Seminario de Shavei Israel – Descendientes de judíos que fueron forzados a convertirse en la época de la inquisición

Razi Barkai: ¿de dónde regresa?

Rami Shani: he regresado hace una semana de un seminario de anusim provenientes de España, aquellos judíos que fueron obligados a convertirse hace cientos de años, durante la inquisición y en la época de la expulsión de España. El seminario fue organizado por una organización denominada Shavei Israel, tuvo lugar en Torremolinos, ciudad vecina a Málaga, en el sur de España. Aquellos que participaron, son principalmente descendientes de Anusim de Europa y América. Allí, realizaron varias actividades, con el objetivo de ayudarlos a regresar a sus raíces. Estas personas han pasado varios eventos hasta que decidieron exponerse nuevamente al judaísmo. Hasta hace unas décadas, han mantenido el judaísmo en secreto, es decir en cuartos escondidos o en lugares en que no puedan ser descubiertos.

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El “movimiento de retorno” del oficial portugués Barros Basto ¿Quiénes son los anusim de nuestros días? (2)

LOS JUDÍOS DE MI MUNDO
(CONTINUACIÓN DEL ARTÍCULO ANTERIOR SOBRE ESTE TEMA)

OPORTO, PORTUGAL

En términos generales, solemos pensar que los anusim son una especie extinguida, que sólo se conserva en los libros de historia y los documentos polvorientos de tiempos de la Inquisición. Pero no es así; hay anusim y descendientes de anusim que viven hasta el presente en todo el mundo y que quieren volver a unir sus destinos al del pueblo judío. La visita a Oporto, una de las principales ciudades de anusim en Portugal, demuestra la existencia de los mismos y su decisión de darse a conocer públicamente.

En Covilla, una aldea cercana a Oporto, me encontré con un hombre de más de 70 años que nació y vivió toda su vida en esa pequeña localidad en la que, según los reportes oficiales, no han quedado judíos desde los tiempos de la Inquisición. Pero ese hombre llevaba en el brazo… un talit que su madre le había tejido a mano 60 años atrás para que supiera de dónde venía y a qué pueblo pertenecía. Era un talit blanco con franjas azules, que conservaba para legarlo a sus hijos. Ese hombre, Francisco Bellido, sabía recitar (con gran emoción) las plegarias Shma Israel y Modé Aní en hebreo, tal como se las había enseñado su abuelo. En su casa había una mezuzá de arcilla del siglo XVII, no en la puerta exterior, por miedo a las autoridades, sino en una puerta interna; al pasar por ella la familia solía besarla. Esta tradición había pasado de generación en generación, sin libros, ni rabinos ni instituciones de estudio de la Torá…

 

El fenómeno de la vida oculta del judaísmo de España y Portugal constituye probablemente uno de los capítulos más apasionantes de la historia judía, y sus testimonios siguen siendo vigentes hasta el presente. A pesar de las numerosas dificultades, los descendientes de anusim lograron preservarse y preservar los lazos con sus raíces judías y la sensación de pertenencia al pueblo judío durante más de 600 años.

Como se sabe, los anusim son judíos que en tiempos de la Inquisición fueron forzados a convertirse al cristianismo, pero que siguieron cumpliendo los preceptos judaicos en secreto.

Los anusim se caracterizan por diversos nombres y diferentes historias. El concepto conocido en España y Portugal era el de “marranos” (un apodo despectivo que compara a los anusim con cerdos). También estaba muy difundido el término de “criptojudíos”, cristianos judíos o conversos, es decir, judíos que habían cambiado de religión. En otros lugares los llamaban “cristianos nuevos” para señalar su reciente incorporación al cristianismo. En Palma de Mallorca (una isla al sur de España) los llaman “chuetas”. Hoy en día, los descendientes de los marranos, chuetas o cristianos nuevos prefieren definirse como “anusim” o descendientes de anusim. El denominador común a todos estos nombres es el hecho de que todos fueron forzados a abandonar el judaísmo y obligados a aceptar la fe cristiana contra su voluntad, a pesar de que en sus corazones y en sus hogares seguían manteniendo la fe y la tradición judía a diferentes niveles.

Cabe suponer que no todos saben que las leyes de la Inquisición y sus iniquidades subsistieron hasta el siglo XIX. Las leyes de la Inquisición se revocaron formal y definitivamente en España sólo en 1834; de hecho, en algunos países de América del Sur y en Angola las persecuciones prosiguieron hasta fines del siglo XIX.

Han pasado más de 600 años desde la aparición del fenómeno de una vida judía oculta en la Península Ibérica, y menos de 200 años desde la revocación de las leyes de la Inquisición en España, Portugal y el continente americano. A pesar de eso, las huellas de los descendientes de anusim no sólo que no desaparecieron de la historia, sino que siguieron existiendo activamente hasta el presente.

