Un momento de regeneraci?n del alma

Tu Bishevat,? el d?a 15 del mes de Shevat, es la fecha que la tradici?n jud?a establece como el inicio de la floraci?n en la naturaleza, como el? a?o nuevo de los ?rboles. Shevat, coincide generalmente con el fin de enero o el comienzo de febrero, es el tiempo en que se unen el final del invierno con el inicio de la primavera y tal como ocurre con otras festividades, ?sta cobra un sentido metaf?rico profundo.

En nuestro ser m?s ?ntimo, muchas veces,? se produce tal como en la naturaleza, una translaci?n desde las? oscuras y g?lidas emociones que podemos albergar hacia las c?lidas y alegres costas de nuestros estados interiores m?s pl?cidos.

Los cabalistas de Safed en el siglo XVI celebraban esta fecha con una mesa de frutas para cumplir con la descripci?n que la Mishna hace de la festividad como un “a?o nuevo”.? Rabi Itzjak Luria y sus disc?pulos instituyeron un seder? (orden) en el que las frutas y los ?rboles? de la Tierra de Israel recibieron un significado simb?lico. La idea principal resid?a en? que comer? frutas y tomar cuatro copas de vino en un orden espec?fico y recitando las bendiciones respectivas? podr?a traer a los seres humanos y al mundo a un estado? cercano a la perfecci?n espiritual.

La primera copa ? de vino blanco

La segunda copa ? rosado claro (vino blanco con una gota de vino rojo)

La tercera copa ? rosado oscuro (con mayor cantidad de vino rojo)

La cuarta copa ? casi totalmente roja (s?lo con una gota de vino blanco)

Somos un ?rbol del campo

Tu Bishevat nos invita a un viaje por nuestro? invierno interno para encontrar los inicios de la primera floraci?n, esa que nace de nuestras propias heridas, de ese capital interno que nos ha dado la existencia.

“Porque el hombre es como? el ?rbol del campo” (Deuteronomio 20:19)

El ?rbol que cada uno de nosotros representa? est? surcado de las marcas del tiempo, de las heridas que ya han cicatrizado y de aquellas que a?n no lo han hecho, en el medio de nuestra existencia nos miramos como un arbusto expuesto a los avatares del tiempo y del clima de nuestro entorno.

En invierno, el ?rbol se siente? falto de hojas y se mira en su desnudez. Al igual que la primera pareja, luego de haber ingerido el fruto del ?rbol, de aquel ?rbol que le deb?a dar el conocimiento del bien y del mal, pero, en cambio recibieron como resultado el verse desnudos y llenos de verg?enza. Tal como dice el rey Salom?n, “el que aumenta conocimiento aumenta el dolor”. (Eclesiast?s 1:18)

Cuando nos ponemos en contacto con nosotros mismos, empezamos a descubrir nuestros dolores: nuestras tristezas, angustias, soledades, miedos, frustraciones, desilusiones, resentimiento… Esta experiencia es en s? misma dolorosa. Descubrir, contactar, expresar nuestras propias heridas internas… duele… y tambi?n libera.

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Del blanco al rosado

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El seder, el orden que los cabalistas establecieron para Tu Bishevat tiene cuatro copas como en Pesaj pero en este caso con cuatro vinos diferentes, en la primera instancia se toma el vino blanco luego el rosado, luego el m?s rosado hasta llegar al rojo. La naturaleza cambia de colores de igual forma y en nuestro interior podemos sentir el paso del fr?o invierno a un tibio sol que nos coloca m?s cerca del rosado hasta avanzar al rojo del verano. Para lograr esto debemos transitar por nuestro propio desierto interno hasta lograr llegar a los campos floridos del verano.

Tomar el recaudo necesario, ya que ponernos en contacto con nuestros colores internos es ponernos en contacto con nuestro dolor.

