El significado de las oraciones 3era parte – Nociones de judaísmo

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Rabino Nissan Ben Avraham

ZABICHI-1La Salvación

Hemos visto en los artículos anteriores el significado de las tres primeras y las tres últimas bendiciones en la oración de la Amidá. Ahora debemos ocuparnos de las trece bendiciones intermedias, que tratan de las peticiones.

El motivo general de la oración es el proceso de la Salvación.

Esta expresión puede confundir a personas que están acostumbradas a la terminología cristiana, que fue tomada de la judía, que coincide con los nombres, pero no con su significado. Por lo tanto, debo explicar que cuando hablamos de ‘Salvación’, nos referimos a la salvación del Pueblo de Israel del yugo de las Naciones al que está sometido desde hace ya muchos siglos.

Este yugo impide que el Pueblo pueda desarrollar correctamente sus capacidades intelectuales, materiales y espirituales. Tememos las terribles reacciones de los ‘amos’ que se han dedicado a perseguir, torturar y quemar en hogueras a todos aquellos que no aceptaban sus puntos de vista, especialmente cuando se trataba de los judíos. Hasta hoy mismo, la Comunidad Internacional se dedica a perseguir el Estado de Israel creando un doble estándar que no cesa de criticar cualquier acción de Israel, sin importarles que otros estados hagan cosas parecidas, que pasan desapercibidas. Pero esto ya es ‘política’, que no entra en mis funciones. También a nivel intelectual y espiritual nos imponen restricciones.
Así, pues, es importante comprender el significado de esta subyugación a las Naciones. A qué viene y cómo podemos hacerla desaparecer. Esto es lo que denominamos ‘Salvación’.

Corrección de los errores

La cuarta bendición (después de las tres primeras, que ya hemos analizado) habla de la Sabiduría. Se trata, por supuesto, de la Sabiduría Divina; debemos sincronizar nuestro cerebro con la Sabiduría Divina, aprendiendo el verdadero significado de cada noción, su verdadera función en el Mundo, el óptimo modo de usar cada objeto, de servirnos de cada aptitud física, de cada capacidad intelectual y cada virtud espiritual. El mejor modo de hacerlo es estudiando la Santa Torá, profundizando en su estudio todo lo que somos capaces.

De este modo comprendemos lo alejados que estamos del ‘buen camino’. Nos hemos dejado llevar por caprichos, por costumbres que nos han inculcado sin que las hayamos analizado, sin haber filtrado su contenido de virus nocivos. Y así, en la quinta bendición, pedimos el Retorno. El retorno a la Torá, al Servicio Divino. Queremos actuar del modo correcto y nos duele habernos alejado tanto de lo correcto. Por mucho que hayamos errado, hay infinidad de caminos de regreso: un camino recto, otros más intricados o incluso clandestinos. Caminos cortos o caminos larguísimos, como nos explica el Midrash al analizar los trece Atributos Divinos que nos fueron transmitidos en el capítulo 34 del Éxodo (versículo 6): ‘D’ios clemente y misericordioso…’

Pero no basta con esta buena intención por parte nuestra: necesitamos el perdón. Cuando una persona se porta mal con su amigo, se rompe el lazo de confianza que había entre ellos. Cuando una persona comete repetidamente un mismo error, pierde la confianza en sí mismo. Cuando se da cuenta de que está fallando a su misión, la función que el Creador nos ha impuesto, sentimos que ha perdido la confianza en nosotros. Y para restaurarla, debemos hacer un enorme esfuerzo, demostrando con actos que hemos emprendido un nuevo camino de compromiso, de tomar la responsabilidad de lo que hacemos, alejándonos del mal camino. Y así, en la sexta bendición, pedimos perdón. El Talmud cita un versículo interesante, en Yesha’yá (Isaías 6:10) que dice: “no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos y su corazón entienda, y se arrepienta y se cure”. Y el Talmud explica que este es el proceso del arrepentimiento que, en una expresión irónica, quiere evitar del pueblo. O sea, que primero entiende, luego se arrepiente, y al final se cura. Esta curación, explica el Talmud (Mguilá 17b), es en realidad la curación del perdón. Significa que el perdón causa un efecto de curación en la persona, le restaura un equilibrio espiritual que había perdido con el error o con el pecado.

Muchas veces no basta con estos esfuerzos, ya que nos hemos convertido en adictos al pecado. Igual que un adicto a los narcóticos necesita que sus amigos, la sociedad, le ayuden en el tratamiento de abstinencia y recuperación, también el que ha adoptado malas conductas, muchas veces se siente atrapado en unas rutinas de las que le resulta muy complicado desligarse. La séptima bendición habla por primera vez de la ‘Salvación’, pero se refiere al tipo de salvación conductual, de quien se siente atrapado por su mala conducta.

La mala conducta en alimentación puede causar enfermedades físicas. La mala conducta en otras funciones de nuestra vida espiritual, pueden causar enfermedades psíquicas, del alma. La curación no siempre depende solo de la cesación de la mala conducta. Muchas veces es necesario un tratamiento especial para recuperar el equilibrio de las fuerzas físicas, de las intelectuales y también de las espirituales. Nuestros Sabios nos hablan, en los libros de ‘Musar’ – la ética judía, de los procesos de curación necesarios para restablecer esta salud espiritual perdida. La octava bendición es la de la curación, siendo una fase independiente en todo este proceso.