Hoy en día se conoce con certeza la existencia de grupos de anusim y descendientes de anusim en diferentes lugares: algunos siguen viviendo en España y Portugal y se consideran descendientes de judíos de tiempos de la Inquisición; otros siguieron manteniendo su fe y su identidad en los países de dispersión de los anusim que huyeron de la conversión forzada, como Brasil, México, Nueva México en los Estados Unidos y varios países en América del Sur.

A diferencia de la situación en Portugal, en España no se sabe de comunidades enteras que hayan mantenido costumbres judías, preservado su identidad y contraído matrimonios endogámicos. En general, el judaísmo se mantuvo a nivel individual, fundamentalmente en zonas rurales en las cuales las características sociales les permitían preservar su identidad.

A diferencia de lo que sucedió en España, los judíos de Portugal no fueron expulsados y algunos lograron huir de la conversión forzada. A pesar de que la reina Isabel pidió al rey Manuel como dote antes de su boda que los judíos fueran expulsados de Portugal tal como lo habían sido de España, el rey Manuel optó por una vía más “creativa” para dejar a los judíos en su país, exigiéndoles la conversión forzosa. En tiempos de la Inquisición había en Portugal unos 280.000 judíos, que constituían cerca de un 25% del total de la población local. Por esta razón, en el presente se suele suponer que entre un 30% y un 50% de la población de Portugal desciende de judíos o, al menos, que por sus venas corre sangre judía.

Estos descendientes de anusim afirman provenir de la maravillosa generación de anusim que mantuvieron su judaísmo en secreto y que transmitieron de generación en generación la tradición de su condición judía, generalmente por vía oral. En casi todos los relatos, la información sobre la condición judía se entregaba antes del fallecimiento del abuelo o la abuela, que querían legar su secreto a las generaciones venideras. La identidad de los anusim se mantenía siempre oculta, sin difundirla ni ponerla en conocimiento de otras personas. El secreto de los anusim puede ser descripto como una especie de red de espionaje subterránea que se preservó oculta durante más de 600 años. La difícil realidad que forzaba a los anusim a ocultar su fe y su identidad judía dificultó no sólo el cumplimiento de los preceptos sino también su estudio y transmisión a las generaciones venideras. Se puede entender por qué la vida secreta de los judíos revistió diversas formas y aspectos, y costumbres diferentes, sólo si se toma en cuenta el hecho de que este fenómeno existió durante varios siglos en muchas regiones apartadas entre sí.

Por supuesto, la historia de los anusim no es un bloque uniforme. Hay diferentes grupos y muchas divisiones entre ellos, y no todos son descendientes biológicos de los anusim de España y Portugal; pero la mayor parte puede ser considerada como sus descendientes espirituales, teniendo en cuenta las proyecciones halájicas aplicables a cada grupo.

Hoy en día existen anusim concretos, que han vivido hasta ahora como judíos ocultos, preservando la fe en un solo D-os, cumpliendo los preceptos en secreto y contrayendo matrimonios endogámicos durante más de 600 años. Ellos saben que son judíos y que su identidad judía se preservó a pesar de que durante siglos pensaron que todo el pueblo judío había sido aniquilado y que ellos eran sus últimos remanentes sobre la faz de la tierra. Hay anusim según la Halajá, cuyas familias conservaron la continuidad biológica, pero no la identidad judía: mantenían algunas costumbres y se casaban entre sí, pero no sabían explicar por qué lo hacían… Los viernes encendían velas en secreto y contraían matrimonios endogámicos, pero no lo veían como un acto religioso o judío. Por otra parte, hay anusim con identidad judía que saben que descienden desde hace siglos de una familia judía, que probablemente no conservaron la continuidad biológica y se casaron con no judíos, pero que se sienten descendientes de anusim y orgullosos de sus raíces judías, y quieren reavivarlas. (Con respecto a esta clase de anusim, Abrabanel escribió que “los consideramos no judíos”; en su opinión “habrán de retornar al judaísmo; D’os no ha desesperado de ellos y con su inmensa misericordia los hará retornar a su Torá”; Parashat Nitzavim). Hay algunos anusim que descienden de madre judía, y otros de padre judío, pero que se sienten judíos en todo sentido (como los judíos de Rusia, país que determina la religión de una persona según la de su padre). Lamentablemente, también hay cristianos evangelistas y mesiánicos que tratan de infiltrarse en el pueblo judío diciendo que descienden de anusim.

El movimiento de retorno del oficial portugués-judío Barros Basto

Todos los movimientos espirituales necesitan líderes, pero hay pocos líderes tan legendarios como Arturo Carlos de Barros Basto, un oficial del ejército portugués que prestó servicios a su patria durante la Primera Guerra Mundial. Barros Basto nació en el seno de una familia católica en 1886, y murió en 1959. Su abuelo le reveló los orígenes judíos de la familia y desde ese momento empezó el rápido proceso del joven oficial en busca de sus raíces. La leyenda refiere que uno de los acontecimientos que despertaron su retorno al judaísmo tuvo lugar un viernes por la noche, cuando vio a un oficial francés que encendía velas en su tienda de campaña. Cuando le preguntó por qué lo hacía, éste le respondió que se trataba de “un precepto sabático judío”. Barros Basto estaba habituado a ver que en la casa de su abuelo se encendían velas todos los viernes por la noche, y eso le hizo entender el significado de esa costumbre y su relación con el judaísmo.