Estamos habituados a evitar el dolor. Si apoyo la mano en una estufa caliente, el dolor hace que r?pidamente retire mi mano, y gracias a esto evito un da?o mayor, puedo mantener mi integridad f?sica. En lo ps?quico o emocional muchas veces hacemos un movimiento similar: un movimiento que nos lleva a evitar, rechazar, calmar el dolor inmediato. Muchas veces huimos del dolor, lo negamos, lo ignoramos. Otras, en cambio, hacemos exactamente lo contrario: nos apegamos a ?l, lo cuidamos, lo alimentamos, lo mostramos orgullosos, como si fuera nuestro hijo predilecto.

Lo que podemos? preguntarnos, es… ?Cu?ntas veces lo escuchamos como se escucha a un amigo, que tiene algo importante para decirnos? ?Cu?ntas veces nos permitimos morar en nuestros dolores desde la aceptaci?n? Dej?ndolo que se exprese, sin hacer un solo movimiento de rechazo, huida, apego o justificaci?n…

Hay algo especial que sucede desde este lugar. Un lugar en que no me enfrento con mi dolor, no me pongo enfrente, sino al lado, lo reconozco como propio, lo escucho, lo expreso, y… lo suelto. No lo tapo, no lo empujo, no lo niego. Lo dejo libre, lo dejo ser en m?, me dejo ser en ?l?

?Del rosado a un rosado m?s intenso

?Acaso estoy seguro-a que mis ra?ces est?n firmemente plantadas en el suelo que las alimenta?

?Puedo all? soltar mis hojas en el oto?o para luego retornar a la vida que me sostiene?

?Puedo tener certeza que mis frutos son dulces? y que alimentan a todo aquel que viene a regocijarse conmigo?

?Cada uno que se acerca a mi, se aleja con una sonrisa?

?Acaso yo me inclino ante el viento, aceptando lo que el Creador me env?a sin que me quiebre o desespere?

Del dolor pasamos, con la segunda copa, a reconocernos como ?rboles que somos y por eso vivimos dos vidas a la vez.

Una vida en la que deseamos dejar la oscuridad del suelo en la que tenemos nuestras ra?ces, con los sentimientos que generamos en la oscuridad? para trasladarnos hacia otras tierras, otros suelos que nos cobijen. Buscamos dejar la ra?z en las tinieblas, ascender, sentirnos ba?ados por la luz y el calor del sol, alimentados por el roc?o que nos nutre. Pero este viaje no es sencillo, este crecimiento implica otros sentimientos: estamos desesperados y temerosos de? ser arrancados? por la furia de las tormentas? o consumidos por los incendios. El temor y la desesperaci?n de perder lo que somos y tenemos nos invaden en todo momento. Si podemos valorar el silencio y la seguridad? de nuestras ra?ces podremos crecer hacia el sol, en paz y armon?a y pasar a un rosado m?s intenso.

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?Del rosado al rojo

“Ciertamente? Dios te introduce en una buena tierra: tierra de arroyos de agua, de manantiales y de fuentes del abismo que brotan en los valles y en los montes; ?tierra de trigo, de cebada, de vides, de higueras y de granados; tierra de olivos ricos en aceite y de miel” Deuteronomio 7-8:8

Las siete especies que coronan la Tierra de Israel han sido vistas por los cabalistas como los frutos por excelencia y cada una de ellas representa un componente de nuestro ser.

Tal como expresan los cabalistas, cuando? colocamos las frutas? en el seder de Tu Bishevat y las ingerimos, junto a las cuatro copas y en el orden que aparece en el texto de Deuteronomio con las bendiciones correspondientes, estamos haciendo un viaje por distintos aspectos de nuestro ser hasta llegar a la paz y a la armon?a.

El trigo? es el alimento por excelencia: “con el sudor de tu frente comer?s pan”, el trigo representa nuestras m?s profundas aspiraciones, todo aquello que nos hace humanos. En cambio? la cebada es considerada un alimento para los animales? y por eso, nos une con nuestro mundo material y con nuestros instintos. En hebreo ietzer (instinto) tiene la misma ra?z que creaci?n (ietzir?), sin el uno el otro no se puede dar.

