Parashá Haazinu

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Las paradojas de Rosh HaShaná y el principio 90/10

Stephen Covey, destacado consultor, explica el principio de 90/10: no somos responsables de un 10% de los hechos que nos acontecen; si hay mucho tránsito, si alguien habla mal de nosotros, o si se atrasa el avión que esperamos. Del otro 90% somos responsables; ante las adversidades de la vida nos cabe reaccionar de una forma evitando tener que arrepentirnos luego. Rosh HaShaná nos ayuda a reflexionar sobre este 90%.
No perdamos la oportunidad que nos da Rosh HaShaná de mirarnos en el espejo de nuestro pueblo y de nuestras, por un lado, ancestrales y, por otro, tan modernas costumbres.

La lectura que nos convoca desde Rosh HaShaná a Iom Kipur y que es una piedra fundamental del judaísmo es el Sacrificio de Isaac en el Monte Moriá conocido como “Akedat Isaac”
Dice Emanuel Levinas en “Nueve lecturas Talmúdicas”:
“Identificarse como judío desde las enseñanzas de un Libro significa antes que nada identificarse como lector. Es decir, como alguien que estudia la Torá, como alguien que abandona la idolatría por medio de la lectura verdadera, o el estudio. Esta lectura, o el estudio del texto, se preservan de toda forma de ritual idolátrico en relación con ese mismo texto por medio de su renovación perpetua y a través de la interpretación de las letras inmodificadas del nombre de Dios, para poder escuchar allí el espíritu del Dios vivo. Por supuesto, no se revela, pero en cierto sentido esta inscrito, vive su vida, o parte de su vida en las letras: en los renglones, entre los renglones, en el intercambio de ideas entre los lectores que los interpretan”
En la lectura del Sacrificio de Isaac, el ángel le dice a Abraham que no sacrifique a su hijo, porque Dios vio que era un hombre temeroso de El, entonces Abraham eleva su mirada y ve un carnero enredado entre los arbustos, que sacrificará en lugar de su amado hijo y de cuyos cuernos surge el shofar.
En cada Rosh Hashaná, Dios nos invita a elevar nuestra mirada para interpelarnos, para hacer introspección y balance de nuestras acciones.
Rosh Hashaná es el momento de desear un mundo mejor. De pedirle a Dios que mejore el mundo en que vivimos. Desear la unidad y amor entre las personas, la armonía entre nosotros y los que nos rodean. Anhelar la destrucción del mal y de la injusticia.
Rosh Hashaná nos enfrenta a varias paradojas, por un lado se nos presenta Dios en el texto de la Akedá como demandante y por otro lado en nuestras plegarias lo sentimos como un Padre lleno de amor por sus criaturas. Somos sus hijos que estamos parados frente a El con reverencia y responsabilizándonos de nuestros actos.
Cada padre quiere que su hijo tenga una larga, saludable y próspera vida. Y Dios como un buen padre nos ofrece un año más. La pregunta es ¿qué vamos a hacer con ese tiempo, con este regalo que se nos da? ¿Vamos a luchar por algo superior que dé sentido y significado a nuestra vida o no?
Rosh Hashaná es el día de preguntarnos y desear todas estas cuestiones. ¿Para qué vivo?, si sabemos que vivimos por algo y esto es importante, Dios nos dará a nosotros vida y cada día será un regalo divino que nos permitirá crecer y hacer de este mundo un lugar mejor.
Otra paradoja de Rosh Hashaná es que por un lado estamos contentos de que un nuevo año llega y por el otro es el Día del Juicio y esto nos provoca reverencia y porqué no, miedo. ¿Como nos explicamos esta paradoja?
Rosh Hashaná es el día en que Dios recuenta cada acto positivo y cada negativo, el día en que somos juzgados por todas nuestras acciones. En realidad el proceso se inicia con el llamado a que nosotros hagamos un balance de nuestro accionar y seamos responsables de ello. En caso que hayamos actuado inadecuadamente podemos pedir perdón, en caso que hayamos recibido el bien de alguien también sepamos agradecer. Que nos reconozcamos en nuestras virtudes y defectos ante el Altísimo.
La parte gozosa y feliz de Rosh Hashaná reside en el propio reconocimiento que hacemos de nuestra responsabilidad por nuestros actos. Nos damos cuenta del significado de nuestra existencia y del sentido de la misma, y esto es una fuente de alegría. La alegría en Rosh Hashaná reside en el reconocimiento del potencial del hombre y el continuo impulso por realizar metas más altas.

Por Edith Blaustein 

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