La Providencia Divina

Por Rabino Itzjak Abud

El primer principio de los 13 fundamentos del maimonides (Rambam) es: yo creo Con fe absoluta, que do-s existe y dirige el mundo.

Con estas palabras el yehudi declara que do-s no solo creo el mundo, sino que sigue supervis?ndolo de forma individual. La historia que sigue demuestra esto sin menor duda que no existen las casualidades en la vida, sino que todo lo que sucede est? dirigido por el creador.

????Una historia ver?dica y emocionante”.

En Tel Aviv hay una estaci?n de taxis donde los conductores, despu?s de tantos a?os de trabajar juntos, se hicieron amigos, y una vez por mes se re?nen en la casa de alguno de ellos para contarse experiencias.
Cierto d?a uno de los taxistas se par?, pidi? silencio y comenz? a contar una an?cdota:

Esta semana viajaba como de costumbre por Tel Aviv, cuando una persona me pidi? viaje. Me detuve, y una vez dentro del coche, el pasajero me result? muy gracioso; un anciano que vest?a una camisa “Miami” a botones, un reloj y una pulsera de oro. Me pidi? que lo llevara a la calle Sheinkin y, mientras viaj?bamos, comenzamos a conversar; me cont? acerca de sus ?xitos, sus f?bricas y sus inversiones. Despu?s de un rato me pidi? permiso para fumar y cuando asent?, sac? de su bolsillo un habano. Seg?n me coment?, su costo era de cincuenta d?lares y mientras yo intentaba encender mi cigarrillo “Time”, ?l se apresur? y me dio fuego cordialmente. Vi que se trataba de un encendedor Zippo que valdr?a cientos de d?lares y, as? como estir? su brazo para encenderme el cigarrillo, la manga de su camisa se elev? y me permiti? ver que ten?a tatuado un n?mero, como esos que llevan los jud?os que estuvieron en los campamentos de exterminio? durante la Segunda Guerra Mundial.

Grab? el n?mero en mi memoria y algo me gener? una profunda emoci?n. Autom?ticamente, pis? el freno y estacion?; me di vuelta y le pregunt?:
?Sos un sobreviviente del holocausto?
Medio enojado porque par? de repente, me contest? con otra pregunta: ?Nunca hab?as visto a un sobreviviente del holocausto? Segu? camino por favor, me est?s demorando.

Me atrev? a pedirle que me hablara un poco sobre su pasado y, cuando se le pas? un poco el enojo, me cont? que toda su familia hab?a sido asesinada durante esos a?os de espanto.

Despu?s de la Guerra, investigu? y busqu?; necesitaba saber si todav?a quedaba alguien con vida. En una ocasi?n me lleg? un rumor que dec?a que mi hermano estaba ac?, en Israel, y cuando vine a buscarlo nadie pudo decirme algo en concreto hasta que una persona me coment? que lo hab?a conocido y que lamentablemente ya hab?a fallecido, as? que me qued? solo?

El taxista, hizo una pausa y les dijo a sus colegas que antes de seguir con la historia de este hombre, quer?a contarles algo sobre su propio pasado y fue as? como sigui? su relato:

Ustedes me conocen como una persona religiosa pero no lo fui toda mi vida; yo me convert? en religioso al casarme. Nac? y me eduqu? en un kibutz laico, por lo cual nunca tuve ninguna relaci?n con la religi?n.
Era un joven cuando cierto d?a, antes de alistarme en el ej?rcito, sentado en el comedor del kibutz y sin ?nimo, sent? nauseas. Me dije a m? mismo que mejor ser?a hacer r?pidamente mi trabajo as? podr?a irme a descansar a mi cuarto. En el lugar donde trabajaba hab?a un recipiente enorme en el cual tir?bamos papas. En la base del mismo hab?a cuchillas, como las de un blender, que cortaban las papas cuando llegaban a la superficie. Era un d?a de lluvia; me acerqu? a la m?quina con mis zapatillas mojadas y cuando intent? tirar las papas, resbal? y ca? dentro. Me golpe? todo el cuerpo y cuando reaccion?, me di cuenta que era la hora en que la m?quina funcionaba y yo me estaba hundiendo, junto con las papas, directo hacia las cuchillas.
Grit? con todas mis fuerzas pero nadie me escuchaba, todos estaban aturdidos por el ruido dentro del comedor del kibutz. Trat? de treparme pero todo estaba resbaloso y era, adem?s, muy alto, por lo quecomenc? a gritar m?s fuerte. Esta vez le ped?a a Dios que me ayudara. Nunca antes hab?a tenido una reacci?n parecida; empec? a gritar al cielo pidi?ndole a Dios que me salvara:
? ?Dios, socorro, no quiero morir!
Fue en ese preciso momento, cuando yo estaba aterrorizado y gritando desesperadamente, cuando una mano entra en la enorme palangana y me toma fuertemente para que yo no siguiera cayendo. Lo primero que vi fue el n?mero que llevaba tatuado en su brazo. Era la mano de mi vecino Zalman.