Kafka nos dice que el hombre piensa que va libre por el mundo, sin darse cuenta que dos cadenas lo atan, una que lleva al cuello y otra a la cintura. Cuando desea volar hacia los mundos espirituales, la cadena de la cintura lo arrastra hacia la tierra y por el contrario cuando se siente atra?do totalmente por el mundo material y por sus apetitos, la cadena del cuello le recuerda su lado espiritual y le hace ascender; el trigo y la cebada representan estos dos componentes del hombre.

La vid simboliza la alegr?a que se refleja en el vino, en estas cuatro copas que nos hacen trasladarnos a trav?s de nuestro mundo espiritual. Nuestro mundo no puede existir sin el humor y la sonrisa, el juda?smo considera que la alegr?a es el estado natural del hombre que no quiere pecar. Pero tambi?n la alegr?a nos hace ver el mundo de otra forma, recordemos tambi?n cu?n peligrosa puede ser para algunos, Umberto Eco en el nombre de la Rosa nos habla de c?mo el humor puede subvertir las? ideolog?as.

La higuera tiene relaci?n para los cabalistas con el involucramiento, con el estar presente aqu? y ahora. La importancia que le damos a lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando invertimos todo de nuestra parte en la tarea que estamos realizando, y nos afecta para bien o para mal. El cuarto de los siete frutos, es tambi?n el fruto del ?rbol del conocimiento del bien y del mal, y no la manzana como tantos artistas han destacado.

La granada simboliza el color y el fruto de la pasi?n, tal como dice el Cantar de los Cantares, 4:3 ” tus mejillas son como granadas detr?s de tu velo”. Esta fruta, por otra parte, tiene semillas y cada una est? aislada de las dem?s, el ?mpetu y embarcarse cien por cien en una tarea nos puede hacer perder la mira de todo el entorno y transformarnos en ego?stas. Si la higuera representa el total involucramiento y la identificaci?n con lo que hacemos, la granada es la antitesis, es nuestra capacidad de mirarnos a nosotros mismos sin tener el sentido de cu?nto puede afectar nuestros actos a nuestro entorno, causando a veces dolor y pesar.

El olivo representa la lucha, la vida es sin?nimo de lucha. Luchamos por forjarnos una identidad propia que no sea la copia de nuestros padres? o lo que el medio nos dicta. Luchamos por encontrar una pareja, por preservar nuestro matrimonio. Por criar a nuestros hijos, y luego por tener una comunicaci?n adecuada con ellos? como adultos. Luchamos para lograr nuestro sustento, y luego con la? culpa que nos causa? tener buena fortuna. El olivo representa esa parte de nosotros que est? en permanente lucha y conflicto, tal como el olivo del que se extrae su aceite cuando es prensado. Lo mismo ocurre? con nosotros, es cuando estamos? prensados entre la piedra del molino de la vida y nuestros sue?os y aspiraciones? que logramos extraer lo mejor de nuestro ser.

De alguna forma el olivo tiene su contrapartida en el d?til del que se extrae la miel y que representa nuestra capacidad de lograr la paz, la tranquilidad y ?porque no? la perfecci?n. Ciertamente es verdad que somos mejores cuando estamos expuestos a la presi?n pero? no es menos cierto que hay un potencial en nuestra alma que solo aflora cuando estamos en paz con nosotros mismos, cuando hemos logrado un balance y armon?a entre los diversos? componentes de nuestro ser.

Somos los siete frutos, en diferentes momentos puede predominar alguno sobre el otro, pero sin duda cada uno de ellos es parte nuestra y en el pasaje del invierno a la primavera, podemos vernos desde nuestras heridas y desde nuestros logros. Sentir que gracias a nuestras ra?ces, hoy somos lo que somos en el camino que nuestras ramas nos se?alan para alcanzar estos frutos y significar a Tu Bishevat como un momento de regeneraci?n espiritual.

?Edith Blaustein

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