La primera estación de su travesía fue la comunidad judía de Lisboa, pero cuando se dirigió al rabino de la misma no obtuvo la respuesta que buscaba. La pequeña comunidad, que había llegado de Marruecos, Gibraltar y Europa, seguía temiendo a la Iglesia y las posibles consecuencias del retorno de los anusim de la iglesia católica a la sinagoga judía. Pero Barros Basto no temió ni cejó en su empeño; viajó a Marruecos (Tánger) para presentarse ante un tribunal rabínico y pedir el retorno a la senda de sus antepasados. Después de su conversión contrajo matrimonio con una mujer de la familia judía de Azancot. Barros Basto se convirtió en Abraham Ben-Harosh, y así firmaba todos los documentos y artículos sobre judaísmo que escribió.

El legendario oficial estudió en una academia militar y se convirtió en un estratega importante y conocido, pero no pudo asistir a una academia rabínica. En consecuencia, se convirtió en un autodidacta que aprendió hebreo, Biblia, filosofía, historia y Halajá.

Barros Basto realizó un incomparable proceso: trató de cambiar la historia espiritual de los anusim de Portugal y de restituirlos a su condición anterior. En 1920 intentó hacer retroceder la historia a la situación anterior a 1391, más de 500 años atrás, y definió su quehacer como un “acto de salvación”.

Barros Basto examinó la situación como un estratega y comprendió el potencial oculto en la zona de Oporto, al noreste de Portugal, región conocida por la presencia de anusim. Debido a que en la época de las persecuciones no era posible huir del país, optaron por vivir en zonas rurales en las que podrían mantenerse lejos de la vista de la Inquisición. En esa región, a dos horas de viaje de Oporto, se encuentra la conocida aldea de Belmonte, en la que se preservó en secreto una comunidad entera de anusim (los habitantes de esta aldea pasaron el retorno al judaísmo ante un tribunal enviado por el entonces Gran Rabino de Israel, el Rabino Mordejai Eliahu Shelita).

He tenido el honor de ver con mis propios ojos la Biblia personal de Barros Basto. Además de los comentarios que escribió en el libro, anotó en la contratapa los nombres de las personas a las que circuncidó junto con un médico-mohel que lo acompañaba en sus visitas a las aldeas de los alrededores.

Uno de sus últimos discípulos, el Sr. Ferreira, relató cómo el oficial portugués vestía el uniforme militar, montaba orgulloso a caballo y cabalgaba de aldea en aldea para visitar a los anusim, transmitirles la buena nueva del “movimiento de retorno” que había emprendido y circuncidarlos como primera acción de retorno al judaísmo. Todo quedaba registrado en la contratapa de su histórica Biblia. Por supuesto, sus visitas a las aldeas de los anusim despertaron sospechas y temores, pues hasta entonces la mayor parte de los anusim preservaban su judaísmo y su identidad en secreto, por miedo a dar a conocer su fe. Barros Basto debió afrontar en mayor medida el miedo social a descubrir la nueva identidad que el temor a la circuncisión.

Pero no sólo las visitas a las aldeas y las circuncisiones formaban parte del plan global de Barros Basto para los anusim de Portugal. El mismo, resolvió fundar una sinagoga central con el objetivo de que la misma funcione como base espiritual y religiosa para todos los anusim de la región. Con el apoyo de la famosa familia Kadoori de Hong Kong construyó una sinagoga de grandes dimensiones que fue solemnemente inaugurada en 1938. En el mismo edificio de la sinagoga Mekor Haim construyó una mikve y aulas de estudio para la academia rabínica Rosh Pina que había fundado, en la que a lo largo del tiempo estudiaron decenas de alumnos. El edificio de la sinagoga se convirtió en el centro de actividades de los anusim de esa región. Asimsimo, Barros Basto publicó un periódico llamado Lapid y decenas de folletos sobre diversos temas judaicos, todo de su puño y letra y con gran dedicación. Su plan de retorno de los anusim al seno del judaísmo despertó grandes resonancias internacionales y muchas organizaciones judías del mundo entero le ofrecieron apoyo.

Sin embargo, tal como sucede en muchas ocasiones, el gran éxito llevó al fracaso. La iglesia católica local comprendió que las acciones de Barros Basto no eran algo efímero sino que generaban un cambio significativo en miles de habitantes de la zona que respondían a la convocatoria del oficial, y por ende decidió actuar: se ocupó de que el exitoso oficial que había luchado por su patria (pero también por los anusim) fuera inculpado y juzgado por el ejército por acoso sexual de jóvenes y por homosexualidad. A pesar de que fue absuelto en varios juicios, el comité de disciplina lo condenó en 1943 por inconducta y lo expulsó del ejército portugués. Esta acusación falsa y premeditada dio origen al apodo del “Dreyfus portugués” (lamentablemente, a pesar de que Barros Basto se sacrificó por los judíos y el judaísmo, su nombre no es suficientemente conocido en el mundo judío).