El Retorno

Hasta ahora hemos explicado el proceso como si de un individuo se tratara. Pero ya hemos dicho que se trata del proceso de salvación de todo el pueblo. Es el pueblo quien tiene que sincronizar con la Sabiduría Divina, quien debe retornar a la vida según las directrices de la Torá. Es el pueblo quien debe restablecer la confianza en sí mismo, perdida y olvidada desde hace ya siglos. El pueblo ha adoptado una conducta errónea. Al decir ‘el pueblo’, me refiero al consenso general, que no lo dictan los líderes, pero sí son ellos quienes deben llevarlo a cabo después de haber llegado a este consenso de modo democrático, por voluntad general.

¿A qué apunta todo este proceso del que hemos estado hablando, cuando lo enfocamos a nivel nacional?

A nivel personal, podríamos decidir que se trata de perfeccionar las virtudes y eliminar los vicios personales. Pero esto queda pequeño cuando hablamos del pueblo. El profeta Yejezquel (Ezequiel 36) habla del retorno del Pueblo de Israel de la larga y nefasta Diáspora en la que juega un papel muy feo (ver versículo 20), y por esto el retorno es muy importante.

Pero antes debemos preparar el terreno, que los árboles se carguen de frutos para abastecer las necesidades de los millones de personas que quieren regresar. En el libro del Génesis, ya en el segundo capítulo, hay un versículo (el 5) muy interesante. Dice que las plantas y los árboles aún no habían crecido. Porque el Creador no había hecho llover. Porque aún no había ningún hombre que trabajara la tierra. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? La respuesta es muy clara: mientras el hombre no vea las necesidades del mundo, ¿para qué tiene que llover? El hombre es el centro de la creación y mientras no sea consciente de lo que ocurre, no hay ‘lluvia’. No se trata tan solo de las lluvias normales, sino también de las que permitirán una cosecha especial, material y espiritual…

Así, pues, hay una llamada con el gran shofar (el cuerno del carnero), para que Israel lo oiga desde los rincones más alejados del Mundo. Según el midrash, sonó el shofar pequeño cuando el Creador entregó la Torá al Pueblo de Israel, hace unos 3,328 años, y el mundo se estremeció al penetrar el alma divina dentro de la materia del mundo. El gran shofar comenzó a sonar hace unos 135 años, cuando el Pueblo se despertó del letargo de la Diáspora y comenzó la primera ola de inmigración a la Tierra de Israel. Y se lleva a cabo la Reunión de los judíos procedentes de las más remotas diásporas.

Restauración Nacional

Una vez reunidos todos en un mismo país, es necesario poner en marcha las instituciones nacionales, para evitar el desorden. La primera institución necesaria es la de la justicia.

Aspiramos restaurar el sistema judicial de la Torá y del Talmud, con unas características nacionales muy especiales que se han depurado y perfeccionado a lo largo de los siglos, expresando en nuestras leyes los puros designios divinos. Al establecer estas leyes en nuestra vida nacional, apartamos gran parte de los males que nos achacan, ya que con ello nos acercamos más a la voluntad divina.

La siguiente bendición fue establecida con la aparición del cristianismo que no tan solo usurpaba las nociones del judaísmo llenándolas de unas interpretaciones completamente ajenas a la voluntad divina, sino que también se dedicó a perseguir a los judíos, intentando incesantemente ‘convertirlos’ a su nueva religión. En esta bendición pedimos que la maldad desaparezca y los malvados no nos causen más daño.

Es el momento en que los justos pueden levantar la cabeza sin peligro a ser dañados. Todos aquellos que no pierden la esperanza a pesar de lo largo de la Diáspora, a pesar de lo complicado que puede resultar cumplir adecuadamente con nuestras tareas, adhiriéndonos a la voluntad divina. En esta bendición se hace especial mención de todas aquellas personas que abandonan sus naciones de origen para entrar a formar parte del Pueblo de Israel, los conversos sinceros, que son comparados a la flor y nata del Pueblo, sin ningún tipo de discriminación por su origen.

La Independencia

Las últimas bendiciones de petición tratan de Jerusalén y del Mesías. En la Ciudad Santa será restaurado el Templo, permitiendo de nuevo que la Presencia Divina sea ‘visible’ a ojos de toda la Humanidad, tal y como ansían consciente o inconscientemente todos los hijos de Adán.

Junto con la reconstrucción del Templo llega la restauración del reino de David. Ya explicaron algunos Sabios que no es imprescindible entender un judaísmo monárquico, y puede muy bien ser comprendida esta época mesiánica como un tiempo en que, con cualquier tipo de gobierno, lleguemos a un estado ideal de independencia y libertad que nos permita desarrollar todo nuestro potencial físico y, sobre todo, espiritual. De todos modos, parece ser que hay una importancia especial en el legado de la dinastía de David, aunque, seguramente, el tipo de reinado del Ungido será completamente diferente de lo que estamos acostumbrados en cualquier otra monarquía.

Así pues, toda esta larga lista de peticiones en nuestra oración de la Amidá está enfocada a lo que llamamos ‘la Salvación’. Como explican nuestros Sabios, estamos hablando del proceso de Salvación de manos de otras naciones que nos impiden cumplir los Mandamientos de la Torá, aunque, sin duda alguna, viene acompañada de un proceso de purificación espiritual de los miembros del Pueblo que les hace dignos de reconstruir el Templo y con él hacer reaparecer la profecía y otros muchos bienes perdidos desde hace más de dos mil quinientos años.

La lista acaba con una petición especial: que nuestra oración sea atendida. El motivo es que hay condiciones ambientales y personales para que la oración pueda ser atendida, y normalmente estamos muy lejos de cumplir con estas condiciones. Aun así, sabemos que podemos ser oídos y atendidos de un modo excepcional, aún sin haber cumplido los requisitos, y así acabamos con esta petición.

En próximos artículos completaremos, D’ mediante, otros aspectos de la oración.

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