Parashá Vaieshev

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Extraído del texto del Rabino Dr. Daniel Tropper en la Antología “Potjim Shavua” (Abrimos la semana), editado por Naftalí Rotemberg.

La Redención que casi fue (una oportunidad perdida)

Mi rabino y maestro, el Rabino Iosef Dov Halevi Soloveitchik Z’l, aportó un nuevo enfoque sobre el siguiente tema, que nos ayudará a explicar este paralelismo y que le otorga un significado histórico importante. Este es el resumen de lo que escuché de él:

El punto de partida para la comprensión del exilio de Israel es el Pacto entre los trozos (Gén., 15), donde Abraham fue informado sobre el exilio y la Redención esperados a sus hijos. Luego de la promesa de simiente: “No será éste el que te herede, sino que alguien que salga de tus entrañas será el que te herede” (Gén., 15:4), y la promesa sobre la tierra: “Yo soy Dios, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra como posesión” (ibidem, 7). Se fijó una condición: “Entonces Dios dijo a Abram:
– Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no será suya, y los esclavizarán y los oprimirán 400 años (ibidem, 14). Pero yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después de esto saldrán con grandes riquezas (ibidem 13 y 14).
En otras palabras, a Abraham le fue dicho que antes que su simiente herede esa tierra será exiliado en otra tierra. Pero, ¿qué simiente? ¿El hijo? ¿El nieto? ¿O el bisnieto? Y, ¿a qué tierra serán exiliados? ¿Cuándo?
Es mucho más lo que se ocultó que lo descubierto, y para revelar las respuestas no tenemos otro camino que seguir tras los hechos históricos.
El rabino Soloveitchik llega a estas conclusiones: La salida de Jacob a Jarán y su regreso a la Tierra de Israel pudo haber sido y, tal vez debió ser, el exilio y la Redención sobre los que fue informado Abraham nuestro Patriarca.
Esta es la interpretación del Midrash de Génesis 37:2 que trae Rashi: “Jacob pidió asentarse en paz”. ¿A qué paz se refiere? La paz de la venida del Mesías. La Redención se encontraba en el horizonte.
El Midrash sobre el versículo: “Aconteció en aquel tiempo que Judá dejó a sus hermanos” (Gén., 38:1) trata justamente sobre este punto. Dice el Midrash (Bereshit Rabá 85:1): “Las tribus estaban ocupadas en la venta de José, y José estaba ocupado en su duelo, Rubén estaba ocupado en su duelo, y Jacob estaba ocupado en su duelo, y Judá estaba ocupado en buscar mujer, y Dios estaba ocupado en el advenimiento del Mesías”.
Sobre esta base sugiere el Rabino Soloveitchik una original explicación, ante los versículos más crípticos de la Torá. En el final de la porción de la Torá, “Vaishlaj” (Gén., 36) cuando se describe el regreso de Jacob a la Tierra de Israel, explica la Torá las generaciones que nacieron de Esav, y cuenta a los jefes de Esav y a sus reyes. Dentro de esta descripción se encuentra el versículo “Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que hubiese rey de los hijos de Israel”.
Los exegetas encuentran dificultades en explicar este versículo, que sugiere a Saúl y a David varios cientos de años antes que nacieran. Hay quienes ven en Moisés al rey que se menciona en el versículo, ya que sobre él está dicho “y hubo un rey” (Deut. 33:5).
En cambio, la explicación que propone Rabí Soloveitchik permite discernir justamente por medio de la palabra “rey”, que aquí aparece, su amplia significación en el capítulo. En el versículo que aparece antes de la lista de los jefes de Esav, con el ingreso de Jacob a la Tierra de Israel luego del exilio, le es dicho (Gén., 35:11): También le dijo Dios: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti procederán una nación y un conjunto de naciones; reyes saldrán de tus lomos.”
¿De qué reino se está hablando? Del reinado del Mesías, pues Jacob está a punto de ingresar a la Tierra de Israel para concretar la Redención. Y es entonces que aparece la lista de los jefes de Esav, y en ella el siguiente versículo: “Estos fueron los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que hubiese rey de los hijos de Israel”. Y nuevamente ¿de qué rey se está hablando? Del Mesías, que está a punto de aparecer a redimir el mundo.
De aquí se desprende que la estadía en Jarán debía ser la realización de la profecía con respecto a “una tierra que no será suya”. El trabajo en lo de Laván correspondería al versículo “y los esclavizarán y explotarán”. Mientras que “extranjeros será tu simiente” se refiere a Jacob.
Si es así, entonces ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué fracasó esa Redención?
Con respecto al versículo “y se asentó Jacob en la tierra de sus antepasados en la tierra de Canaan” nos dice Rashi: “Jacob deseaba asentarse tranquilamente”, y disfrutar de los días del Mesías. Pero “se le abalanzó el enojo contra José”. El “plan” fracasó debido al odio entre hermanos, odio que a la postre derivó en la venta de José.
El Rey Mesías viene a radicar la paz en el mundo (tal como lo expresa Maimónides, al final de las leyes de los Reyes), y es imposible construir una época de paz sobre la base del odio entre hermanos. Es así que una oportunidad histórica fue desaprovechada.
Por lo tanto este es el mensaje central de la Haftará (porción de Profetas que se lee cada sábado luego de la lectura de la Torá) de Parashat Vaieshev (que significa: “Y se asentó”): “Por tres pecados de Israel por cuatro no serán perdonados, por haber vendido por plata a un justo, y a un pobre por zapatos” (Amos 2:6). La venta de hermanos también deriva en la destrucción del Templo. Una enorme pérdida histórica cayó sobre Jacob y sus hijos: la Profecía de Abraham no se concretó.
Entonces se crea la necesidad de volver a comenzar el proceso, para cumplir con las condiciones que se fijaron en el Pacto entre los trozos. Jacob desciende por segunda vez al extranjero, esta vez a Egipto, y allí se concreta la profecía de nuestro Patriarca Abraham.
Esta es, de acuerdo a mi opinión, la razón por la que acentúa la Torá la similitud entre el descenso de Jacob a Jarán y el descenso a Egipto: el relato del descenso de la Tierra es un relato que se repite como un círculo vicioso, y los hijos de Israel descienden a Egipto con la esperanza de que esta vez la Redención sí se cumpla, pero aun no será la Redención final y última.

