30 años de teshuvá

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¡Qué vida ocupada! ¡Qué rutina intensa! Pienso mientras que recuerdo que quiero escribir este artículo desde Pesaj.

Hace seis meses que intento encontrar el momento para escribir estas líneas sin éxito, pero debido a que el tema es la teshuvá, y todo está completamente planeado desde arriba, ¿qué mejor época para compartir mi historia con ustedes que Aseret Iemei Teshuvá (los diez días de balance y retorno entre Rosh Hashaná y Yom Kipur)?

¿Si alguien les dice que tienen la oportunidad de encontrarse con D-ios, una oportunidad única, exclusiva y con tiempo limitado, no correrían a hacerlo?

Entonces prepárense para la maratón porque el momento ha llegado y D-ios se encuentra aquí, entre nosotros. Si, como lo oyen, aquí en la tierra, totalmente disponible para todo aquel que quiera dirigirse, conectarse y comunicarse.

Como dice el profeta Yeshayahu: “Pidan a Hashem cuando se encuentra aquí, llámenlo cuando está cerca” (55:6). ¿Y a qué momento se refiere?

¡A los diez días de teshuvá!

El midrash relata que cuando D-ios creó el mundo, deseaba vivir cerca nuestro. Pero el pecado del primer hombre lo hizo subir al primer cielo (concepto cabalístico), el pecado de Caín al segundo, y así respectivamente con la generación de Enosh, la generación del diluvio, etc., hasta que finalmente se asentó en el séptimo cielo.

Si bien no pretendo ingresar en estos conceptos cabalísticos tan elevados, sin duda podemos comprender que la razón por la que nos cuesta conectarnos muchas veces con lo Divino, sentir la cercanía del Creador e imbuirse de temor y amor a D-ios, es justamente porque lo sentimos lejano y abstracto.

Sin embargo, hay una época del año en que tenemos la oportunidad de lograr esa conexión, de pedir desde nuestro corazón sentirlo cerca, de conectarnos con nuestra alma que del Trono Divino fue tomada y tiene una chispa de Divinidad en ella y grita silenciosamente por su padre Celestial.

Creo profundamente en el alma, en la espiritualidad de la persona que busca la verdad, y el despertar de ella puede ser en cualquier momento de la vida.

En mi caso suelo decir que mi alma reclamó la verdad ya a mis cuatro años, cuando volviendo del jardín de infantes le pregunté a mis padres por qué me envían a un colegio judío y no hacemos el seder de pesaj en la casa.

Sin saberlo y en forma instintiva, el alma de una niña pequeña reclamaba a su tradición, a su Creador, a su pueblo.

Este último Pesaj, cuando llamé a mi madre para desearle Jag Sameaj, me recordó la historia y pensamos al unísono, ¿¡cuánto tiempo ha pasado ya!?

Exactamente 30 años, 30 años de teshuvá.

2 thoughts on “30 años de teshuvá”

  1. Apreciada Tzivia
    Me agrada demasiado este tema que has propuesto y me gustaria decirte que conocer a Dios, nuestro Señor, no tiene nada de cabalistico, pues El nos dejo Su sagrada Palabra escrita, para poder conocerlo cada vez mas cuando nos acercamos a El, a traves de ella.

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