La Inquisición en las Antillas

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Por Rabino Nissan Ben Avraham

antillas 2El profesor Esteban Mira Caballos escribió una tesis inédita sobre la instauración de la Inquisición en América, de la que aporto algunos extractos.

Los “herejes” en el Nuevo Mundo

Dice que ya desde los primeros años de la Colonización, la Corona española intentó impedir la entrada en el Nuevo Mundo de judeoconversos que diesen mal ejemplo a los indígenas. El cumplimiento y ejecución de tales leyes se controló desde un principio por la Casa de la Contratación de Sevilla, institución que desde 1509 recibió la orden de registrar a todos los pasajeros que se embarcaban para las Indias, limitando el tráfico a una serie de grupos de excluidos como los extranjeros, los herejes y los no católicos. Sin embargo, esta legislación prohibitiva no fue suficiente para evitar que los jurídicamente apartados pasasen a las Indias sin excesivas dificultades, como lo demuestran las altas cuotas de emigración ilícita.

El profesor Mira Caballos explica que en relación a los judeoconversos las prohibiciones se repitieron en numerosas ocasiones: 1501, 1509, 1514, 1518, 1526, 1534, 1539, etc. y que tan sólo hubo una excepción que duró legalmente entre 1511 y 1513 en la que se les autorizó a permanecer en América un máximo de dos años. A pesar de todo esto, muchos judeoconversos llegaron a las islas antillanas en las primeras décadas de la colonización. Así, en 1517 los frailes Jerónimos, en una carta dirigida al Cardenal Cisneros, le informaron de cuán numerosos que eran los herejes y conversos que allí habían llegado, claramente “huyendo de la inquisición”. Incluso en 1526, en un juicio sobre unos conversos que habían ejercido oficios públicos, se declaró que había otros muchos en La Española que usaban los oficios públicos y reales.

Por lo tanto, vemos que a pesar de las prohibiciones, se mantuvo una emigración constante de judeoconversos y perseguidos por la Santa Inquisición que no encontraban ningún tipo de problemas para embarcarse rumbo a las Indias. Así, conocemos el caso de un judeoconverso, llamado Alonso Rubuelo, vecino de Santa Olalla (Huelva) y natural de Casas Rubias, que fue procesado en Castilla del Oro hacia 1529. Los testigos, presentados en un juicio que se le hizo, afirmaron que su padre fue judío “y se tornó cristiano y después fue reconciliado por la Santa Inquisición y murió con Sambenito”. Alonso Rubuelo, siendo mayordomo del Señor de Santa Olalla, don Esteban de Guzmán, se fugó con cierta suma de maravedís a Sevilla donde, sin ningún tipo de problemas, pudo embarcarse para las Indias, viviendo largos años en Panamá y disfrutando, incluso, de una encomienda de indios.

Instauración de la Inquisición

En isla de La Española, parece ser que ya el primer Obispo de Santo Domingo, Francisco García de Padilla, y el de Concepción de la Vega, Pedro Suárez de Deza, recibieron poderes del Inquisidor General Jiménez de Cisneros para que fuesen inquisidores en sus respectivas jurisdicciones que no llegaron a ejercer el oficio ya que ni tan siquiera fueron a residir a sus respectivos Obispados. En 1517, los Jerónimos señalaron la necesidad que había de “ministros de la Inquisición” por los “muchos herejes que han pasado y pasan”. Así, dio poder el Cardenal Cisneros a los Jerónimos, para que “como inquisidores procediesen contra los herejes y apóstatas que hubiese” y en 1519 se decidió el nombramiento de dos Inquisidores Generales: el dominico fray Pedro de Córdoba y el Obispo de Puerto Rico, Alonso Manso. Pero en realidad quedó en solitario como Inquisidor General el Obispo Manso quien hizo uso de su poder desde su llegada a Puerto Rico, en 1521, hasta su fallecimiento ocurrido el 27 de septiembre de 1539.

Ahora bien, los inquisidores de estas islas, y en última instancia el propio fray Alonso Manso, dependieron en todo momento del Inquisidor General del Arzobispado de Sevilla, rasgo característico del carácter “metropolitano” del Arzobispado de Sevilla del que dependían, como es bien sabido, los primeros obispos de las Indias y a donde se apelaban en última instancia todos los pleitos tanto ordinarios como de inquisición.