Enseñanzas que podemos extraer de esta situación

Primera enseñanza:

La primera enseñanza está descrita en el libro de Eclesiastés (9:11): “Volví, viendo bajo el sol, que no de los raudos es la carrera, ni de los valientes es la guerra, ni tampoco de los sabios es el pan, ni tampoco de los inteligentes es la riqueza, ni tampoco es de los conocedores el hallar gracia; ya que hora y evento (malo) habrá de acontecer a todos ellos”.
La vida no se desarrolla como nosotros pensamos o imaginamos previamente. No siempre el más rápido es el que vence la carrera, o el más valiente es el que gana la batalla, o el más inteligente es el que triunfa en los negocios. Por encima de las cualidades se encuentra también la “oportunidad”, hechos que ocurren de forma sorpresiva y cambian el derrotero nuestras vidas.
Además de la oportunidad, se encuentra “el momento”—es decir hay veces que el momento es el determinante. Hay un momento oportuno, un momento que tiene el potencial de generar los resultados. Si la oportunidad se desperdicia, todo está perdido.
Ejemplos de momentos como estos hay en gran cantidad, tanto en las Fuentes como en la vida diaria. En un trozo de la Guemará que fue censurado (Sanedrín CVII Pág., 2) se relata cómo no se le permitió a Rabi Ieoshua ben Perajiá expresar pesar a su alumno Jesús, en un momento crítico, y cómo este hecho influyó en el abandono de Jesús del judaísmo y, por ende, en la creación del cristianismo.
“El momento preciso” existe no sólo en relatos heroicos, sino también en la vida diaria. Una pareja discute, se sienten muy heridos uno por el otro, la distancia entre ellos parece un abismo y toda la relación se encuentra en peligro. He aquí que en determinado momento algo acontece: la mujer envía un indicio de disculpa, ya sea por debilidad o por amor. Este gesto es rápido y sutil, pero al realizarlo expresa un gran coraje. Si en ese momento también el esposo expresara un gesto de arrepentimiento, la muralla que se creó entre ellos bien puede derribarse. Pero si el esposo se empecina y se niega a responder, ese momento de posible acercamiento se escapa, la herida se hace más profunda, y quién sabe si habrá posibilidad de rectificación…
Sobre los últimos días del pueblo de Israel en Egipto (Éxodo 12:6) aporta Rashi su conocida interpretación (Mejilta de Rabi Ishmael, Parshat Bo, capítulo de Pesaj, 5:5 “Ve haia lajem”) “Y he aquí tu momento es el momento de los enamorados (Ezequiel 16:8)”.Llegó el momento en que Dios cumplirá la promesa que le hizo a Abraham, y redimirá a sus hijos. Ese momento fue un “momento de enamorados”, de amor y de potencial para la realización de la promesa de Dios a Abraham en el Pacto entre los trozos. Esta es la segunda vez que se abre la ventana de la oportunidad de la Redención. La primera vez se perdió y he aquí que llegó otro momento como estos. Hay una oportunidad que se presenta ante el hombre y éste deber ser sensible a ese momento, ya que ese momento puede no repetirse nuevamente.

