HAY VIDA JUDÍA EN MALLORCA

Inauguración de la placa memorial, en honor a los 37 descendientes de Judíos Chuetas, ejecutados por la Inquisición en 1691.

Por  Miquel Segura Aguiló

Con el corazón ya más sosegado y las emociones mejor controladas, es mi turno de comentar el gran acto que tuvo lugar el pasado domingo en la plaza Gomila de Ciutat de Mallorca. ¿Qué puedo decir? 30 años luchando por una mínima reparación y el día en que Hashem permite que ésta llegue te invaden un amasijo de sensaciones contradictorias.

Que nadie dude que tras el acontecimiento está la mano del D-os de Israel. Hay que agradecer al alcalde Antoni Noguera quien describió la muerte de los Xuetes como”un episodio de intolerancia que no puede volver a suceder”. Este homenaje es forma parte de las actividades que el ayuntamiento de Palma ha organizado con motivo de la XIX Jornada Europea de la Cultura Judía.

Y al regidor Carrió su voluntad de culminar el sueño de unos pocos mallorquines, un acto de justicia que ellos han sabido llevar a buen término. Hay que saber dar las gracias, también, a los que nos han acompañado en este camino hacia un horizonte tan incierto como lejano: Jacqueline Tobías, Manuel Quadreny, Albert Bonnín, Abraham Barchilón y tantos otros. Para ellos todo mi reconocimiento.

Sin embargo, la tarde dominical del primer domingo de septiembre fue, de manera muy especial, la de los chuetas convertidos o retornados a la fe de nuestros mayores. Lo he proclamado a los cuatro vientos del mundo: el delito de nuestros antepasados ejecutados el 5 de mayo de 1691 -y de muchos otros que lo fueron anteriormente- no fue el de ser judíos, sino el de judaizar, es decir, practicar la religión de sus mayores después de haber sido obligados a convertirse a la fe en el crucificado. La memoria xueta -inolvidable la fotografía que me sacó Pere Bota sin que yo me apercibiera- es esencialmente religiosa.

Estábamos ahí, Iska y Pinhas, Arieh Girondi -nuestro presidente- Eliezer y Aliza, Pedro, el de Andratx, Jota Eme, que algún días tendrá que tomar mi relevo, Teresa, que aguarda humildemente a que le abran la puerta de Sión. Quizá me olvido de alguno por eso de la maltrecha memoria, pero les llevo a todos en mi corazón, más un público que sumaba casi 150 personas.

Era nuestro día, el que Hashem quiso concedernos, un inicio más que un final, un rebrote de las almas judías mallorquinas. Estamos ahí para quien quiera acercarse. No hay exigencias, no habrá reproches, solo el ansia renovada de una restauración que parecía imposible. Lo dije en mi discurso: No han vencido.

Personalmente, debo manifestar mi agradecimiento a Arieh Girondi por cederme el turno de la palabra cuando era él, como presidente, el llamado a hablar. Fue un detalle que me conmovió y que no olvidaré nunca.

Y, el reverso: los estragos de la amargura de quienes se empeñan en buscar oscuras razones, que urden maltrechos reproches. Nadie tiene porque sentirse ajeno a este pequeño milagro pero las emociones, como el miedo son libres.

Pronto llegará la gran fiesta de Rosh Hassanná que nos conducirá por el camino de la expiación hacia Yom Kipur. Es un camino libre y abierto, por el que no cabe discurrir con desgana. Hay vida judía en Mallorca, esa es la gran noticia. Que el D-os de Abraham, de Yitzack y de Yaacov os bendiga a todos. [Fotos de Miquel Segura]