El significado de las Oraciones. La oración personal – Nociones sobre judaísmo

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Familia-haciendo-tefilá-en-el-Kotel-Yerushalaim-Jerusalem-Jewishnet-Mexico-La-Red-Judía-México-Conversión-al-Judaísmo-Ortodoxo-en-México-e1419097575365La oración particular

En los artículos anteriores hemos visto la oración ‘nacional’, enfocada a las necesidades de nuestro Pueblo. Pero existen, sin duda, problemas y temas puramente particulares por los cuales queremos rezar y pedir ayuda al Creador.

En el Talmud nos instruyen los Sabios que podemos y debemos añadir nuestras peticiones particulares a la oración de la Amidá. Según el motivo de cada una de nuestras peticiones, sabremos acoplarlas a las peticiones de la Amidá, dándole un tinte un poco más personal.
Así, pues, en la bendición de la Salud podremos añadir una petición por algún familiar enfermo, etc. Cada una de nuestras peticiones encontrará el marco más adecuado, y cuando no somos capaces de establecerlo correctamente, nos queda la bendición final de las peticiones en la que se puede incluir y añadir cualquier otro tema.

Podríamos aprender del rey David quien, a lo largo de los salmos que escribió, identificó su situación personal con el capítulo de la Historia nacional que se estaba desarrollando. Así la petición sigue siendo personal, pero está subyugada al aspecto nacional. Yo, como parte del Pueblo de Israel, deseo que mi Pueblo esté en buena salud, y por ello es imprescindible que también tal individuo particular sea atendido y recupere la salud perdida. De este modo se consigue convertir la problemática nacional en algo mucho más personal, conseguimos implicarnos mucho mejor en los pasos de la Historia. Deja de ser un problema abstracto y se convierte en un problema personal: es indispensable que haya Salud en el Pueblo para que también tal individuo sea curado.

Todo el día rezando

Todo esto no impide que creemos un sistema de conexión con el Creador que abarque todos los momentos de nuestra vida. Los Sabios dicen en el Talmud que ‘ojalá rece el hombre todo el día’; ojalá seamos capaces de mantener el contacto con el Creador durante todas las horas del día, ojalá seamos capaces de buscar la verdadera ayuda donde realmente la podremos encontrar.

Cualquier momento y cualquier lugar son apropiados para establecer el contacto con el Creador. Cualquier tema es apropiado: la salud física o espiritual de algún ser querido, pequeños problemas con los vecinos o con familiares, cuestiones de estudio y aprendizaje, dificultades económicas, etc.

De este modo conseguimos un contacto continuo con el Creador, cosa que debería ser la máxima aspiración de cualquier persona, como podemos ver en el relato de Yosef. La Torá describe la vida de un esclavo en casa de Potifar que exclama: ‘veo que el Señor está contigo y que todo lo que haces, el Señor hace que triunfes’ (cf. Génesis 39:3). Esto puede entenderse como una reacción de Potifar a la actuación de Yosef, quien continuamente pedía la ayuda divina a todo lo que hacía, y agradecía al Creador cualquier pequeño éxito que tenía.

Bendiciones de agradecimiento

Aparte de las peticiones especiales, importantes e indispensables, están también las bendiciones de agradecimiento, que llenan el día del judío.

Hay bendiciones para casi cualquier cosa. Al levantarnos por la mañana le agradecemos al Creador el habernos concedido un nuevo día de vida, devolviendo nuestra alma al cadáver que yacía en la cama. Gracias por abrirnos los ojos cada mañana. Le damos las gracias por la ropa que nos cubre, por los zapatos a nuestros pies, por la posibilidad de podernos enderezar y andar, por librarnos de los lazos que nos atan y permitirnos hacer uso de la libertad que nos ha otorgado.

Hay una bendición por cuando salimos del aseo, después de hacer nuestras necesidades corporales: una bendición agradeciendo la buena salud, el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, pero también la maravilla que representa el hecho que en nuestra persona convivan cuerpo y alma, materia y espíritu, lo animal y lo divino.

En primavera hay una bendición al ver los árboles en flor, y en invierno otras bendiciones al oír los truenos y al ver los rayos o el arcoíris. También por el temblor de tierra o al ver un paisaje impresionante, una criatura especialmente hermosa o una que ha sufrido una deformidad.

También hay bendiciones rogando que nuestro trabajo haya dado fruto bueno y abundante, o agradeciéndole la abundancia registrada.

Agradecer y reconocer

Nuestros Sabios explican que el nombre ‘judío’ viene del de Judá, hijo de Yaacov; la Torá explica que su significado es el de ‘agradecimiento’, expresado por la madre del recién nacido. De este modo, cualquier judío debe considerarse como una persona ‘Que Agradece’.

En realidad, el verbo ‘agradecer’ en hebreo es idéntico al de ‘reconocer’. Cuando digo ‘Modé aní’ puedo significar que ‘doy las gracias’ pero también que ‘reconozco’. Al reconocer que el benefactor es el Creador, es como agradecerle tal bondad.

Consecuentemente, el judío es quien reconoce que todo proviene de Él y es para Él. Es la gran misión del Pueblo de Israel, atar los cabos de un mundo que parece muy disgregado y conectarlo todo al Creador del Mundo.

Lo hacemos por medio de todas estas bendiciones. ‘Tú eres el que libera a los presos’, ‘el que levanta a los caídos’, ‘quien cura a los enfermos’. Del Creador provienen los terremotos y también la buena lluvia. Le agradecemos por la comida que vamos a comer, las buenas noticias que hemos oído y la oportunidad de celebrar de nuevo sus festividades.

La intención adecuada

El judío debe aprender estas bendiciones, siendo que muchas de ellas pueden pillarle desprevenido: de pronto brilla un rayo en el cielo nublado, o un arcoíris en la lejanía. Cada vez que quiere comer o beber, debe reconocer que todo viene de Él, y no es el fruto de una casualidad natural.

Al recitar estas bendiciones, debemos recordar la intención adecuada, ya que uno de los mayores peligros está en que, al cabo de un tiempo, las bendiciones pueden convertirse en una rutina nociva. Hemos de conservar la inocencia novedosa del niño que descubre cosas nuevas, nuevos mundos en su vida, añadiendo la sabiduría de la experiencia de adultos que sabe relacionarlo todo al Creador bendito.

Antes de acabar, es importante fijarse que en la redacción de las bendiciones incluimos el Nombre Divino y su poderoso Reinado sobre todo el Universo, ya que sin mencionarlos explícitamente en la bendición ésta pierde gran parte de su valor. Como hijos del Pueblo de Israel, tenemos un conocimiento del Nombre, revelado a nuestros Patriarcas y Profetas, y también reconocemos su completa potestad sobre todo lo que ocurre en nuestro mundo y en cualquier otra galaxia.

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