J?nuka de los anusim

La compa??a de los hermanos Del-Medilia de Sevilla era de las m?s conocida en Espa?a. Los hermanos Yaacov y Reub?n Del-Medilia heredaron el negocio de sus padres, quien siendo mayor recibi? una medalla de reconocimiento del Rey de Espa?a. Su viuda, Do?a Rajel Del-Medilia era conocida por su bondad para con los pobres.

Gran alegr?a reinaba en la casa de la familia Del-Medilia cuando la esposa de Yaacov di? a luz mellizas y cuando un a?o despu?s la mujer de Reub?n dio a luz a una ni?a. Las tres ni?as nacieron en la semana de j?nuka.

Las ni?as crecieron libremente sin saber lo que comenzaba a suceder en Espa?a. A pesar de que algunos cedieron a las presiones y a los ataques, muchos siguieron fieles a su fe como la familia Del-Medilia.

El quinto j?nuka despu?s del nacimiento de las mellizas, fue festejado como cada a?o, j?nuka y cumplea?os. La abuela Do?a Rajel le regal? a cada una de las ni?as un eje de oro con forma de januki?, y piedras rojas brillantes en sus brazos, como si el fuego de las mismas estuviese encendido.

La abuela colg? las menorot a cada una de las ni?as y les dijo: ?saben, Sara, Rivka y Rajel por qu? les di esta peque?a januki? de regalo?

Si abuela querida, sabemos ?dijeron las ni?as ? seguro porque nacimos en j?nuka.

Es verdad ? respondi? la abuela Rajel ? sin embargo, tuve tambi?n otra intenci?n. Yo quisiera que estas janukiot queden siempre en sus cuellos y les recuerden el cuento de j?nuka.

Do?a Rajel le cont? a sus nietas el cuento de j?nuka, sobre Jan? y sus 7 hijos, a la forma en que entregaron su vida santificando el nombre de Hashem. Las ni?as ten?an l?grimas en sus ojos. La abuela les pregunt?: ?acaso tendr?an el valor de comportarse como el ni?o peque?o de Jan?? Y ellas respondieron: si abuela, sin ninguna duda.

Dijo la abuela con una triste mirada: quiera Hashem que no tengan que pasar por esta prueba.

El dif?cil silencio fren? Reub?n diciendo: ?basta!, ?acaso no es j?nuka hoy? No estemos tristes y sigamos cantando mientras las velas siguen encendidas, y esperemos que el Kadosh Baruj Hu no nos abandone y nos haga milagros como hice a nuestros antepasados.

De pronto se oy? que tocaban la puerta. La sirvienta ingreso y anunci? que el se?or Diego de Suzan vino a visitar. Reub?n y Yaacov salieron a recibirlo, ingreso al cuarto y salud? a la familia por la festividad y por el cumplea?os. El invitado hizo la bendici?n de las velas y se qued? observ?ndolas durante una larga hora hasta que se oblig? a detenerse y pidi? dialogar con los hermanos en privado.

– abuela ? dijo Rajel ? ?por qu? vino el se?or Diego para encender velas de j?nuka? ?y por qu? llor?? Agreg? Lea. ?cuando crezcan les contar? el cuento del se?or Diego? ? dijo la Abuela Rajel. Despu?s abraz? a sus nietas y les pregunt? si pod?an guardar un secreto. ?si, si, por supuesto? dijeron las ni?as. ?uds. no vieron al Sr. Diego. No estuvo aqu??. ??El Sr. Diego es de los anusim, no?? ? pregunt? Sara. ?ni?a m?a, olv?date del Sr. Diego, es un secreto?.

El Sr. Diego era de los anusim ricos de la isla, ellos estaban relacionados entre ellos y ten?an un agente dentro de la inquisici?n, por lo cual sab?an de los planes de Torquemada. ?nuestra vida est? en peligro, y lamento informarles que la de uds. tambi?n?. Debo decirles asimismo que la nueva empleada que tom? Do?a Rajel, tambi?n ella es agente de la inquisici?n.

?Debemos consultar con nuestra madre, como ud. sabe nosotros no hacemos nada sin su consentimiento. En unos d?as le daremos una respuesta?, dijeron los hermanos. ?En unos d?as puede ser demasiado tarde, deben decidir ahora, ?por qu? no la llaman para que nos de su opini?n??