Segunda enseñanza:

La Redención es la creación de una situación en donde toda la humanidad sabe de la existencia de Dios. Así está descrita la Redención en nuestras oraciones, en Aleinu Leshabeaj:
“Cuando el mundo sea perfeccionado bajo el reino del Todopoderoso y toda la humanidad invocará tu nombre… que todos los habitantes del mundo comprendan y conozcan que ante ti toda rodilla debe doblarse, y que toda lengua debe hacerte votos de lealtad…”
Estas son descripciones maravillosas de los días de la Redención en los cuales, de acuerdo a Maimónides: “No habrá otra ocupación en el mundo, salvo conocer a Dios”. (Final de las Leyes de los Reyes).
Es interesante resaltar que en la oración de “Shmone Esré” (18 bendiciones que forman la parte central de cada una de las oraciones diarias) aparece la expresión: “nombre de Dios”, sólo dos veces y en ambas está relacionada a la Redención. En la primera bendición dice: “…y que quieres graciosamente traer un Redentor a los hijos de sus hijos en homenaje a tu nombre”. La Redención forma parte de la realidad, ya que es la realización de la misión del pueblo de Israel en el mundo y la concreción, meta de la existencia humana: el conocimiento de Dios en el mundo.
En Jarán se perdió la Redención, en Egipto se nos dio una segunda oportunidad y el tema volverá a repetirse nuevamente hasta la Redención definitiva.

Tercera enseñanza:

La Redención es segura ya que es el objetivo de la especie humana. Es un atributo básico de nuestra existencia que hayan momentos poseedores de potencial, y también que exista la posibilidad de perder esas oportunidades, de todo esto se deduce una simple conclusión: en cada momento de la historia en que se percibe un tiempo adecuado para la Redención no hay certeza de que efectivamente la Redención se lleve a cabo.
Esta idea se basa en una concepción teológica-espiritual de relevante importancia. La fe religiosa, que se nutre de una fuente divina, les brinda a los creyentes la sensación de seguridad y de gran fuerza. Incluso siendo esta fuerza similar a una de dos filos:
¿Acaso es el Estado de Israel el comienzo de la Redención? Nosotros sin duda nos encontramos en una época histórica especial en su género, y debemos agradecer todos los días al Altísimo por el bien que nos ha dado y nos da diariamente. No tenemos ningún elemento que nos indique que este momento que vivimos sea efectivamente el comienzo de una Redención se transforme en la Redención definitiva. ¿Acaso este “inicio” será parecido a la salida de Jacob de Jarán o a la salida de los Hijos de Israel de Egipto? El Santo Bendito Sea es sin duda el que redime a Israel, y nosotros debemos hacer con todas nuestras fuerzas que esta transformación se de. Y tal vez debamos, también, esperar con pudor y humildad, a la decisión final del Redentor de Israel.

La Antología Potjim Shavua, Intelectuales israelíes escriben sobre Parashat Hashavua, compilado por Naftalí Rotemberg, fue publicada por Iediot Ajronot, Tel Aviv, 2001.

Traducción libre de Edith Blaustein.

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