr? en la investigaci?n la famosa instituci?n israel? de Yad Vashem, centro internacional de investigaci?n de las v?ctimas jud?as del Holocausto y de reconocimiento y agradecimiento a todos aquellos que participaron, con m?s o menos peligro de sus vidas, para salvar a los jud?os.

Al cabo de unos largos meses de investigaci?n, el asunto qued? perfectamente claro, y Vicent Giner fue invitado por los israel?es a llegar a Jerusal?n para asistir a un emotivo acto de reconocimiento y agradecimiento al aduanero Miquel Giner. Su hijo Vicent sembr? un ?rbol en el Bosque de los Justos, en nombre de su valiente padre.

Nueva simpat?a

Los ojos se llenaron de l?grimas cuando nos lo contaba, sentado con nosotros en la mesa de Shabat de la Comunidad Jud?a de Alicante, el pasado mes de marzo.

Desde su viaje a Israel siente Vicent una abierta simpat?a por todo lo jud?o y quiso visitar la sinagoga en su ciudad natal, y conocer al rabino que llega para ense?ar la Tor?. Pero esta vez el rabino call? para dejar hablar al testigo de la valent?a humana frente a la injusticia antisemita. Y el coraz?n nos palpitaba de emoci?n al o?r las simples palabras de este se?or: ??qu? otra cosa pod?a haber hecho mi padre? ?Dejarles ir a una muerte segura??

Es el valor de las personas que saben reconocer las injusticias y saben luchar para evitarlas o para mitigarlas en la medida que les es posible.

Vicente no tiene cifras claras sobre cu?ntos jud?os se salvaron durante aquellos meses de hero?smo, pero ya sabemos que cada vida es como todo un universo, y seguramente de aquellas decenas o cientos de jud?os que lograron pasar se construyeron nuevas familias, en Israel o en otros pa?ses del mundo, y con esto les estamos m?s que agradecidos a la familia Giner y a los c?mplices araneses.

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