El vino casher – Nociones de judaísmo

Rav Nissan Ben Avraham

מעורב-לקיץLa Libación

El Talmud y los libros de halajá hablan del problema que hay con el vino, tanto del vino producido por no-judíos como cuando quieren enviar botellas o botas de vino casher de un lugar a otro en caso que los portadores no sean judíos.

La Torá dice, en el cántico de Ha’azinu (Dvarim 32:38): “quienes comían el sebo de sus ofrendas y bebían el vino de sus libaciones”. El texto habla de los idólatras que ofrecen sacrificios a sus falsos dioses, y cuando los Hijos de Israel adoptan sus costumbres y hacen ellos mismos sacrificios a los falsos dioses, les dice el Creador, a continuación del mismo versículo: “¡que se levanten y os ayuden!” – si es que tienen fuerza para ello.

En el segundo capítulo del tratado de Avodá Zará (Idolatría), página 29b, dice el Talmud que de este versículo se aprende que el vino de ofrenda, la llamada ‘libación’ a los falsos dioses, está prohibido no tan solo beberlo sino también sacarle cualquier provecho. Y así se denomina el vino prohibido: ‘vino de libación’ o, en hebreo, ‘yen-nésej’, o simplemente ‘nésej’.

Siendo que en la antigüedad estaba muy extendida entre los no-judíos la costumbre de hacer libaciones a sus falsos dioses, hasta el punto de que cualquier vino que cayera en sus manos lo ofrecían en brindis a sus falsedades, el tema de los vinos producidos por no judíos se convirtió en una de las prohibiciones más básicas.

Productos del vino

No solo el vino que sabemos que ha sido ofrecido a los falsos dioses, sino cualquier vino producido por no-judíos o que ha estado en poder de un no-judío, se considera ‘nésej’ y, según el Shulján Aruj, está prohibido sacarle cualquier provecho, para evitar que alguien saque provecho de un vino que sí ha sido ofrecido en libación.

Los ashkenazitas opinan que, siendo que la costumbre de la libación ha desaparecido casi por completo, mientras no sepamos que este vino ha sido ofrecido en libación, podemos sacarle provecho, pero no beberlo.

Esta prohibición no recae sobre el vino producido por judíos y que ha sido cocinado o mezclado con miel o condimentos. De ahí que el vino pasteurizado pueda considerarse como cocinado y no lo prohíbe el contacto con el no-judío.

El vino casher convertido en vinagre, tampoco queda prohibido por el contacto con un no-judío, pero si se trata de vino producido por no-judíos (y por lo tanto está prohibido) y se ha convertido en vinagre, sigue estando prohibido.

Incluso cuando se destila el alcohol procedente de un vino ‘nésej’, sigue estando prohibido. Y esto está causando graves problemas con la globalización, ya que excedentes de alcohol ‘nésej’ puede llegar a fábricas de otros productos alcohólicos que no proceden del vino, como el wiski, el vodca, etc., y de pronto ¡el wiski es ‘nésej’! para evitarlo, los rabinos deben estar muy pendientes de los orígenes del alcohol usado en cada caso, comprobando la documentación de importación de las fábricas.

El vino y los Anusim

Un problema que ocupó mucho a los sabios de la Edad Media fue el trasporte del vino, ya que muchas veces quienes lo trasportaban no eran judíos. Mientras la botella o la bota de vino esté cerrada, no hay problema si el no-judío la toca. La cuestión es si podemos fiarnos de que no la haya abierto para catar el vino, y de nuevo la cerró.

Esta pregunta ya aparece en la Mishná del tratado de Avodá Zará, y allí se dan las primeras instrucciones.

En la literatura rabínica española de los siglos XIV y XV entró una nueva pregunta. Los Anusim, convertidos por fuerza al cristianismo en el durísimo verano del 1391, convivían en muchos casos con sus hermanos judíos en la misma calle, en el mismo barrio. Muchos de ellos seguían guardando el judaísmo a escondidas y otros se alegraban de haber cambiado de condición social. Por lo tanto la pregunta es ¿qué hacer con un vino que ha enviado un judío converso al cristianismo? ¿Podremos beberlo sin problemas, o se considera ‘nésej’?

Esta pregunta se la hizo el suegro de rabí Moshé Amar, de Mallorca, al rabino Yitsjac Perfet, conocido como el Rivash, que la pasó a su alumno, el rabino Shim’ón ben Tsémaj Durán, que había sido rabino de Mallorca. Éste escribió una respuesta importantísima para entender el tema de los Anusim en España en aquellos terribles tiempos, explicando varios principios que deben ser conocidos por todos aquellos que se ocupan de estos temas. Su conclusión es que, por lo menos en las condiciones de aquellos tiempos, se puede confiar en ellos tanto en el tema del vino como en otros temas de la Torá.

Han pasado seis siglos desde entonces, y somos testigos del regreso al judaísmo de los descendientes de aquellos Anusim, después de una demasiado larga experiencia espiritual en que vivían una doble vida: guardando el judaísmo en casa y guardando las apariencias en la calle. Una de las pruebas más duras que se plantean estas personas que regresan al judaísmo es la de no poder seguir consumiendo los buenos, y baratos, vinos ibéricos a los que están acostumbrados y tener que buscar los vinos casher, no siempre de su gusto y sin duda más caros y difíciles de conseguir.

A pesar de todo, seguimos guardando las leyes de cashrut, también aquellas que nos cuestan más, rectificando así lo que nuestros antepasados no pudieron cumplir.

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