La lección que me enseñó mi hija de 14 meses

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Este Rosh Hashaná, mi hija de 14 meses me dio una lección que nunca olvidaré.

Luego de una tranquila mañana de juegos en casa, llegó mi esposo de regreso de la tefilá (plegaria).
Vestido como un ángel, con su kitel (guardapolvo) blanco tal como acostumbran los ashkenazíes, después de haber rezado largas horas en el Beit Hakneset, volvió contento y satisfecho listo para ayudarnos a cumplir con la mitzvá de oír el shofar.

Desde que mi hija nació, he tenido el mérito de quedarme en casa a cuidarla sin poder asistir al Beit Hakneset. Si bien la mitzvá de oír el shofar es una mitzvá que depende del tiempo y las mujeres están exentas de ella, a lo largo de las generaciones las mujeres de Israel la adoptaron como obligación.

Por lo tanto, a partir del Rosh Hashaná pasado comenzamos una nueva tradición en casa, organizamos el toque de shofar para mujeres con niños que no pueden asistir a la tefilá. Colgamos carteles en las distintas entradas del edificio y avisamos a amigos y vecinos que creemos que pueden estar interesados en participar.

De regreso a la historia sobre mi hija, era el primer día de Rosh Hashaná, mi esposo se preparó para tocarnos el shofar y yo alcé a mi hija en brazos por temor a que se asuste con el fuerte sonido del cuerno.

Si bien mi esposo estuvo tocándonos el shofar durante todo el mes de Elul, durante esos días solo se toca 10 kolot (voces), pero en Rosh Hashaná quien no asiste a la plegaria debe aunque sea oír el mínimo de 30 kolot.
Y ahí estábamos, mi hija y yo junto con las otras mujeres y niños.

Cerré los ojos para intentar concentrarme y conectarme, sabiendo que sería posiblemente uno de los pocos momentos del jag en que podría dedicarme a algo espiritual.

Y en eso mi hija, viendo a su padre tocar el shofar con gran kavaná, comenzó a gritar con desesperación y alegría “aba, aba” (papá, papá). Yo me quedé anonadada, nunca antes la había visto así.

Y entonces pensé, así deberíamos gritar nosotros cuando oímos el shofar, así deberíamos gritarle a Hashem, “¡aba, aba, queremos acercarnos a ti!”, “permítenos regresar, hemos pecado, cometimos errores, incluso alejamos nuestro corazón”, pero cuando oímos el shofar, nuestro corazón se ablanda, logramos oír nuestra neshamá (alma), y el grito de la misma por reconectarse con su creador.

Quiera Hashem que en estos días de Teshuvá, en que Hashem se encuentra especialmente cerca nuestro, sepamos aprovechar la oportunidad y acercarnos nuevamente a aba, correr rebozando de alegría como niños pequeños que han perdido a su padre y repentinamente lo vuelven a encontrar.

¡Gmar Jatimá Tová!

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