Reub?n se par?, entr? al cuarto y vio que al lado de la puerta se encontraba Torquemada, con su capa roja y su gran cruz. ?Buenas noches se?or Del-Medilia? ? dijo el asesino con una sonrisa perversa ? ?debe disculparme que no le he avisado de antemano de mi visita. Nosotros, en nuestra santa tarea, no tenemos tiempo para modales. Vine a avisarle que usted, su hermano y su invitado, el Sr. Diego est?n detenidos. La casa se encuentra rodeada con mis hombres por lo que no tiene sentido que intenten escapar o negarse. Su madre, sus mujeres y sus hijas se quedar?n por el momento en la casa, bajo custodia?.

Do?a Rajel no durmi? en toda la noche. Por la ma?ana se puso su vestido m?s lindo y tom? la medalla de oro que recibi? del rey. Desde que el Rey Fernando se cas? con la Reina Isabel que era conocida por su odio a los jud?os no visit? mucho el palacio, a donde si frecuentaba anteriormente.

Sin embargo la visita fue un gran error. En lugar de encontrar a la reina, se encontr? en la sala de espera con… Torquemada. Qui?n tambi?n vino a dialogar con Isabel. Cuando vio a Do?a Rajel le dijo con malignidad que sus esfuerzos no valen la pena.

Cuando la Reina ingres? bes? con fervor la cruz de Torquemada mientras que a Do?a Rajel pr?cticamente no se dirigi?. La Reina y el inquisidor ingresaron al cuarto y Do?a Rajel se qued? sola. Esper?, su coraz?n se rompi?, se quit? el medall?n de oro y lo dej? sobre la mesa y se fue del palacio real.

Comprendi? que no pod?a esperar ayuda m?s que de Hashem y decidi? preocuparse por salvar a sus nueras y a sus nietas. En el cuarto de ellos hab?a una puerta secreta, la cual llevaba a escaleras, a un t?nel subterr?neo que sal?a al mar. All? siempre hab?a una peque?a barca, lista para el momento de peligro.

Do?a Rajel mand? a la nueva empleada al mercado y plane? la hu?da con la sirvienta antigua en la cual confiaba. Mientras tanto lleg? a la casa un agente real el cual le dijo a Do?a Rajel que todos sus bienes est?n confiscados, que mientras tanto se encuentran bajo protecci?n del Rey hasta que salga el veredicto del juicio de los hermanos.

La anciana sirvienta llamada Dona, no se preocupaba mucho por los soldados que rondaban en la casa. Cada ma?ana sal?a con las ni?as a pasear. Los soldados intentaron detenerla en un principio, pero ella les grit? que las peque?as necesitan respirar un poco de aire puro. En un de los paseos, Dona mand? una carta de Do?a Rajel a su hermano de Constantinopla. En la misma le comento Do?a Rajel acerca de la situaci?n familiar y le pide que haga lo posible para que sus barcos lleguen a puerto seguro.

Al principio, un soldado sol?a acompa?ar a Dona en su paseo, pero r?pidamente se cans?, vio que efectivamente la anciana tan solo iba a pasear con las ni?as y comenz? a dormirse mientras que estas jugaban en el parque. Incluso, cada d?a antes de irse, eran Dona y las peque?as las que lo despertaban para decirle que lleg? la hora de marchar. Sin embargo, una vez se despert? solo y para su gran sorpresa, la anciana y las ni?as hab?an desaparecido. Corri? a la casa, le avis? al general a cargo de lo sucedido y en el hogar comenz? un esc?ndalo, Do?a Rajel se puso sumamente nerviosa y pidi? por favor salir en busca de sus nietas. Los soldados no la dejaron salir, pero sus nervios y los de sus nueras ?convencieron? a los soldados que se trataba de algo real.

Cuando Torquemada se enter? de lo sucedido, se enfureci? y mand? a buscarlas por todo el pa?s. Dona y las ni?as, se encontraban mientras tanto en lo del hermano de la anciana, en el bosque, donde el mismo fabricaba alquitr?n. Debido a su oficio, de vez en cuando el mismo iba a la ciudad a vender la mercader?a. Luego de unos d?as, carg? su carro con dicha mercader?a. En una de las bolsas iba escondida Sara. Llegaron al puerto, le dieron la bolsa a un capit?n quien estaba dispuesto a llevarla a Constantinopla. Al d?a siguiente, su hermana hizo el mismo recorrido, pero la tercera vez, al otro d?a, sucedi? una tragedia. Los agentes de la inquisici?n, que comenzaron a desconfiar de los tantos viajes del trabajador chequearon la carga y encontraron a L?ala.

