La circuncisión

5 Comments

Rabino Nissan Ben Avraham

britCumplimiento clandestino

Los anusim y sus descendientes, aquellos que habían sido forzados a convertirse al cristianismo, querían seguir guardando en cuanto les fuera posible los mandamientos del judaísmo. Pero estaba claro que esto les ponía en grave peligro, ya que suponía que cometían herejía desde el punto de vista de los cristianos al seguir cumpliendo con los deberes de judíos. Podemos ver claramente en este problema que tenían, que los cristianos consideraban que los mandamientos de la Torá no tienen ya valor, ni para ellos ni para los descendientes de judíos, puesto que los fundadores de su religión, como Pablo de Tarso en sus epístolas, declararon en más de una ocasión que el cristianismo se basaba únicamente en la fe en el nazareno y no en el cumplimiento de las leyes divinas.

Por lo tanto, los anusim debían ir con mucho cuidado a que no les vieran cumpliendo los mandamientos del judaísmo, debían hacerlo a escondidas. Con esto demostraban, ante sí mismos y ante el Creador, que la ‘conversión’ que habían hecho no era voluntaria, sino que habían sido forzados a hacerla. Les resultaba muy importante, puesto que los remordimientos les atormentaban al considerar que deberían haber luchado, o deberían haberse dejado matar por su amor al Creador. ¿Cómo podían haber cambiado su herencia, regalo celestial, por una religión que no era más que una mala copia de la suya?

Se arriesgaban todo lo que se atrevían, guardando el shabat con todo tipo de excusas por no trabajar en este día, o iban al trabajo, pero sin dar golpe en todo el día. Cuidaban de no comer alimentos prohibidos por la Torá, pero siendo el cerdo, prohibido por la Torá, uno de los alimentos preferidos por los cristianos, no tenían más remedio que comprar la carne de este animal en el mercado para parecer fieles consumidores de su carne, y luego, al llegar a casa, se la daban a los perros. ¿Quién no ha visto el famoso cuadro del pintor ruso Moshé Maimón representando una familia de conversos cenando en la noche de Pésaj en el sótano de su casa, cuando de pronto les sorprenden los inquisidores?

Mandamiento peligroso

Pero estaba claro que había un mandamiento que resultaba muy peligroso cumplir, ya que no podrían encontrar ninguna excusa por él. Un mandamiento que quedaba grabado por la eternidad y del que ya no se podían desdecir. Se trata de la circuncisión.

Nuestro Padre Avraham firmó un pacto con el Creador, así leemos en el capítulo 17 del Génesis, en el que se comprometía en nombre propio y en el de sus descendientes a cumplir con este mandamiento. Trece veces aparece la palabra ‘pacto’ en este capítulo, y por lo tanto en el judaísmo no se dice nunca ‘circuncisión’ sino ‘brit milá’ – ‘pacto de la circuncisión’ o, sencillamente, ‘brit’ – ‘pacto’: “ya le han hecho el ‘brit’ al niño”, “vamos a ir a un ‘brit’”.

A los ocho días del nacimiento, un especialista llamado ‘mohel’ comprueba la buena salud del bebé para evitar cualquier complicación y cumple con su obligación, en nombre del padre del niño, cortando la piel del prepucio.

La operación tiene tres condiciones, puesto que debe cortar la piel del prepucio, que tiene dos capas, una más gruesa y la otra más fina y pegada a la carne. La gruesa se corta con un cuchillo, mientras que la fina se separa con las uñas. Finalmente, se desinfecta la herida al chupar la sangre, escupiéndola en un recipiente. Luego se pone un apósito con pomada, etc., para facilitar su rápida curación.

El Pacto en nuestra Carne

En el judaísmo se denomina ‘el Pacto firmado en nuestra carne’, siendo una marca en todo varón judío. El Midrash habla del rey David, siempre ansioso de mantener un estrecho contacto con el Creador, que cuando iba al baño se sentía alejado de los mandamientos, hasta que se acordaba de la circuncisión y se alegraba de que siempre le acompañara, en todo tiempo, en todo lugar y en toda circunstancia.

