LOS JUDÍOS POR ELECCIÓN DE SAN NICANDRO, ITALIA

 Escondida en una lejana villa al Sur de Italia, se levanta una pequeña y única sinagoga controlada mayormente por damas.  Todo comenzó hace casi cien años, cuando el “profeta” Donato Manduzio se enamoró del Judaísmo y reunió una comunidad de creyentes.  Después que docenas de residentes se convirtieron e hicieron Aliyah, los que quedaron atrás fueron mayormente mujeres, quienes se casaron con hombres locales no judíos.  Juntos se mantienen celebrando Shabat y las fiestas, comiendo exclusivamente kosher y estudiando Torah.  “Todos los días cuando rezo,” dice Grazia Sochi, “sueño que estoy en el Kotel, el muro occidental en Jerusalén.”

Las mujeres de la comunidad mantienen floreciendo el estilo de vida judío en el corazón de un área de católicos devotos.  En la mayoría de los casos sus esposos son católicos, y muchos de ellos no son considerados judíos de acuerdo con la Ley Judía – pero esto no les intimida de sentirse judíos y están orgullosos de serlo.

Esta sinagoga está localizada en un pequeño edificio que compraron las mujeres en el año 1994, muchas de las cuales se dedican a la agricultura.  Por su propio esfuerzo recogieron el dinero lira a lira sin ninguna ayuda externa para poder tener un lugar para rezar.  “Le decíamos a nuestros esposos que el precio de la ropa que compramos era un poco más caro de lo que pagamos por ella y ahorrábamos la diferencia para poder comprar la sinagoga,” dijo una de ellas con una sonrisa pícara.

Lucia Zorro y su hermana Josephina afuera de la sinagoga de la villa

Vinimos a visitar la villa con el fundador y presidente de Shavei Israel, Michael Freund.  Shavei Israel es una organización internacional judía con bases en Jerusalén, cuya meta es llegar tanto a comunidades con ancestros judíos alrededor del mundo como a todos aquellos que quieren conectarse con el pueblo judío.  El Rabino Pinhas Punturello, emisario en Italia de Shavei Israel, también nos acompañó.

Las mujeres de la comunidad estaban muy emocionadas por la visita y recibieron a los huéspedes de Israel con canciones e himnos en Hebreo e Italiano.  Nos dieron la bienvenida en la casa de Lucía Guellano Leone, 50, una de las líderes en la comunidad.  Su esposo, Mateo, es un ex católico que hizo conversión con ella y ahora trabaja como supervisor en una fábrica de galletas Kosher en el puerto de la ciudad de Bari.

Dentro del Arca en la sinagoga local, entre otras cosas, se encuentra en particular un Rollo de Torah antiguo que data de 300 o 400 años.  Junto a ello, hay una Meguilá de Ester, el Libro de Ester que se lee en la Festividad de Purim y que las mujeres de la comunidad prepararon hace muchos años, aunque están conscientes que, de acuerdo a la Ley Judía, la misma era inválida.  Hace dos años, recibieron un Rollo kosher, el cual se usa en la lectura en el Festival, pero rehúsan descartar la no kosher porque para ellos es como un símbolo.

Las historia de la Comunidad de Conversos de San Nicandro puede fácilmente llevarse a una película de Hollywood.  Comienza en el período de la Primera Guerra Mundial.  Donato Manduzio (1885-1948) fue hijo de un agricultor que nunca asistió a la escuela.  Durante dicha guerra, estuvo en las filas del ejército y herido.  Lo hospitalizaron en un hospital militar en Pisa con sus piernas paralizadas.  En la cama cercana a la de él estaba un hombre herido, quien le enseñó a leer y escribir.  Así fue como comenzó a leer libros.

Cuando Manduzio regresó a San Nicandro, leyó gran cantidad de libros de la literatura italiana.  También se convirtió en un sanador con sus brebajes.  Después de tener una “revelación divina” en medio de la noche, comenzó a estudiar el Antiguo Testamento y llegó a la conclusión que el judaísmo es la religión verdadera.  Comenzó a observar Shabat y gradualmente otros mandamientos.  Compartió sus nuevas enseñanzas con sus seguidores, estableciendo la Comunidad Judía de San Nicandro, que en su mejor época llegó a 80 miembros.  Tiempo después, un mercader que pasó por la villa, escuchó una conversación entre Manduzio y uno de sus seguidores discutiendo sobre el Libro de los Salmos.  Le preguntó a Manduzio si era evangélico y le respondió: “no, nosotros somos el pueblo de Dios.” (“Popolo di Dio”)  Cuando el mercader le dijo que había miles de judíos viviendo en Roma, Milán y Florencia, Manduzio quedó muy sorprendido, atónito.  Estaba convencido que el pueblo de Israel del cual había leído en el Antiguo Testamento se había extinguido y ya no existían.  Le pidió al mercader las direcciones de algunas comunidades e inmediatamente les envió cartas.  Después de un largo intercambio de correspondencia, la Comunidad Judía de Roma concluyó que la comunidad de San Nicandro era seria y sus miembros dignos de recibir la conversión.

