El derecho de pernada

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1734743408_a94d773ae1_bPor Rabino Nissan Ben Avraham

El día de la boda

El tratado talmúdico de Ctubot explica, en sus primeras páginas, que los Sabios decretaron que las bodas se celebraran en los miércoles, ya que los jueves por la mañana había sesión de los Tribunales, y en caso de que hubiera problemas en la primera noche de bodas, pudiera el novio llegar al juicio antes de que su enfado se calmara.

Debemos explicar el caso. Ya sabemos que el adulterio está seriamente prohibido. Antiguamente las bodas estaban divididas en dos partes: en la primera, llamada ‘quidushín’, el novio consagraba a la novia y la convertía en su esposa legal, pero aún no comenzaban la vida matrimonial, sino que esperaban unos meses, normalmente todo un año, hasta que se celebraba la segunda parte, llamada ‘nisuín’, en la que se celebraba un festín para señalar el comienzo de la vida marital. Actualmente se celebran las dos partes en un solo acto. Ambos vocablos hebreos están en plural.

En la fase de los nisuín, el novio se compromete, firmando un documento llamado ‘ctubá’, a cuidar de su mujer según lo estipulado en la Torá (Éxodo 21:10) y por los Sabios. Y también una suma concertada entre ellos para el caso de quedar viuda, teniendo él hijos de otra mujer, para no quedar desamparada. O en caso de que el marido decidiera repudiarla. Esta suma de dinero es normalmente denominada ‘ctubá’, o sea, la suma estipulada en la ctubá.

Problemas de fidelidad

En caso de que durante estos meses la mujer tuviera relaciones ilícitas con otro hombre, se considera adulterio, ya que la mujer está ya casada legalmente. No estamos hablando de que la pillaran in fraganti, sino que, al llegar la noche de bodas, los ‘nisuín’, el novio descubre que la novia no era virgen.

Cierto que la duda es doble, ya que puede ser que esta relación tuviera lugar antes de la fase de quidushín, y por lo tanto no era adulterio. Y aunque fuera en la época en que ya estaba consagrada en matrimonio, si la relación sexual había sido forzada, o sea, que la novia había sido violada en contra de su voluntad, por supuesto no se considera adulterio y no hay motivo para ‘enfadarse’ con ella. De todos modos, esto es lo que el Tribunal debe descubrir.

En caso de que las relaciones hubieran sido antes de la fase de quidushín, o que hubiera sido violada incluso después de hacer los quidushín, el tribunal declaraba a la mujer inocente, y podían seguir su vida marital. Pero en caso de descubrir que  las relaciones habían sido voluntarias y después de haberse convertido en su esposa, se trata de adulterio y les está prohibido continuar la vida matrimonial: deben divorciarse, y siendo que la mujer ha sido la que ha causado la ruptura de los lazos matrimoniales, pierde el derecho a cobrar la ctubá.

El tema es muy grave, y debe verificarse que, efectivamente, dejen de vivir juntos. El marido, claro, se siente traicionado por su esposa y en las primeras horas después del descubrimiento impera el rencor y está dispuesto a deshacer el lazo matrimonial. Pero, al fin y al cabo, se casaron por amor, o por lo menos había un sentimiento positivo entre ellos que les llevó a la jupá (el palio matrimonial), y este sentimiento causará, a la larga, que el enfado al descubrir la traición se enfríe y el marido no acuda al Tribunal, con falsas excusas de que ‘seguramente’ fue antes de los quidushín, o que no fue una relación voluntaria. Así, pues, decretaron que la boda, los nisuín, fueran siempre en miércoles, ya que los tribunales tenían sesión en jueves.

Peligro en la boda

En realidad, añade el Talmud, los tribunales tenían sesiones también en lunes, por lo que podría celebrarse la boda también en domingo y así, en caso de haber problemas, podría acudir a la mañana siguiente al Tribunal. Pero, añade el Talmud, los Sabios ‘se afanaron’ en que el novio se ocupara durante tres días, por lo menos, en preparar el festín nupcial, y si la boda fuera en domingo cabe sospechar que profanara el shabat en su afán de preparar el festín. Por lo tanto, ¡no queda otro remedio!, la boda debe celebrarse en miércoles.