Se comprende, por tanto, la inmensa importancia de este mandamiento. Además, vemos en el antedicho capítulo que es condición para poder heredar el país de Israel, que el Creador prometió a los Patriarcas. Así, pues, vemos que al salir de Egipto tuvieron que circuncidarse todos aquellos que en el cautiverio no lo habían hecho, tal como dice el libro de Yehoshúa (Josué 5:5) y, después de cuarenta años por el desierto en los que, de nuevo, no podían cumplir el mandamiento a causa de las duras condiciones ambientales, al atravesar el río del Yardén (Jordán) tuvieron que circuncidarse todos los varones, como dice allí el versículo 3.

Incluso nuestro mayor profeta, Moshé, tuvo que aprender la importancia de este mandamiento. Estaba de camino desde Midyán hacia Egipto, para ayudar urgentemente a sus hermanos que morían a causa de los trabajos forzados que les imponían los egipcios. Por lo tanto, creía que la urgencia de su misión le permitía esperar hasta el final del viaje antes de circuncidar a su hijo recién nacido que le acompañaba junto con su esposa Tsiporá. Pero el Creador no lo vio así, ya que, si la condición para heredar el país de Israel dependía de este mandamiento, Moshé no podía dejar de cumplirlo precisamente en este momento, por muchas y buenas excusas que tuviera: que no podía hacerlo en el desierto, que no quería enredarse hasta que se curara la herida del bebé, etc. El libro de Shmot (Éxodo 4:24-26) relata este extraño episodio en que la vida del propio Moshé estuvo en peligro de muerte a causa de este error, al no circuncidar a su hijo a tiempo.

No es de extrañar que los conversos tuvieran gran deseo de cumplir este mandamiento, pero el miedo a ser descubierto por alguien, que luego lo delatara a la Inquisición, impedía que se llevara a cabo.

Solo cuando ya habían perdido la esperanza, cuando ya habían sido atrapados por cualquier otro motivo y sabían que les matarían al poco tiempo, se esforzaban más allá de lo esperado, cumpliendo con el mandamiento en las situaciones más precarias de las cárceles inquisitoriales y acarreando su propia muerte prematura.

Sus descendientes, hoy en día, ya no tienen este problema, por supuesto. Gracias a D’ios, no hay ninguna prohibición que impida que cualquier persona interesada haga la circuncisión, aunque, por supuesto, debe hacerse del modo adecuado, que no siempre coincide con la intervención que puedan hacer en un hospital. No conviene que nadie lo haga sin asesorarse perfectamente con un rabino competente y autorizado, puesto que hay muchos detalles que no especifico aquí y deben llevarse a cabo correctamente para que sea válido.

La circuncisión es un mandamiento que se cumple con suma alegría, al sabernos participantes del pacto entre el Creador y el Pueblo de Israel. Se hace un banquete al que acuden familiares y amigos y se celebra que el bebé, o el que sea, ‘ha entrado en el Pacto de Avraham’.

5 thoughts on “La circuncisión”

  1. …i quina alegria més gran poder compartir l’ entrada al Pacte dels bebes dels bnei-anussim que van arriban a la Terra d’ Israel i que ja neixen aci…Un somni acaronat fent-se realitat, Baruch HaXem! Gràcies Rab!

  2. Mi madre solo se acuerda que mi tío le dijo que ellos ( la familia de mi madre )eran diferentes. Y eso ha estado siempre en su corazón. Cuando decidimos hacernos los exámenes de DNA, salió que mi madre tiene sangre Judia, y ahora nos sentimos como que estamos finalmente en casa, es una experiencia que no tiene palabras, pero sabemos que El Eterno sabe nuestro corazón.
    Mi esposo también le salió lo mismo y lata que mis hijos rápido quisieron saber más, ahora celebramos Shabbat y todas las moadim.

  3. Excelente artículo . histórico , didáctico y sobre todo halajico. Un placer escuchar a Rab Nissan. Shalom !!!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.