Por supuesto, ese juicio lo llevó a una crisis y depresión, debió ocuparse de sus asuntos personales y no pudo seguir desarrollando la revolución de los anusim. Asimismo, éstos temieron las amenazas de la Iglesia y el Ejército, se apartaron de la senda de retorno al judaísmo y volvieron a ocultarse en las aldeas y a practicar la fe católica.

Los anusim vuelven a despertar

Barros Basto murió hace 46 años, pero su visión continúa viva. Los anusim de Portugal en general, y de Oporto en particular, siguen vivendo a su sombra y quieren retornar al judaísmo. Muchos de ellos asisten todos los sábados a la sinagoga construida 70 años atrás, rezan en ella todos los lunes y jueves a las 6 de la mañana y acuden a ella para pasar allí todo el sábado, comen y duermen en las aulas de la academia rabínica para no viajar en shabat y para rezar entre esas paredes históricas. El Rabino Shai Eliezer Demartino (egresado del Instituto Straus-Amiel y emisario de Shavei Israel) ejerce allí sus funciones y enseña Torá y judaísmo a quienes desean retornar a la fe de sus ancestros. Hace poco tiempo se introdujo un Libro de la Torá y se inauguró una mikve en Oporto. El movimiento de retorno de los anusim de Portugal parece estar despertando nuevamente.

Uno de los anusim que retornó recientemente al judaísmo es el Prof. José Filipe Ferrão. Sus apellidos brindan testimonio de su condición de descendiente de anusim del lugar, pero más aún lo demuestran su identidad y sus esfuerzos por preservar su judaísmo. Durante más de 20 años soñó con retornar a la religión de sus antepasados. Para Filipe, decano de Psicología en la prestigiosa universidad local, el retorno al judaísmo no es “algo secundario en mi vida, sino mi columna vertebral”.

La Sra. Isabel, nieta de Barros Basto, creó recientemente un museo pequeño, pero impresionante, con su historia, fotos y objetos personales, para perpetuar su memoria y por sentir que, hoy en día, el pregón de su abuelo vuelve a ser relevante para los descendientes de anusim en Portugal.

La historia parece repetirse… Lo que los reyes Fernando e Isabel trataron de hacer en España en el siglo XV – borrar todo rastro de los judíos y el judaísmo a través de la expulsión y la conversión forzada en España y Portugal– vuelve a despertar… Un número considerable de descendientes de estas víctimas resurge de la historia y quiere fortalecer al pueblo judío, enmendar aquel capítulo amargo de la Inquisición y de Barros Basto… Cabe suponer que los reyes de España y Portugal se revolverían en sus tumbas ante esta noticia…

Los descendientes de anusim están recuperando a nivel individual y comunitario la conciencia del vínculo de pertenencia con sus antepasados. Miles de anusim se encuentran actualmente en proceso de búsqueda espiritual y nacional, a fin de retornar a sus raíces judías. Miles estudian judaísmo en seminarios y clases, participan en la vida comunitaria y en debates y estudios en sitios en Internet creados para ellos.

La opinión de los eruditos de nuestros tiempos sobre los anusim

El tema de los anusim y sus descendientes no ha sido examinado a fondo por los estudiosos rabínicos de nuestro tiempo. No abundan las respuestas y los dictámenes que se refieren a ellos y que tratan de proponer una forma de hacerlos retornar al seno de nuestro pueblo en estos tiempos. Cabe suponer que la razón principal de ello es que los anusim siguen replegados sobre sí mismos, como desde hace siglos. Sólo después del cambio de gobierno en España (la muerte de Franco) y Portugal (el fin de la dictadura y el comienzo de la democracia en 1975), los descendientes de anusim se sintieron libres para exponer sus sentimientos y pedidos.

Por supuesto, en las generaciones posteriores a la expulsión de España y Portugal (en los siglos XV, XVI y XVII) hubo muchos estudiosos que examinaron la condición de quienes se habían visto forzados a aceptar el cristianismo y bautizarse, pero habían conservado en sus corazones la fe judía. Desde entonces y hasta el presente, el tema de los anusim siguió existiendo no sólo en lo más profundo de los corazones de sus descendientes sino también en secreto en el mundo rabínico. A partir del siglo XVIII, el tema desapareció casi por completo de la orden del día judía y nacional.