El Rabino Jefe de Roma envió un mensajero a visitar los “Mityahadim” o Judíos por elección – como les llamaban los de la Comunidad Judía de Italia – y durante esa visita se dedicó la primera sinagoga, recibiendo la comunidad mantos de oración, una Menorá y muchos otros artículos religiosos.

Jeeps con la Estrella de David

Hoy en día, hay alrededor de 50 personas viviendo en la villa que continúan manteniendo un estilo de vida judío.  Observan el precepto de Shabat, durante Shabat y Fiestas Judías hacen rezos en público tanto en Hebreo como en Italiano, y se consideran judíos verdaderos.  Las mujeres de San Nicandro preparan comida kosher.  Hasta preparan su propio queso kosher bajo su propia supervisión.  En Sukot, levantan una Sukah grande, organizan comidas conjuntas en los Festivales y los viernes hacen Kidush y comidas para el Shabat comunal.  Se aseguran de comer sólo carne kosher que traen de Roma, separan carne de lácteo, hacen su propia Jalah y enciende las velas del Shabat.

La sinagoga tiene una pantalla que usan para conectarse con una clase virtual en línea con rabinos italianos pata poder estudiar Torah.  Hay un Beit Midrash, el cual también sirve de Museo de la Comunidad de San Nicandro, en cuyas paredes figuran fotografías históricas que describen el desarrollo de la vida de la Comunidad desde el comienzo hasta el presente.  Entre las fotos hay de niños vestidos con sus disfraces de Purim, encendiendo las luces de Hanukah, bailando con la Torah y celebrando el Día de la Independencia, que celebran todos los años.

La pequeña comunidad judía en la villa sólo tiene ocho niños y las mujeres temen que no existan judíos en San Nicandro en el futuro.

La pequeña y bien cuidada sinagoga está localizada en una calle central de la villa.  Los viernes en la noche hay alrededor de 30 personas rezando y alrededor de 40 los sábados, la mayoría mujeres.  La plegaria incluye melodías y fragmentos de poesías.  El rezo de la mañana dura cuatro horas, parte en Hebreo y parte en Italiano.  El servicio del sábado en la sinagoga es el centro de vida para los judíos de la villa.  “Los Judíos de San Nicandro son un fenómeno único.  Es la primera vez  en la era moderna de Europa que un grupo entero de personas formalmente abrazan el judaísmo” dice el Presidente de Shavei Israel, Michael Freund.  “Manduzio y sus seguidores,” dice Freund, “descubrieron la verdad del judaísmo por ellos mismos y sin ninguna influencia externa.  A pesar del aumento del fascismo y odio en contra de los judíos en esa época, ellos adoptaron un estilo de vida judío con valentía y determinación, y no se dieron por vencidos aún después de Mussolini decretar las leyes raciales contra los judíos en 1938.  Ellos se ven a sí mismos conectados espiritualmente con el pueblo judío y la religión de Moisés e Israel.”

Las leyes raciales contra los judíos de Italia no le fueron aplicadas a Manduzio y sus seguidores debido a sus orígenes católicos italianos, aún cuando ellos insistían en decirles a los policías fascistas italianos, y más tarde a los soldados Nazis de Alemania, cuando entraron a la villa, que ellos eran judíos.  Afortunadamente, nadie les creyó.  En 1943, Manduzio peleó con uno de los soldados fascistas en la villa, quien amenazó con acusarlos a la policía y pedirle que arrestaran a todos los judíos.  La leyenda en la comunidad relata que Manduzio, quien se envolvió con la Cabalá, le dijo: “Tú no llegarás mañana.”  Pocas horas más tarde, el hombre calló y murió.

El Profeta, Donato Manduzio

En octubre de ese año, el ejército británico capturó la villa de manos de los alemanes.  Varios jeeps de la brigada judía, un grupo de luchadores judíos de la Tierra de Israel que servían en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial, entraron a San Nicandro y tenían emblemas con la Estrella de David.  Cuando los seguidores de Manduzio vieron los jeeps pasar, le informaron a Manduzio, quien decidió pintar una bandera con una Estrella de David en una tela con el fondo azul, y la colgó en su casa, por si los jeeps pasaban otra vez.  Y así fue.  Los oficiales de Israel, que no sabían ni una palabra en italiano, se quedaron atónitos de encontrar agricultores judíos en tan remota villa.  Los soldados de la Brigada Judía hablaron con Manduzio y escucharon su historia.  Decidieron llamarle “El Profeta,” apodo que le acompañaría más tarde.

