Buenas personas con buenas noticias ? Nociones de juda?smo

Rabino Nissan Ben Avraham????

Muchas veces nos preguntamos ?qui?n tiene la culpa de la maldad que hay en el Mundo? ?Qui?n es el responsable?

Primera respuesta

Una posible respuesta es la que aparta de nosotros todas las responsabilidades y dice que todo est? en manos del Creador, y si ocurre algo malo es porque as? ?l lo quiere, que si no quisiera, esto no pasar?a. Por lo tanto, nunca ser? posible acusar a nadie de un mal comportamiento, nunca podremos castigar a nadie por ning?n tipo de crimen. Todo est? en manos del Creador.

Cuando esta respuesta llega a un extremo exagerado, ?no en el juda?smo!, se proh?be acudir a los m?dicos o incluso se niega el valor de las oraciones por una persona que ?ha transgredido la voluntad del Creador?. Si ha pecado, que lo pague con la enfermedad que D? le ha enviado. Cuando se arrepienta o cuando rectifique su comportamiento, ya le curar? el Mismo que le ha enviado la enfermedad. Seg?n este punto de vista (?equivocado!), el que reza por la salud de una persona puede considerarse un entrometido en los asuntos divinos, como si ?no confiase en el buen juicio del Juez Supremo?.

Segunda respuesta

Otra respuesta, casi opuesta, dice que solo el hombre es el responsable de lo que hace. El Creador no se mete en esos asuntos (si es que se acepta la existencia de este ?Creador?, ya que muchos de los que apoyan este punto de vista son ateos, agn?sticos). En algunas versiones se a?ade la responsabilidad de la sociedad, de la familia y de la educaci?n que haya recibido, pero al fin y al cabo queda todo al nivel humano. La raz?n teol?gica que se aporta a esta opini?n es que, si no fu?ramos responsables de nuestras acciones, ?c?mo podr?an luego castigarnos o premiarnos?

Cuando esta segunda respuesta se lleva a su her?tico extremo, se considera que D? ha abandonado el Mundo. Cre? un Mundo redondo como una pelota, y la chut? muy lejos. ??C?mo le va a importar lo que hacen los humanos?! ?Tiene cosas m?s importantes que hacer?.

As? opinaban algunos fil?sofos griegos, y todo tipo de id?latras que necesitaban interponer ?dioses? menores, ya que el Creador y Ser Supremo no puede (seg?n su falsa teor?a teol?gica) o?r lo que ocurre en el Mundo. Llegados a este punto, no tienen m?s remedio que cambiar de disco y afirmar que al Creador no le importa lo que hacemos, ya que somos demasiado insignificantes como para premiarnos o castigarnos.

La tercera respuesta

Hay una tercera respuesta, por supuesto, que une las dos anteriores.

Est? claro que somos responsables de nuestros actos, y que el Creador no quiere intervenir mientras dure la ?poca de prueba que nos ha impuesto en este Mundo. Solo en pocos casos extraordinarios, los llamados ?milagros?, notamos una intervenci?n divina limitada en tiempo y en lugar. Cierto que nos env?a ?avisos? para que corrijamos nuestro mal comportamiento antes de que sea demasiado tarde, y que muchos los consideran err?neamente como ?castigos?. En muy pocos casos se trata de ?castigos? irrevocables. Cuando no hace caso del aviso, ?ste puede convertirse en castigo, llegando a un extremo al que no deber?a llegar.

Si alguien enferma, puede significar, efectivamente, que se ha portado mal. Pero nuestro Creador quiere, precisamente, que nosotros intervengamos, que oremos por ?l, que llamemos al m?dico, que le hagamos una intervenci?n quir?rgica para curarle, si es necesario.

No somos verdugos

Y si algo debe estar fuera de cualquier tipo de duda es que no podemos alzarnos en verdugos de nadie. No estoy hablando de casos de defensa propia o de algo parecido, sino de tomar la ley por nuestra mano y castigar a quien decidamos que se lo merece. Esto est? gravemente prohibido. Hace ya m?s de dos mil a?os que no tenemos jueces que, seg?n la Tor?, puedan dar castigos corporales.