Pero los anusim y su situación volvieron a ser objeto de análisis en Elul de 5689, en el Consejo de los Grandes Sabios de la Torá en tiempos de la Segunda Gran Asamblea; todos acordaron sobre la necesidad de acercarlos al pueblo judío. El Rabino Zirelson señaló en su libro de responsa y homilías Maarajei Lev: “Recibir a nuestros hermanos alejados, los anusim de España y Portugal, con los brazos abiertos para hacerlos retornar bajo las alas de la Presencia de D’os”. El Rabino Guedalia Felder escribió en su libro Najalat Zvi: “De lo antedicho se debe entender que el judaísmo no odia a los anusim, sino que los ha considerado ajenos a los demás pueblos, y a quienes quieren retornar se les dice: ‘Hermanos alejados, vuelvan al seno de su pueblo; sepan que la gente dice que un mirto que se encuentra entre las espinas se llama mirto, ése es su nombre’ [una persona no cambia su naturaleza aunque no se encuentre en su lugar]“.

También el Rabino Yehuda Halevi Ushpizai z”l, rabino y titular del Tribunal Rabínico de Ramat Gan, escribió: “Ahora creemos que D’os ha recordado a su pueblo y su tierra, y que hemos tenido el privilegio de despertar del exilio, tal como lo prometiera el profeta Ezequiel: ‘Pero vosotros, montes de Israel, echaréis vuestras ramas y produciréis vuestro fruto para mi pueblo Israel; porque pronto vendrán’… Debemos despertar a los anusim de España y decirles que el D’os de Israel los llama, que retornen al pueblo judío… En su libro sobre la Torá eterna, Don Isaac Abrabanel los ha perpetuado y ha prometido que los anusim de España volverán al judaísmo”.

El Rabino Haim David Halevi z”l escribió: “A partir de ahora, una de las maravillas de la futura redención milagrosa del pueblo judío será el retorno de los hijos perdidos y extraviados al seno del judaísmo. Y si también los descendientes de los anusim de España y América quieren retornar al judaísmo, veremos en ello parte del ‘inicio de la redención’…”

El Rabino Mordejai Eliahu Shelita escribió: “Puesto que ha pasado mucho tiempo desde la época de los anusim hasta el presente, y existe el temor de que se hayan mezclado con no judíos, ‘debemos atraerlos con benevolencia’, es decir, se los debe elogiar porque quieren cumplir abiertamente con los preceptos de la Torá”… También el Primado de Sion, el Rabino Shlomo Moshe Amar Shelita anunció la creación de una comisión que examine la pertenenia de los anusim al pueblo judío y la forma adecuada de hacerlos retornar.

Rab Eliahu Birnbaum
25/02/2008

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El “movimiento de retorno” del oficial portugués Barros Basto ¿Quiénes son los anusim de nuestros días? (1)

LOS JUDÍOS DE MI MUNDO

¿En qué lugar del Nuevo Mundo se construyó la primera sinagoga, después del descubrimiento de América?

Cuando oímos hablar de Brasil pensamos en el fútbol, el carnaval, las playas y la música, pero olvidamos que fue también la puerta de acceso de judíos al Nuevo Mundo. La primera sinagoga en suelo americano se construyó en la ciudad de Recife, Brasil, en 1636.

Los inicios de la población judía en Recife

Los judíos empezaron a establecerse en Recife a partir de 1500. En esos tiempos la ciudad era la capital del estado de Pernambuco, en la colonia portuguesa de Brasil. Los primeros judíos eran anusim que habían sido enviados allí junto con presos y delincuentes para desarrollar la nueva colonia portuguesa en Recife. Los judíos, que veían en ello una oportunidad económica y una forma de alejarse un poco de la Inquisición, lo aceptaron de buena gana y, ciertamente, en poco tiempo desarrollaron la región y la convirtieron en un centro próspero de cultivo de caña de azúcar. Efectivamente, los judíos lograron desarrollar diversas ramas de la economía en el norte de Brasil, como la exportación de azúcar, el dinero y la Bolsa, y la provisión de esclavos de África, y se convirtieron en una fuerza económica y comercial sumamente importante.

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La puerta del retorno

El próximo mes de mayo se cumplirán tres años del primer seminario que Shavei –entonces Amishav- celebró en Barcelona. Un encuentro gozoso entre chuetas, anusim, y una organización dedicada a promover el retorno de los hijos perdidos de Israel que, por escribirlo claramente, cambió mi vida.

Siempre he recordado aquellos días catalanes como unos de los más felices de mi existencia. Lo que me estaba ocurriendo me parecía imposible: por primera vez mi solitario peregrinaje en busca de mis remotas raíces judías era origen de atención y no sólo de curiosidad.

Pocos meses antes de nuestro primer encuentro en este mismo escenario que hoy nos congrega, un amigo anusim de Palma de Mallorca –Pedro Salvador, que ahora se llama Shimón y reside en Jerusalem- me había llamado por teléfono.

Al igual que muchas otras veces, me comunicaba que había llegado alguien desde Israel interesado en el tema de los chuetas. Por aquellos días andaba yo un poco cansado de ser el inevitable anfitrión de todos los que, movidos por la curiosidad histórica, científica o cultural, aterrizaban en Mallorca para observar de cerca la rareza de unos descendientes de judíos conversos que, a lo largo de los tiempos y a través de una endogamia que se había prolongado hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, habíamos conservado las peculiaridades físicas, antropológicas e incluso sociales, de unos antepasados que nunca renunciaron del todo a su fe judía y que fueron condenados por la Inquisición.

