El significado de las oraciones – Nociones de judaísmo

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Rabino Nissan Ben Avraham

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La oración: el último refugio

Los Anusim, aquellos judíos que tuvieron que ocultar su identidad a lo largo de la historia, después de haber sufrido persecuciones y amenazas por parte de los gobiernos o los habitantes de los países en que habitaban, muchas veces no tenían otro modo de cumplir con el judaísmo que por medio de las oraciones.

No podían llevar a cabo el mandamiento de la circuncisión, ya que podían ser descubiertos, ni tampoco podían guardar el shabat correctamente y se veían obligados a profanarlo, para evitar sospechas que les pusieran en peligro de muerte. Lo mismo con el resto de las fiestas. Tampoco podían guardar las normas de cashrut, la dieta judía, ya que si se privaban de comer cerdo podía ser señal de que guardaban las leyes ‘caducas’ de los judíos.

Por lo tanto, a muchos de ellos lo único que les quedaba eran las oraciones.

Nosotros, gracias a D’, no tenemos estos problemas y podemos cumplir sin miedo todos los mandamientos, pero, aun así, no siempre somos plenamente conscientes del significado de las oraciones que recitamos, aun cuando las leemos en nuestro propio idioma.

¿En hebreo o en otro idioma?

Cierto que en el judaísmo hay una clara preferencia por las oraciones recitadas en hebreo. El hebreo es el idioma de la profecía. La profecía no es solo cuando el profeta tiene un mensaje para alguna persona o alguna nación, sino cualquier contacto directo y consciente entre el Creador y el hombre. Se supone que cuando rezamos debemos entablar una conversación con el Creador, o sea, que debemos llegar a un grado muy cercano a la profecía. Y siendo que el hebreo es el idioma de por medio del cual se lleva a cabo esta conexión con el Creador, es importante acostumbrarse a rezar en este idioma.

Claro que, al principio, no hay más remedio que aprender el significado de lo que decimos, ya que una oración recitada como un loro no sirve para nada. Por lo tanto, es importante conocer perfectamente las oraciones en un idioma comprensible. Pero después, al tener ya un dominio sobre lo que decimos, es importante pasar al hebreo.

De todos modos, no basta con conocer el significado de las palabras. Las oraciones tienen un sentido muy profundo y es importantísimo conocer por lo menos los puntos principales, la estructura, el orden de las oraciones. Es todo un mundo, con un antes y un después, con una jerarquía interna y unas relaciones mutuas entre las diferentes oraciones.
Entender el significado básico

Aquí llega mi primera advertencia. Es importante asegurarse de haber entendido las palabras en hebreo. Cierto que hay traducciones, pero no todas son fieles al mensaje. No todos los traductores conocen la trama que une las oraciones, las relaciones que hay entre unas y otras y, por lo tanto, no son capaces de encontrar las palabras adecuadas para la traducción. Otros se ven influidos por interpretaciones especiales, midráshicas o cabalísticas, que nos alejan del significado básico de la oración; por supuesto que no tengo nada en contra de tales interpretaciones, pero no deben ponerse como base sino como complemento, ya que no todas las mentes son capaces de asimilarlas y fácilmente pueden convertirse en ‘fórmulas mágicas’, en el sentido negativo de la expresión. Solo cuando hemos llegado, paulatinamente, al grado adecuado de nuestra formación espiritual, podemos, y debemos, familiarizarnos con estas interpretaciones. Muchas personas se sienten atraídas por estas explicaciones, por el misterio que encierran, intentando quemar etapas indiscriminadamente, y no tienen la paciencia de investigar el significado básico de estas oraciones, sin comprender que todos los demás comentarios descansan, se apoyan y se basan en estas primeras intenciones. Cuando un libro de oraciones está destinado a personas que no han alcanzado aún este nivel de estudio, no es lógico que incluya sistemáticamente este tipo de comentarios.