Zalman era un sobreviviente del holocausto que sufr?a de un aftershock y traumas. No hablaba ni se comunicaba con la gente. Le agradec? que me hubiera salvado la vida, y ?l me mir?, y sin contestarme se fue.

Desde ese d?a, el n?mero que vi grabado en su brazo me persigue por doquier; siempre lo record? y supe repetirlo cada vez que contaba la historia. Entr? al ej?rcito, y los primeros tres n?meros de mi documento eran como los de Zalman. Cuando me cas?, y compr? mi primera casa, los dos n?meros del medio que la identificaban eran como los dos n?meros del medio del tatuaje de Zalman, y cuando compr? un tel?fono celular, los ?ltimos tres d?gitos eran como los ?ltimos tres del brazo de Zalman…

Cuando el anciano del taxi me encendi? el cigarrillo, los n?meros de su brazo eran parecidos a los de Zalman; casi iguales. S?lo el ?ltimo era distinto, y cuando vi que era correlativo al de Zalman trab? las puertas del taxi, gir? en ?u? y comenc? a viajar con destino al kibutz. El viejo empez? a gritar y, seguramente, pensaba que lo estaba raptando, por lo cual le cont? la verdad y le dije que era posible que su hermano, a quien ?l hab?a perdido, fuera el Zalman que yo conoc? de joven, y que est?bamos viajando a su encuentro y que, a lo sumo, si no fuera as? lo llevar?a hacia su destino original y no le cobrar?a el viaje. Yo ten?a la esperanza que Zalman estuviera vivo todav?a, a pesar de que hab?an pasado much?simos a?os. Al llegar al kibutz sent? que no hab?a pasado el tiempo; me acordaba de todo; cada rinc?n, lo que hizo que lleg?ramos directamente a la casa de Zalman. Sab?a exactamente d?nde estaba ubicada.

Me baj? del taxi, y al minuto de haber golpeado, ese minuto eterno, ocurri? el milagro esperado, Zalman me abri? la puerta. Lo abrac? fuertemente como cuando no ves a un ser querido durante una gran cantidad de a?os. Zalman no reaccion?, no abri? la boca, parec?a que no me recordaba. Cuando se baj? del taxi mi pasajero y se nos acerc? sin que me diera cuenta, fui testigo de un momento hist?rico: Ambos se reconocieron instant?neamente como hermanos. Fue, adem?s, la primera vez que escuch? a Zalman hablar.

Siento que Zalman fue enviado desde el cielo para salvar una vida, la m?a, para que esa misma vida le trajera a su hermano perdido. Sent? que el rol que cumpl? en este drama no fue casual. Estoy seguro que alguien desde el cielo me empuj? a llevar a cabo esta misi?n y no me qued? otra que decirle gracias.Gracias a Dios que me permiti? ser el protagonista de esta historia.?

As? fue como este relato hizo que sus colegas, de a poco, se le empezaran a acercar y a abrazarlo como nunca.

3 thoughts on “La Providencia Divina

  • May 5, 2015 at 1:17 am
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    Emocionante historia.

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  • May 7, 2015 at 12:06 pm
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    Que hermosa historia y por sobre todo, saber que D-s est? en todos los detalles.

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  • September 1, 2017 at 1:58 am
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    Cada vida es una historia llena de milagros y de datos llenos
    de momentos en los que d.ios ha actuado en nuestras vidas , si cada ser humano nos detuvieramos unos minutos cada noche para relatar en un libro las muchas cosas que d.ios nos da cada dia , estariamos llenos de bendiciones porque nuestro mundo seria todo un mundo lleno de gente agradecida porque hasta el aire que respiramos se lo debemos al D.ios vivo y poderoso de Israel . Muy bella historia

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