Una minoría que, vejada y marginada durante generaciones, había luchado por sobrevivir en un mundo hostil, que nos recordaba continuamente nuestra condición de deicidas. Hasta entonces, eran incontables los curiosos –periodistas, estudiosos, rabinos, e incluso genetistas- que habían buscado un contacto a la búsqueda del eslabón perdido del judaísmo mallorquín.

Y dado que los chuetas que estábamos dispuestos a testimoniar públicamente nuestra identidad éramos ultra-minoritarios, siempre veníamos a ser los mismos los convocados. En aquel momento, lo repito, empezaba a sentirme un poco cansado de este juego.

Aquella vez, sin embargo, todo iba a ser muy diferente. Para mi sorpresa me encontré ante un rabino y un periodista –ex alto cargo del gabinete de Benjamín Netanyahu- que, en una cafetería del centro de Palma, me ofrecieron participar en un proyecto de recuperación de la perdida identidad judía de los chuetas.

Todo eso y mucho más lo cuento de manera pormenorizada en la cuarta parte de un libro que aparecerá en Palma dentro de pocas semanas. El libro –originalmente escrito en catalán, que es mi lengua- se titula “Raíces chuetas, alas judías” y consta de cuatro partes perfectamente diferenciadas, amén de una introducción y un epílogo. La primera parte, muy extensa, se titula “Historia de una endogamia” y recoge mis recuerdos personales y familiares, remontándose a la más lejana memoria, la de mis abuelos.

Se trata, al decir de los pocos que lo han leído, entre ellos mi mujer, aquí presente, de un estremecedor relato literario, el apasionante retrato de una saga familiar de descendientes de judíos conversos, que bien pudiera haber dado lugar a una novela. No hay ficción, sin embargo, en aquellas páginas, como muy bien reflejarán las antañonas fotografías que las acompañan. Hay nostalgia, recuerdo y homenaje a unos chuetas que, quizá sin saberlo, me transmitieron algo más que la vida: mi alma y mi pasión judías.

La segunda parte del libro lleva el título de “Extramuros” porque relata la salida al mundo exterior de un chueta que, hasta prácticamente su mayoría de edad, había vivido bajo el amparo y la protección del clan familiar.

En la tercera parte, titulada “Del estigma a la militancia”, se recoge la larga y dolorosa experiencia que viví desde la asunción de mi condición de descendiente de judíos conversos hasta llegar a un compromiso público –y a menudo publicado- de convertir el estigma en un signo de identidad.

Es, quizá, la parte más dura del libro porque, no queriendo ni siquiera ocultar mis propios errores y miserias, cada persona y cada momento queda reflejado – y documentado- con la fuerza aplastante de las hemerotecas.

Pero  en este quizá para mi, postrer seminario, lo que quizá pueda interesar de mi libro es su cuarta parte, la que titulé “Morfología alada”. El título se basa en una historia que el último día de nuestra estancia en Israel nos contó Renana, la esposa del rabino Birbaum, en su casa de Efrat, donde un día David pastoreó sus rebaños. El propio  rabino se acordará, ya que estaba ahí en aquella memorable noche.

A continuación traduzco al castellano unos párrafos de la introducción de mi libro porque creo que reflejan perfectamente lo que aquella noche significó para mí y supongo que para muchos otros.

“La velada tenía un regusto agridulce, como de despedida anticipada. El rabino, al que había conocido en los inicios de la primavera de 2003 y con el cual, desde entonces, he mantenido una relación estrecha y profunda, no había formado parte del grupo de personas que habían ejercido el papel de guías y maestros en el curso de nuestro periplo israelí.

Los trabajos de Birbaum al servicio de la causa de los descendientes de judíos esparcidos por todo el mundo lo habían retenido en la India. Sus colaboradores nos habían advertido que, antes de nuestra partida, tendríamos ocasión de compartir unas horas con el rabino –alguno de los expedicionarios ni siquiera le conocía- puesto que, en compensación por su forzada ausencia, Birbaum y su familia nos acogerían en su hogar”.

“La familia, tan importante para los chuetas –al menos para los de mi generación- lo es todavía más para los judíos observantes de su religión. Aquella noche, quizá en base a su estrategia de relación con chuetas y anusim, Birbaum quiso que sus huéspedes tuviéramos especial conciencia de ese hecho.

Renana, su esposa, y sus dos hijas, se esforzaron en el papel de anfitrionas, implicándose de manera muy especial en todo lo que ocurrió entre aquellas paredes. La buena cocina –alguno de mis compañeros de viaje habían llegado a pensar que ese concepto era ajeno a la vida en Israel- nos fue ofrecida graciosamente como una parte inseparable de la hospitalidad de la que éramos objeto.

