No est? en el Cielo – Comentario a la parash? de Nitsavim-Vay?lej

No est? en el Cielo
“No esta en el Cielo” La posibilidad de corregir nuestra vida y nuestra alma solo se puede lograr ahora!!!

Por Rabino Nissan ben Abraham

Una religi?n dif?cil

Es algo que todos se dan cuenta ya desde el primer momento en que conocen el juda?smo: no es una religi?n f?cil de seguir. Tiene muchos detalles, muchos mandamientos, muchas exigencias. No est? permitido trabajar o viajar en shabat, no pueden comerse toda una enorme gama de sabrosos y populares alimentos, tanto el hombre como la mujer deben vestirse pudorosamente, las fiestas jud?as no coinciden con las del calendario local, etc.

Bueno, hay muchos jud?os que se alivian un poco las responsabilidades del juda?smo al no cumplir estrictamente todas y cada una de sus leyes o costumbres, para no agobiarse o para no quedar desconectado de los placeres o las necesidades del mundo actual. Pero todos aquellos que han estudiado y conocen m?nimamente el tema se quedan con la impresi?n interior de que cuando no cumplen correctamente se est?n perdiendo algo que no siempre son capaces de definir. No intento criticar a nadie, ?qui?n soy yo para criticar, teniendo yo mis propios defectos? Solo estoy perfilando un grupo muy amplio y muy diverso de jud?os.

Por otra parte est?n aquellos que efectivamente se agobian con el cumplimiento de todos los mandamientos con sus m?ltiples detalles y nunca est?n satisfechos de s? mismos (ni de aquellos que est?n a su alrededor) y buscan desesperadamente m?s y m?s detalles desconocidos para tapar cualquier orificio en una tupida pared que se construyen.

La opini?n de la Tor?

Entre estos dos grupos de jud?os, ?qu? opina la Tor??

En nuestra parash? aparece unos vers?culos que dicen ?no est? encubierto ni es lejano; no est? en el cielo para que digas ??qui?n ascender? al cielo y nos lo tomar? para hac?rnoslo o?r y poder hacerlo??; ni est? al otro lado del mar para que digas ??qui?n nos ir? al otro lado del mar y nos lo tomar? para hac?rnoslo o?r y poder cumplirlo??; sino que esto est? muy cerca de ti, en tu boca y en tu coraz?n, para cumplirlo? (Deuteronomio 31:11-14).

En realidad estos vers?culos est?n diciendo que, si fuera necesario, deber?amos subir al cielo o viajar al otro lado del mar para poder estudiar la Tor?, ya que sin ella estamos perdidos, o deber?amos cruzar el mar para poder obtener las condiciones necesarias para su correcto cumplimiento. Cuando comprendemos su valor, todas las dificultades son pocas y sin importancia.

O tal vez, que deber?amos tomarnos el tiempo necesario para aprender correctamente una ciencia ajena y extra?a que nos aporta gran beneficio.

Pero resulta que esta ciencia no es extra?a en absoluto ni nos es ajena. Est? grabada tanto en nuestra boca como en nuestro coraz?n. En nuestra boca, porque todos conocen los del Amor al Creador y del Amor al Pr?jimo, que son los dos grandes pilares que forman la base de toda la Tor?, como les declar? el anciano Hilel a los pros?litos que ven?an a agregarse al Pueblo de Israel (y que fueron copiados por el cristianismo, a?os m?s tarde). Y est? grabado tambi?n en nuestro coraz?n, porque cuando nos alejamos del cumplimiento de los mandamientos, nuestro coraz?n protesta y no nos deja en paz, nos manda sue?os e ilusiones, hasta que reemprendemos el buen .

Desesperados de nosotros mismos

Esto se debe a que el Creador nos impuso estas condiciones en nuestro ADN, en nuestra personalidad, y mientras no las tengamos en cuenta llevamos un lastre que nos impide vivir en verdadera tranquilidad. Podemos intentar burlar la guardia por un tiempo, podemos intentar ahogar estos sentimientos que surgen de lo m?s profundo de nuestros corazones, pero si lo logramos seremos m?s desgraciados a?n, y significar? que nos hemos desesperado de nosotros mismos, de nuestras posibilidades y capacidades. Y, mientras quede en nosotros algo bueno, el Creador no permitir? que nos perdamos.

?En qu? consiste, pues, el asunto? Sencillamente, en ir descubriendo en nosotros mismos estas cualidades, estas condiciones. Al igual que la ciencia ha sido capaz de descubrir ya muchas de las condiciones para poder gozar de una buena salud: no descuidar el cuerpo, sus alimentos adecuados y sus ejercicios. Pero tampoco estresarse con ininterrumpidos y pesados ejercicios, o calculando compulsivamente cada gramo de calor?as, de hidratos o de grasas que ingerimos.

El cuerpo sano

El cuerpo en buenas condiciones es capaz de reconocer sus necesidades por s? mismo. El problema es que no estamos en buenas condiciones. Desde el primer momento de nuestra vida en este mundo nos rodean de falsas condiciones: nos atiborran de alimentos que no son necesarios. Que ni siquiera son alimentos. Nos acostumbramos a pasar infinitas horas sentados en la oficina, o usando dos o tres m?sculos y descuidando todos los dem?s. Nos olvidamos de sonre?r, de saltar, de so?ar. Todos sabemos que vivimos mal, que deber?amos hacer otra cosa, pero nos da pereza buscar la soluci?n para ponerla en pr?ctica. Y esperamos a que los cient?ficos descubran la verdadera f?rmula que nos permita recuperar la salud perdida.

Lo mismo ocurre con nuestra salud espiritual. Es innata en nosotros mientras no la destruyamos. Pero hace ya siglos que la olvidamos, a causa de un repetitivo descuido, al despreciar o por lo menos subvalorar las condiciones.

613

Nuestros Sabios nos dicen que hay 613 mandamientos subdivididos en 248 positivos, correspondientes al n?mero de los miembros de nuestro propio cuerpo, y 365 negativos que se corresponden con los 365 d?as del ciclo solar. Explicando con ello que cada miembro y cada d?a tiene su condici?n para llevarnos a nuestra propia plenitud.

Pero nos evadimos de nosotros mismos al pensar que son imposiciones ajenas y extra?as de un dios cruel o inflexible, sin comprender que son las condiciones de nuestra propia condici?n humana, que nos llevan a nuestra plenitud.

No est? en el cielo

?No est? en el cielo? se ha convertido en un refr?n en el hebreo moderno para designar aquellas misiones, como dejar de fumar, que a primera vista son imposibles, pero que al llevarlas a cabo se convierten en algo perfectamente normal. La Tor? nos dice que los mandamientos divinos no son un castigo, no son una imposici?n ajena, son nuestra vida, las condiciones de nuestra existencia. ?Qu? tonter?a despreciarlos! ?Qu? enorme error menospreciarlos, por muchas excusas que tengamos!

En v?speras del D?a del Juicio, el d?a de Rosh Hashan?, recapacitamos sobre el verdadero valor de los Mandamientos de la Tor? y? damos un primer paso para ponernos al d?a en su cumplimiento adecuado, sin estresarnos pero sin perder la buena voluntad y la constancia.

?Shan? tov?! (?Buen a?o!)

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