Los miembros de la Brigada Judía urgieron a la gente de San Nicandro para que emigraran a Israel, explicándoles que había un lugar para los judíos en la Tierra de Israel.  En 1946 el Rabinato en Roma convirtió la comunidad.  En los años 1947-1949, 74 miembros emigraron a Israel en barcos que traían a los sobrevivientes del Holocausto de Europa.  Se establecieron en tres comunidades: Ashkelon, Bat Yam y Safed.  El “Profeta” se opuso a la emigración de ese grupo objetando que el rol de la comunidad era ser luz a las naciones.  Él se mantuvo viviendo en la villa con su esposa y otras tres mujeres que estaban casadas con católicos.  Pocos meses después del establecimiento del Estado de Israel, Manduzio murió y fue enterrado en la sección judía del pequeño cementerio de San Nicandro.  Sobre su tumba hay una Estrella de David y esta inscripción: “Aquí está enterrado él que vivió bajo el engaño (delusión) de adorar dioses extraños hasta 1930; pero en agosto 11 de ese año, por inspiración Divina, se llamó a sí mismo Levi, proclamó la Unicidad de Dios y el guardar el Shabat.”

 6,800 euros por un Reloj de Shabat

En años recientes, 14 de los 50 miembros de la Comunidad de San Nicandro han hecho conversión por una corte rabínica italiana, gracias en gran medida a los esfuerzos del Rabino Giuseppe Laras, q.e.p.d., uno de los más prominentes rabinos de Italia, y Shavei Israel.  El resto de las mujeres han encontrado dificultades durante el complejo proceso de conversión, que requiere hacer un largo viaje y residir en una de las grandes comunidades judías en Italia, como en Roma o Milán.  Aparte de que esto les desconectarán de la villa y sus campos, el requerimiento de que se conviertan para ser oficialmente reconocidos como judíos ofende a algunos de ellos.

“El hecho que ellos no me reconozcan oficialmente no cambia el hecho de que Soy Judía,” dice Grazia Casavecchia, miembro de la comunidad.  “Yo estudio Torah sin llamarle a un proceso de conversión porque ya soy judía.  Cuando sigo los mandamientos y mantengo un estilo de vida judía eso me hace sentir bien, y no me importa si no tengo un sello formal o aprobación.  Es como descubrir un día que eres una hija adoptada del judaísmo, y es difícil aceptarlo.”

Lucía Leone, quien se especializa en cosechar tomates, pimientos y aceitunas, y también hace  aceite de oliva excelente, describe el insulto que sintió antes de completar su conversión.  “Lloré cuando escuché de los rabinos que yo no era judía de acuerdo a la Halajá.  ¿Cómo puede ser eso posible?  Yo soy una descendiente de los seguidores de Manduzio y también tengo familia judía viviendo en Israel por muchos años.”

Luzia Zorro, 50, quien está casada como la mayoría de las mujeres en la comunidad con un hombre católico, alardea que, “mis hijos viven como judíos, pero cuando crecieron se apartaron un poco.  Lo más curioso es que mi esposo se molestó con ellos y les pidió que respeten a su madre y continúen viviendo una vida judía.”  Su esposo, Nazzario, dejó de comer cerdo hace dos años y se abstiene de ir a un café o restaurante en Shabat.  Las mujeres, sin embargo, no presionan a los esposos a convertirse.  “Aquí hay respeto mutuo,” explican los hombres y las mujeres igual.

Así, por ejemplo, el esposo católico de Grazia Sochi, una de las activistas de la comunidad, preparó una Menora y una Estrella de David en su taller de trabajo y luego los puso en su terreno.  Ella alardea que también él pagó 6,800 euros por un reloj “inteligente” que opera toda la electricidad  con un sistema automatizado, incluyendo alumbrado y persianas, para poder observar el Sábado propiamente.  “Mi esposo hasta anima a nuestros hijos ir a la sinagoga conmigo,” dice ella.  “Él me respeta mucho y en casa sólo celebramos las Fiestas Judías.  No celebramos ninguna fiesta católica, pero él no quiere convertirse y yo lo respeto.”

La Comunidad de San Nicandro en Israel mantiene contacto con la “comunidad madre” en Italia.  Sus miembros vienen de visita y vacaciones en el verano.  Según ellos, no experimentaron problemas de anti semitismo y el alcalde hasta nombró una calle en el pueblo en honor a Manduzio.

Las mujeres de San Nicandro consideran la posibilidad de emigrar a Israel, pero dicen que sin conversión es irreal.(irrealizable?)   Su situación económica también dificulta el que muchos de ellos visiten Israel.  Pero eso no los detiene en soñar con la Tierra Prometida.

“Todos los días cuando rezo, cierro mis ojos e imagino que estoy en el Muro en Jerusalén,” dice Grazia con ojos brillantes.  Quién sabe, quizás su plegaria pronto será contestada.  Michael Freund, de Shavei Israel, dice que  tiene esperanza en organizar un viaje a Israel este verano para aquellos de “Judíos por Elección” de San Nicandro, permitiéndoles por lo menos realizar sus sueños.

Por Itamar Eichner

 

 

 

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