Recordando al rabino jasídico pionero de la aliá

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Hoy, el primer día del mes hebreo de Iyar, se conmemora el aniversario del fallecimiento de uno de los héroes desconocidos del retorno del pueblo judío a la Tierra de Israel en la era moderna.

Más de un siglo antes de lo que comúnmente se conoce como la Primera Aliá, la cual comenzó en 1882 y trajo una afluencia de valientes y generalmente laicos pioneros sionistas de Rusia y otros lugares, el Rabino jasídico Menajem Mendel de Vitebsk, llevó a uno de los primeros grupos organizados de inmigrantes judíos a la Tierra Santa. Mientras la nación se prepara para celebrar el Día de la Independencia la próxima semana, vale la pena recordar esta figura imponente, aunque sólo sea para subrayar el hecho de que el crédito para el subsiguiente restablecimiento del Estado judío, pertenece a todos los sectores de la sociedad israelí.

Era el año 1777 y el rabino Menajem Mendel estaba entre los líderes del floreciente movimiento jasídico en Europa del este. Alumno del gran rabino Dov Ber, conocido como el Maguid de Mezritch, fue ampliamente considerado como el heredero al liderazgo del movimiento jasídico, quien ingresaba a su tercera generación en la escena judía y ganaba un número creciente de adherentes. Sin embargo, el rabino Menajem Mendel, quien albergaba un profundo amor por la tierra de Israel y el pueblo judío, dejó todo atrás para realizar el arduo y peligroso viaje a la tierra de sus antepasados.

Por supuesto, no había El Al en ese momento, ni ningún emisario de la Agencia Judía o funcionarios del Ministerio de Absorción para ayudar a los nuevos inmigrantes. Emprender tal caminata implicaba riesgos insondables y, por lo tanto, una fe inextinguible.

Junto al rabino Avraham de Kalisk y al rabino Israel de Polotsk, otros dos líderes del movimiento jasídico, el rabino Menajem Mendel emprendió viaje a Bielorrusia, acompañado por un grupo de 300 alumnos y seguidores.

En una época en la que podemos pasar el rato en un Boeing 777 viendo películas en un iPad mientras nos sirve una comida caliente, nos es imposible concebir las dificultades que afrontaron o los sacrificios que hicieron. El viaje, que comenzó en la primavera y duró cinco meses, les obligó a recorrer carreteras peligrosas y evadir extranjeros hostiles. Unos 30 judíos murieron en el camino cuando el barco que los llevaba se hundió en el mar.

Los inmigrantes llegaron a las costas de Israel en el otoño de 1777, al puerto de Acre. Ellos fueron a vivir a Safed, que era conocido como un centro de misticismo y espiritualidad judía, pero después de tres años de persecución por parte de los árabes y turcos locales, así como por la hostilidad de elementos anti-jasídicos en la comunidad judía, el grupo se estableció en Tiberíades.

Curiosamente, los inmigrantes de habla idish fueron acogidos calurosamente por la comunidad sefardí de la ciudad, a tal nivel que el rabino Menajem Mendel arregló para que su hijo se case con una mujer de una familia sefardí, que era prácticamente desconocida en ese momento. Al hacerlo, estableció un poderoso ejemplo de unidad judía, de la que todos haríamos bien en aprender.

Como señaló el rabino Eliezer Melamed de la Yeshivá Har Braja, en un artículo sobre el rabino Menajem Mendel, esta figura intentó unificar a la nación de Israel a través de la colonización de la Tierra y “en su testamento, aconseja no pelear con los judíos sefardíes, sea sobre cuestiones de práctica religiosa o cualquier otro asunto”.

Dos siglos después, muchos judíos religiosos en el moderno Estado de Israel harían bien en recordar esa directiva.

A pesar de enfrentarse a inmensos desafíos económicos, políticos y de otro tipo, los seguidores del rabino Menajem Mendel lucharon poderosamente para construir nuevas vidas en Israel. Su dedicación y sacrificio valeroso, prepararon el escenario para un sin fin de judíos que siguieron sus pasos y seguramente sirvieron como un llamado de clarín a otros.

Tristemente, el rabino Menajem Mendel falleció en 1788 a la edad de 57 años, apenas una década después de haber ayudado a lanzar la moderna ola de aliá que continúa hasta hoy en día. En su legado, denunció el odio fraternal entre los judíos, advirtiendo a sus seguidores abstenerse de mirar a sus hermanos no religiosos con desdén. “No se burlen de los otros para que no se sientan golpeados por las dificultades, Dios no lo quiera”, escribió, añadiendo “más específicamente, no se burlen de aquellos que han abandonado la Torá… ¿No enseñan los sabios que los judíos son considerados hijos de Dios ¿no importa qué?”

Quien desprecia a los judíos seculares, declaró, “en efecto se separa de la comunidad colectiva de Israel”.

En un momento en que las tensiones entre los israelíes religiosos y laicos están nuevamente en aumento, todos podemos aprender una o dos lecciones importantes del rabino Menajem Mendel de Vitebsk.

A aquellos que menosprecian lo que los jasidim contribuyen a la sociedad israelí, echen un vistazo a los libros de historia y recuerden que un rebe jasídico fue el pionero de la aliá masiva.

Y a los judíos observantes que desprecian a nuestros hermanos seculares, recuerden las palabras perspicaces del rabino Menajem Mendel: “Es bastante obvio y claro para mí, que burlarse de aquellos que han abandonado el camino de la Torá es la causa del declive y la destrucción”.

Que en este día, el aniversario del fallecimiento del Rabino Menajem Mendel, todos podamos aprender de él.

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