Mientras tanto, Reuben Del-Medilia se encontraba en una oscura celda subterr?nea sufriendo tremendas torturas. Sin embargo, los inquisidores no lograban la sacarle informaci?n deseada a pesar de todo los maltratos que recib?a. De repente se abri? la puerta y entr? Torquemada. El mismo intent? convencer al prisionero de convertirse y as? salvar su vida. ?Pierdes tu tiempo, Torquemada? ? le contest? Reub?n con valent?a, dejando claro que estaba dispuesto a morir santificando el nombre de Hashem. ??Deseas terminar como tu hermano?? ? pregunt? el inquisidor en forma amenazadora.

?Que tonto eres Torquemada? ? dijo ? ?si crees que un jud?o va a traicionar la f? de sus padres y convertirse en un cristiano fiel, y encima si la ?f?? se le es forzada?.

Las palabras de Reub?n Del-Medilia insultaron terriblemente al inquisidor. ??Yo soy tonto ah! ? sonri? en forma diab?lica ? ?ahora veremos quien es m?s inteligente? ? y sali? de la celda. Ingres? de repente L?ala a la celda, se acerc? y abraz? a su padre.

?L?ale, querida, ?c?mo has llegado aqu???. De repente, por primera vez desde que fue detenido, comenz? a sentir que se desmoronaba.

?Los dejo solos por un rato? ? dijo Torquemada sonriendo ? ?volver? en 15 minutos para saber la decisi?n?.

?Hija querida, ?te acuerdas de tu ?ltimo cumplea?os, en j?nuka, cuando la abuela te dio a t? y a tus primas una peque?a menor??… ?me la quitaron? ?si, pero que te dijo la abuela en ese momento? Te dijo que hay cosas peores que la muere. Sin Tor? y mitzvot no hay vida jud?a. Tu t?o, Yaacov, sab?a esto y eligi? la muerte y yo tambi?n estoy dispuesto a esto. Si no quieres separarte nunca de mi, recuerda como los 7 hijos de Jan? no se separaron de su madre y eligieron la muerte, muerte valiente, antes que la verg?enza y la perdici?n. Se fuerte hija m?a y no les permitas que te llenen la cabeza. Ellos no buscan tu bien. Prom?teme que no les dejar?s que te convenzan…? ? L?ale se sec? las l?grimas y una fuerte decisi?n se pint? en su rostro.

?alguien viene? ? dijo en el momento en que se escuchaban pasos silenciosos ? ?no te preocupes padre, no me separar? de ti…?

La puerta se abri?, y de repente escucharon la voz de la leal sirvienta Dona: ?v?mos, r?pido? ? susurr?. La siguieron por pasajes oscuros, subieron cientas de escaleras y finalmente frenaron. Aqu? dijo Dona en voz baja: ?aqu? esta la llave de la puerta trasera, atr?s de la puerta hay un guardia, es nuestro amigo, haz lo que te diga, yo voy a encontrarlos a penas tenga la oportunidad, ?que Hashem los ayude!?

En la cubierta del barco manejada por el amistoso capit?n, qui?n arriesg? su vida por una gran suma que le fue prometida, se encontraron Reub?n y L?ale con la leal sirvienta. Fue en ese instante en que pudo contarles la historia completa de c?mo los hab?a salvado. Que tuvo la suerte de poder ser contratada por la inquisici?n como empleada de limpieza en los subsuelos de la inquisici?n. R?pidamente conoci? todos los pasillos, los pasajes y las escaleras e incluso le fue contado acerca de una puerta secreta. No fue f?cil encontrar la llave, pero cuando es decretado desde lo alto que debe venir la redenci?n, la suerte ayuda a quienes vienen a realizar la tarea.

Era de noche, y el barco sigui? navegando. De repente apareci? un peque?o barco y se acerc? a la gran barca. Con la ayuda de una escalera de soga, subieron al barco tres mujeres, la anciana Do?a Rajel y sus dos nueras, la esposa de Reub?n y la viuda de Yaacov. La alegr?a de la uni?n familia y de la salvaci?n se mezcl? con la tristeza de la muerte de Yaacov santificando el nombre de Hashem.

Extra?do de Jabad Israel ? Traducido y adaptado por Tzivi? Kusminsky – Shavei Israel

 

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