Nuestra funci?n es muy diferente. Hay un vers?culo en el libro de Dvarim (22:8) que dice: ?Cuando construyas una casa nueva, har?s una baranda al tejado; y no pondr?s sangre en tu casa cuando se caiga el cayente de ?l?.

La expresi?n b?blica de ?el cayente? significa que, si alguien se cae, bien se lo merece. Est? claro que ha hecho algo malo y debe recibir su castigo. Pero t? no eres el verdugo. ?No pondr?s sangre en tu casa?. Debes evitar que esto ocurra en tu casa.

En realidad, debes evitar que esto ocurra de ning?n modo. Cuando ?el cayente? vea que t? eres tan cuidadoso, que vas tan alerta a que no ocurran ning?n tipo de accidentes por tu culpa, hay m?s posibilidades de que reflexione y se d? cuenta que ha obrado mal. En caso de conocer su mal comportamiento, debemos ayudarle a que rectifique. Y cuando no sabemos el motivo exacto, nuestro deber es sacarlo del peligro, d?ndole otra oportunidad de rectificar.

Avisos divinos

En el libro de Reyes (1?, 8:35) hay un vers?culo muy interesante (mal traducido en muchas versiones): ?Cuando se cierren los cielos y no haya lluvia por haber ellos pecado contra ti, y oren hacia este lugar y agradezcan tu nombre, y se vuelvan de su pecado cuando t? les respondas?. La falta de lluvia era un aviso para que rectificaran, pero desaparece incluso antes de que rectifiquen. El hecho de que les respondas a sus oraciones d?ndoles la lluvia que necesitan, esto mismo causar? que se arrepientan de sus pecados y los rectifiquen.
Hay varios ejemplos en el Tanaj que demuestran este principio (cf. Jueces 3:1-2; 1? Reyes 13:1-10; etc.). Los avisos divinos no son para coaccionarnos o para obligarnos a un comportamiento determinado. Nos dejan completa libertad de comportamiento, siendo as? nosotros los responsables de nuestros actos, y aun as? el Creador se ha interesado por nosotros, envi?ndonos un aviso para que rectifiquemos nuestro comportamiento.
As? debe entenderse lo que ocurri? en Sdom (Sodoma), en el cap?tulo 14 del G?nesis. Vinieron los cuatro reyes de Mesopotamia y arrasaron el lugar. Esto deb?an entenderlo como un aviso divino de que su modo de obrar no era correcto. Pero ellos prefirieron reedificar su ciudad sobre los mismos malvados fundamentos y al cabo de otros veinticuatro a?os, al no haber corregido las faltas y haber llegado a un colmo de mal comportamiento, las ciudades pecadoras del Valle fueron arrasadas definitivamente.
Buenas personas y buenas noticias

Un refr?n talm?dico dice que el Creador trae al mundo las cosas buenas por medio de buenas personas, y las cosas malas por medio de los malvados. No solo, obviamente, cuando los malvados cometen cr?menes premeditados, sino incluso cuando creen obrar correctamente al juzgar a otros. Si alguien se convierte en el verdugo de otro, demuestra con ello que es una mala persona.

Nosotros solo hacemos el bien, seg?n nos ense?a la Tor? en las leyes del Shulj?n Aruj.
Y, por lo tanto, evitamos incluso dar malas noticias a la gente, como vemos en el libro de Shmuel (2? Samuel 18:27) que dice ?Y el vig?a dijo: Veo que el correr del primero es como el correr de Ajim??ats, hijo de Tsadoc. Y el rey dijo: Este es un buen hombre y viene con buenas noticias?. Si es una buena persona, no puede traer malas noticias, y si trae malas noticias, no es buena persona, como vemos unos cap?tulos antes (2?, 4:10-11) con la noticia de la muerte del rey Sha?l y la de Ish-B?shet.

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