La necesidad de la oración

Nos preguntamos ¿de dónde proviene este deseo, esta necesidad, de orar?
Nuestros Sabios nos explican que el alma es una parte muy espiritual de nuestra personalidad, la cual necesita un cuidado especial, y parte muy importante de este cuidado es ponerse en contacto con el Creador. La oración le permite tomar este contacto, varias veces al día. Yo lo comparo, aunque soy consciente que el ejemplo no es perfecto, con la ‘necesidad’ que tenemos de recargar el móvil, para que pueda funcionar correctamente. La meta no es recargarlo, pero si no lo hacemos, el móvil no podrá cumplir con sus funciones.

Pero en la oración hay también una meta en sí misma, ya que, al fin y al cabo, nuestra misión en Este Mundo es allegar todo lo que nos rodea al Creador, relacionarlo todo con la misión que Él ha impuesto en Este Mundo en que vivimos. Al rezar, cumplimos con uno de estos pasos que nos llevan, al final de un largo proceso, a conectarlo todo con la Divina Voluntad. Debemos tener presente esto en el momento que nos disponemos a rezar, ya que es una de las intenciones más importantes de la oración.

Cuando el alma no recibe la energía que debe darle la oración, intenta sustituirla con otra fuente, con el arte, con la contemplación de paisajes, etc., con el esfuerzo intelectual. Estas sustituciones pueden cubrir una parte de la función, pero el alma va perdiendo su fuerza paulatinamente sin el contacto directo con el Creador, y con ella pierde también su sensibilidad espiritual.

Oraciones improvisadas

Otra gran pregunta que nos hacemos al ver el grueso libro de oraciones, el sidur, es ¿por qué necesitamos unas oraciones estándar, que muchas veces no entendemos, y no podemos improvisar unas oraciones particulares nuestras?

La pregunta es muy buena. Está claro que necesitamos expresar nuestro sentimiento personal y nos perdemos al tener que recitar unas oraciones que fueron redactadas hace siglos.

La respuesta es sencilla. Nosotros tenemos una personalidad particular, como está muy claro, pero también formamos parte de una sociedad, de un Pueblo. Las oraciones del sidur son las oraciones nacionales, las que marcan las necesidades de nuestra sociedad judía. Dentro de ellas debemos aprender a añadir nuestras necesidades personales. Los Sabios del Talmud explican que en cada oración de la Amidá debemos añadir una intención nueva. Esta intención puede ser particular o social. En la bendición por la sabiduría podemos añadir la intención de que apruebe los exámenes, en la bendición de la salud podemos añadir un deseo especial por algún familiar enfermo, etc. Pero debe estar claro que la base es la oración nacional y luego, entrelazada en ella, está la oración personal. Estas oraciones personales pueden ser improvisadas, redactadas por nuestro corazón. Podemos añadir una intención específica que amplíe un poco más la intención general de cada bendición, pero sin anular con ello la oración del Pueblo.

Hay un gran peligro en las improvisaciones, ya que podemos ofuscarnos por algún peligro, por algún deseo, y redactar una oración negativa, que nos daña a nosotros mismos, además de dañar a otros. Si el vecino nos molesta y llegamos a desear su muerte o enfermedad (por poner un ejemplo del Talmud), hemos destrozado el verdadero sentido de la oración. Por esto fue necesario que los profetas ayudaran en la redacción de las oraciones, para que no se infiltraran intenciones nefastas en esta conversación con el Creador.

Nuestros Sabios citan un versículo en el tratado talmúdico de Sanedrín (111b): “En aquel día el SEÑOR de los ejércitos será hermosa corona, gloriosa diadema para el remanente de su pueblo” (Yesha’yá 28:5) y explican: en el futuro, el Creador será como una corona sobre la cabeza de cada uno de los justos, de aquellos que esperaban la salvación, aquellos que se consideraban a sí mismos como ‘remanentes’, como ‘las sobras’ sin importancia de su Pueblo; o sea, que se ponían a la sombra del Pueblo, sin darse importancia a sí mismos. Así debemos considerarnos a nosotros mismos, buscando siempre el bien de nuestro Pueblo y poniendo nuestras necesidades al final.

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