Antes de cenar, sin embargo, nos agruparon en el saloncito de la casa, decorado con valiosos y bellos objetos relacionados con el judaísmo. Había libros –algunos aparentemente muy valiosos- por todas partes. La gente se sentó formando un círculo- Estaba previsto que todos los asistentes, uno a uno, diésemos pública explicación de cuanto habíamos sentido y vivido en el curso de aquellos días inolvidables.

La rueda de intervenciones fue rica en emociones y sentimientos y algunos hubo que prácticamente no pudieron hablar, atenazados por la emoción, que resultó mucho más elocuente que sus propias palabras. Pese a ello, al menos por lo que a mi respecta, el impacto más fuerte de aquella noche fue el que me provocó la intervención de la esposa de Birbaum”.

“La rabanit…quizá no tenga palabras para describir aquella mujer, y sobre todo, para explicar el cúmulo de sentimientos que sus palabras me provocaron. Renana es alta y elegante, con una apostura señorial que más cabría imaginar en un escenario parisino que en un pueblecito cercano al agreste desierto de Judea.

No he vuelto a verla desde entonces, pero recuerdo unos ojos profundos, de una serenidad lacustre y, por encima de todo, su manera de hablar, en un español correctísimo de inconfundible acento francés. Más allá del mensaje que nos transmitieron sus palabras, me impresionaba su dicción, aquella manera de subrayar una expresión para dotarla de mayor contenido, aquellas inflexiones de voz ligeramente rotas, con las que humedecía de emoción los conceptos que quería transmitirnos.

No fui el único que quedó electrizado por las palabras de la rabanit. Todos la escuchábamos como si tuviésemos la certeza de que cuando aquella mujer callase el mundo se hundiría a nuestro alrededor. La historia que nos contó forma parte quizá de la épica de los pioneros que llegaron a Palestina desde el Este de Europa durante el último tercio del siglo XIX.

A lo mejor no se trata siquiera de una historia real, pero aquella parábola iluminó de pronto las tinieblas del peregrinaje –incierto camino de Retorno a una identidad, a una tierra o a un Dios, según los casos- de los descendientes de judíos conversos, que si somos mallorquines llevamos el nombre de chuetas. Detrás de la serenidad de aquellos ojos y aquellas palabras sentí brotar el  manantial de mis ancestros, que murmuraba canciones de aguas profundas, pero quizá ya no inalcanzables.

– ‘Aquel muchacho –contó la rabanit- había llegado a Eretz Israel hacia pocos días y pronto lo llevaron a la escuela. Allí un profesor le habló en hebreo, una lengua que el chico había utilizado desde siempre para rezar, pero con la que no era capaz de expresarse con fluidez. El profesor pidió a sus alumnos que, de manera parecida a lo que habéis hecho vosotros esta noche, explicaran en voz alta lo que querían ser en la nueva vida que iniciaban, y porque querían serlo. En principio el muchacho se sintió molesto, e incluso pensó que no participaría en aquella especie de juego.

Lo habían llevado a una escuelita sin explicarle el sentido de aquel traslado. Y ahora le pedían que revelase sus sentimientos más profundos, que los sacase a la luz en una ceremonia casi impúdica. Sin embargo, a medida que sus compañeros iban hablando, el recién llegado tomó una decisión. Hablaría claro, sería fiel a lo que sentía y pensaba desde el fondo de su corazón. Llegado su turno se levantó. Las palabras le surgieron decididas, como si viniesen de un lugar muy lejano, profundo y escondido’.

– En Eretz Israel quiero ser un árbol, pero también un águila.

-¿Ah si? Y ¿por qué?

– Quiero ser un árbol porque los árboles tienen raíces que permanecen firmemente sujetas a la tierra. Y si ésta es la Tierra Prometida yo quiero estar enraizado en ella, como los árboles que he dejado atrás, en el lugar del que vengo.

– Pero… ¿y el águila?

-También quiero ser un águila porque ellas vuelan por encima del bosque y pueden ver todo el paisaje, no solamente el entorno oscuro y limitado de los árboles. Quiero volar más allá del bosque para fijar mi vista en el horizonte, para tener una visión de conjunto de cuanto me rodea y así no olvidar nunca que soy un árbol que un día fue trasplantado a esta tierra’.

“La rabanit hizo una pausa mientras apartaba una tenue cortina de cabellos que le caían por la frente. Nos miró a todos los que llenábamos el salón de su casa. Fue un breve momento, pero aquella mirada – detrás de la que yo creí adivinar el brillo casi imperceptible de una lágrima- parecía dirigida personalmente a cada uno de los que la escuchábamos en medio de un silencio reverencial”.

-‘Mirad: está noche, a través de vuestras palabras y también de vuestra actitud, he podido comprender que sois unos árboles con unas raíces muy profundas. Este hecho es, evidentemente, indiscutible. Lo que en esa noche, en el fin de vuestro viaje a Israel, podemos hacer por vosotros, si así lo deseáis, es daros unas alas’.

