Historia de los Anusim

Migraciones y establecimiento del pueblo judío expulsado de España.

Los bnei anusim (hijos de los forzados) fueron conocidos como cristianos nuevos, luego criptojudíos y quizás paralelamente –desde siempre– marranos. Según la Real Academia de la Lengua  “marrano” proviene del árabe mujarrám (mujarrano > murrano > marrano; que en árabe tiene la acepción de maldito o prohibido). Esta palabra árabe se convirtió, para los cristianos de la España musulmana, en sinónimo de cerdo (obviamente, debido a la exclusión de este animal en la dieta cárnica de árabes e israelitas).

Los primeros judíos secretos o escondidos (criptojudíos) vivían en la península ibérica en el siglo 14 de la era común, después de haber renunciado a su identidad cultural, nacional y espiritual… Bien haya sido por coerción o por supervivencia, públicamente tenían que profesar la fe católica romana aunque secretamente seguían practicando –en lo posible– su judaísmo.

En su mayoría, ésto sucedió después que los reyes católicos finalizaron la “reconquista” de la península, anexando a Castilla todos los territorios islámicos. En este sentido, hay que recordar que también el pueblo árabe fue expulsado de España u obligado a dejar sus costumbres y fe.

En general, después de estos trágicos episodios, cualquier persona diferente (a lo que la corona quería imponer como modelo del nuevo habitante de la península) era menospreciada, mal vista, y ya para el siglo 14 EC había surgido una ola de intolerancia contra el pueblo judío.

La conversión de israelitas a la fe cristiana pronto se convirtió en algo de dudosa efectividad, lo que resultó en varias oleadas de severa persecución contra ellos, y en las que murieron miles de personas.

La Inquisición Española fue instituida a finales del siglo 15 EC para así exponer a los nuevos cristianos con una conversión no sincera. Asimismo, posteriormente, la expulsión del pueblo judío de España en 1492 se debió en parte a las acusaciones de que los anusim estaban pecando al querer volver al judaísmo… o peor aún, de “judeizar” a otras personas.

Escena de un Séder de Pésaj en tiempos de la Inquisición. Por Moshé Maimón © 2008 Daniel Pfeffermann.

Sefarad (la España y Portugal de hoy) tenía una población israelita importante para finales del Medioevo, bajo dominio musulmán. Ello, debido a la política relativamente tolerante del Islam hacia el Pueblo “del Libro”.

Sin embargo no fue hasta después de la reconquista española de las tierras musulmanas, a manos de los reyes católicos, cuando el antijudaísmo cristiano puso al pueblo hebreo bajo presión para tomar una identidad y fe ajenas.

En el siglo 14 EC, ya habían turbas de activistas cristianos atacando personas judías en las principales ciudades de la península.

De esta maneta miles de hebreos pasaron a ser mártires de su identidad cultural y su fe. Aunque fueron muchos más los que accedieron o fueron forzados a pasar por una pila bautismal, dando origen a los conversos, nuevos cristianos, criptojudíos, marranos… todos términos para lo que hoy llamanos bnei anusim.

A partir de ese momento, comienza una larga historia de experiencias personales y familiares, conexiones, desconexiones con la esencia judía. Tradiciones mantenidas en un origen olvidado, hasta que siglos después… con la llegada de judíos desde el Norte de África y América Latina, empieza a formarse de nuevo una comunidad judía en la península, desde donde sus antepasados habían sido asesinados, expulsados o forzados a vivir otra vida.

Ya con una comunidad visible y personas de referencia, empiezan a aflorar historias de la niñez, recuerdos de los abuelos y bisabuelos, o sencillamente, las almas se ven reconectadas inexplicablemente con personas hasta este momento desconocidas. Se despierta la curiosidad, personas se ven identificadas con otras, o revelan secretos familiares sobre el hasta ahora oculto origen judío de la familia. También ocurre lo mismo a través del acceso a internet, historias similares, o lecturas en páginas web de contenido judío.

Hay necesidad de saber más. Y ahí es donde entra Beit Haanusim, como una herramienta y punto de encuentro, que facilite el acceso a las comunidades judías, al estudio sistemático sobre la identidad perdida, y servir así de ayuda a todas loa que sienten la necesidad de profundizar sobre los más de 500 años que han pasado desde la Inquisisión y la expulsión… y así reconectar el presente, con el momento anterior a este trágico evento que dividió a un pueblo y marcó una historia.