Aquí nos proporciona el Talmud un dato extraordinario. Dice que desde que comenzó el peligro acostumbraron a celebrar la boda en martes, y los Sabios no protestaron. Pregunta el talmud: ‘¿a qué peligro se refiere?’ Si se trata de peligro de muerte, que los enemigos decretaron que la novia que se case en miércoles será ejecutada, no cabe decir que pueden cambiar el día de la boda para evitar la muerte.

Por lo tanto, deduce, debe tratarse del caso en que decretaron que la novia debía acudir al ‘hegemón’, el gobernador griego, antes de acostarse con su marido. Lo que luego llamaron en España el ‘derecho de pernada’, que permitía que el conde (o el duque, o el obispo), disfrutara de la novia y ‘comprobara’ que era virgen en el día de su boda. Y ¿por qué se denomina ‘peligro’, y entendemos que se trata de peligro de muerte? Debería decir que se trata de una coacción, una violación, y no un peligro. La respuesta es que hay muchachas virtuosas que prefieren morir que dejarse violar, y por lo tanto tememos que la novia se suicide para no ser violada.

Muchachas desgraciadas

El Talmud hace una pregunta teorética. ¿Por qué no se les explica a las novias que una mujer violada no pierde sus derechos matrimoniales? O sea, que ‘no tienen que preocuparse’ por el hecho que el hegemón las fuerce: ellas seguirán siendo consideradas fieles esposas, con todos sus derechos.

No me atrevo ni a imaginarme la situación. Las desgraciadas muchachas eran tratadas por los gobernadores griegos peor que si fueran objetos, pisoteaban descaradamente su intimidad, su pureza y su inocencia virginal de un modo arbitrario, para satisfacer el placer corporal del hegemón. ¡Vaya modo de comenzar una vida matrimonial! Por supuesto que los Sabios, en este caso, permitían que, sin previo aviso, adelantaran el día de su boda para evitar esta horrible situación.

De todos modos, y de un modo puramente teorético, podemos preguntarnos ¿por qué no se les explica que con esta violación no pierden su estatus social o matrimonial?

Novias especiales

Dice el Talmud que puede darse el caso de novias impúdicas, con los valores morales invertidos, que disfrutan de pasar una noche con el conde o el obispo antes de ‘someterse’ a su marido. Para ellas ya no se trata de una violación sino de un adulterio crudo y duro, y con ello destruyen el matrimonio por completo, mientras que la violación ‘solo’ lo pone en grave prueba.

También están las novias de los sacerdotes, los ‘cohanim’. Para ellos no hay medias tintas, y el hecho de haber sido violadas no remite del hecho que el matrimonio en su más alto grado haya quedado estropeado y debe disolverse. Por lo tanto, la ‘solución’ de que la violación no hace perder el estatus matrimonial no siempre es correcta.

Está claro que los decretos rabínicos no pueden tomarse a la ligera, pero tampoco esperamos que deban someterse a tal tortura solo por tener que guardar un decreto destinado precisamente a evitar la fornicación. Aun así, el Talmud dice que los decretos antisemitas no tienen futuro y más temprano o más tarde serán abolidos, mientras que los rabínicos tienen una vitalidad eterna ya que son la rectificación de un daño mucho más grave.

La Anusá

En todo este texto aparece repetidas veces la noción de novia ‘violada’, anusá, en hebreo, que es el nombre dado a todos aquellos judíos que se vieron obligados a lo largo de la historia del Pueblo de Israel, a someterse a los caprichos malvados de los antisemitas, los Anusim. Los Sabios se vieron obligados ya desde tiempos muy antiguos a sopesar el daño causado por los antisemitas que venían no solo a matar indiscriminadamente sino, mucho peor, a destruir los principios del Judaísmo, la base del Pueblo de Israel. ¿Cómo luchar con este enemigo? ¿Rendirse a las ‘evidencias’ y renunciar a todo para librarse del peligro, o imponer unos límites que nunca pueden ser rebasados, para guardar la identidad judía a pesar del ‘peligro’ antisemita.

Solo el estudio muy detenido de todos estos temas, a lo largo del Talmud, puede darnos una respuesta aceptable. Aquí hemos visto tan solo un esbozo del problema y los puntos de vista básicos de nuestros Sabios. El modo de aplicarlo siempre ha sido difícil y polémico, y nos exige mucha atención y aplicación para llegar a entenderlo.

2 thoughts on “El derecho de pernada”

  1. Buen artículo. He oído hablar del “Derecho de Pernada”, pero nunca un análisis como el que acabo de leer. Excelente.

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