“Aquella mujer empleó una parábola perfecta para iluminar el largo camino que, siempre a tientas, me había conducido desde mi lejana infancia, aquellos primeros días en los que pude escuchar por primera vez la palabra “chueta”, hasta mi segundo viaje a Israel, un periplo ya totalmente judío, sin la menor concesión a la “Tierra Santa” de los cristianos.

Un camino que había recorrido prácticamente solo, sin saber muy bien adonde me llevaba. Era la primera evidencia –antes solo había tenido percepciones, vagas ilusiones agrietadas por el mordisco de tantas madrugadas de hielo- de que, al final de mi incierta trayectoria podía encontrar un anclaje, un noray en el que amarrar mi barco para siempre.

Pese a la incertidumbre me sentí un privilegiado. No había renunciado, como tantos otros, a la travesía. No me había conformado nunca con las explicaciones ajustadas a la conveniencia de cada momento. Tozudo, había querido seguir adelante, seguro de que, al menos yo, no era una rama muerta, sino un brote vivificado, preparado para florecer de nuevo. Miré a mí alrededor.

Éramos unos treinta y sólo había tres chuetas entre nosotros. Decenas de miles de personas como yo habían quedado atrás, muchos ni tan siquiera iniciaron nunca aquel camino, otros quedaron en la cuneta, cansados de avanzar sin rumbo, aplastados por la densidad de las tinieblas. Pero nosotros divisábamos un poco de luz más allá de la oscuridad. Aquella noche, a un tiro de piedra de Jerusalem y Betlehem, inauguraba una nueva etapa. Ahora, por fin, le crecían alas a mis raíces”.

Miquel Segura
31/03/2006

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Se abre el primer centro para Anusim en Brasil

Por primera vez, un centro educativo judío ha abierto sus puertas en Brasil con el objetivo de llegar a un gran número de Bnei Anusim que viven en el área

Bnei Anusim son los descendientes de los judíos que fueron forzados a convertirse al catolicismo durante la Inquisición que comenzó en el siglo XV.

“Beit Aryeh – el Centro para Bnei Anusim de Shavei Israel” se encuentra al norte de Brasil en la ciudad de Recife. Fue fundado por la iniciativa de la Organización Shavei Israel cuya principal sede se encuentra en Jerusalem, la cual trabaja para alcanzar y asistir a los “judíos perdidos” que desean retornar al Pueblo Judío.

El centro se encuentra bajo la dirección del rabino Abraham Amitai, quien fue enviado el año pasado como representante oficial de Shavei Israel a Recife, donde también ejerce como rabino de la comunidad judía local. Graduado de un seminario rabínico israelí, el rabino Amitai habla perfectamente hebreo, inglés y portugués.

“El centro servirá como un punto central para los Bnei Anusim aquí en el norte de Brasil”, dijó el rabino Amitai, señalando que “hay un gran número de personas en esta parte del país cuyas familias son descendientes de judíos y que desean retornar a sus raíces.”

“Ya hemos comenzado a dictar clases”, dijo, “para aquellos interesados en estudiar sobre su legado judío y que desean reconectarse con el Pueblo Judío.” Los temas que se dictan en el centro incluyen idioma hebreo, historia judía y tradición, así como práctica y pensamiento judío.

“Los historiadores creen que el noreste de Brasil es el hogar de una de las más grandes concentraciones de Bnei Anusim del mundo”, dice el Presidente de Shavei Israel, Michael Freund. “Los cripto judíos portugueses llegaron a Recife ya en el siglo XVI, y se decía que había unas 10 sinagogas secretas que operaban en el área.”

En 1590 la inquisición comenzó a operar en Recife, y muchos “judíos secretos” fueron devueltos a Lisboa, Portugal donde fueron quemados en el estrado a causa de sus creencias, dice Freund. “Sin embargo, muchos otros consiguieron preservar su identidad judía, trasmitiéndola secretamente por generaciones hasta nuestros días, y es nuestra obligación llegar a ellos y ayudarlos a retornar.”

El centro se llama “Beit Aryeh” en nombre de padre del tatarabuelo de Freund, R.Aryeh Chaim Kottler z¨l “quien se vio forzado a dejar su hogar en Rusia junto con su familia para escapar de las persecuciones anti-semitas, de modo similar como los ancestros de los Bnei Anusim tuvieron que abandonar España y Portugal para escapar a sus tormentos”.

Además de Brasil, Shavei Israel cuenta actualmente con representantes en España y Portugal que trabajan para facilitar el retorno de los Bnei Anusim al Pueblo Judío. Además, esta organización también opera el Majón Miriam, un instituto de conversión en español ubicado en Jerusalem el cual funciona bajo el auspicio del Gran Rabinato de Israel y en donde muchos Bnei Anusim completan formalmente su proceso de retorno al judaísmo.

Baruj Gordon 30/11/2005

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