En Puerto Rico centralizó fray Alonso Manso la sede principal de la Inquisición no sólo en las Antillas Mayores sino también en las Menores y en la Costa de las Perlas. En la ciudad de Puerto Rico se estableció la máxima autoridad inquisitorial de estos extensos territorios caribeños. Fue precisamente en esta isla donde esta institución eclesiástica se hizo valer de forma más virulenta, afectando incluso a altos cargos de la isla, como, por ejemplo, al licenciado Sancho Velázquez, que había sido juez de residencia y repartidor de indios en San Juan, o a Blas de Villasante, tesorero de la misma isla. Incluso, conocemos el suceso ocurrido con un vecino de Puerto Rico, llamado Francisco de Morán, que fue prendido por la Santa Inquisición y estando en la cárcel pública “se desesperó y se ahorcó”. El obispo Manso utilizó desde 1532 la casa del tesorero como cárcel para casos eclesiásticos, independiente, por supuesto, de la cárcel pública. En las demás islas ejercieron el cargo de inquisidores los distintos Obispos de cada una de ellas, aunque siempre bajo el nombramiento expreso de fray Alonso Manso.

En el caso de La Española parece ser que tras la muerte de fray Pedro de Córdoba el poder de la Inquisición pasó al Obispo Geraldini sin que tengamos por lo demás noticias de su actuación al frente de esta institución. Por lo demás, sabemos que en 1533 ostentaba el oficio de inquisidor en La Española el Obispo de Santo Domingo y Concepción de la Vega, aunque actuaba prácticamente como mero delegado de Alonso Manso.

En el mismo 1533, el Obispo Manso recriminó al Obispo de Cuba el hecho de haber descomulgado al oidor Vadillo “en ciertas cosas so color que son de inquisición y estando el dicho licenciado fuera de vuestro Obispado…”. En estas palabras se refleja la extralimitación del Obispo de Cuba al juzgar a un vecino de La Española que sin duda debía estar sujeto, en primera instancia, al Obispo de esta isla y, en segunda instancia, al Inquisidor General don Alonso Manso. En el mismo documento Manso dio poder a “cualquier clérigo presbítero de Santo Domingo” para que pudiese absolver a Vadillo, lo que vuelve a demostrar que el Obispo de Puerto Rico tenía poder supremo en el área caribeña en todo lo referente a las cuestiones inquisitoriales.

En Cuba el primer inquisidor fue el Obispo fray Miguel Ramírez el cual usó y abusó del dicho cargo en su beneficio personal. Fray Miguel Ramírez concentró un enorme poder ya que acumuló los cargos de Obispo, inquisidor y repartidor de indios (sistema de trabajo semiforzado impuesto sobre los indígenas por los españoles en diversos lugares de América) -este último puesto compartido con el gobernador Gonzalo de Guzmán-. Sabemos que el Obispo de Cuba procesó a numerosos herejes, quemando en la hoguera a algunos de ellos. Su independencia y rigidez lo hizo enfrentarse no sólo con algunos oficiales y otras personas influyentes de la isla sino incluso con el propio Obispo Manso quien, como ya hemos mencionado, lo llegó a amenazar de excomunión si no se desentendía de una causa que llevaba contra el oidor Vadillo. Poco después, se expidió una Real Cédula en la que se nombraba a Pedro de Adrada, bachiller en artes y en teología, por “provisor fiscal o vicario general de la isla de Cuba”, dándole poder para reprimir casos de inquisición. Concretamente se le daba poder “para castigar cualquier delito en personas civiles o eclesiásticas y absolver descomulgados mayores y menores y podáis imponer penitencias públicas…”

En 1537 ejercía el cargo de inquisidor de Cuba el deán de la Catedral de Santiago, quien mandó prender al tesorero Lope Hurtado. Sin embargo, a la llegada, en 1538, del nuevo Obispo, Diego Sarmiento, éste asumió el cargo de inquisidor de la isla, oficio que usó tan enérgicamente que, tanto el Cardenal de Toledo como el propio Carlos V, tuvieron que pedirle moderación.

También sabemos que en Nueva Cádiz, capital de la isla de Cubagua (al norte de Venezuela), el Obispo Sarmiento tenía situado un vicario suyo “con poder de inquisidor”. Allí, se había organizado la institución con los cargos de alguacil, fiscal y demás familiares de la inquisición.

Abuso del poder

El profesor Mira Caballos nos explica que la implantación de la Inquisición en las Antillas se llevó a cabo en medio de una fuerte oposición por parte de las élites que veían mermado su poder. Además estuvo dirigida por un amplio sector de las élites antillanas entre los que se encontraban muchos de los oficiales reales.

América se había convertido en una ‘tierra de libertad’ a la que huyeron incluso muchos de aquellos que eran perseguidos por la Inquisición castellana, constando la presencia en las Indias de conversos y de perseguidos por la Inquisición desde los primeros años.

Las quejas contra los inquisidores que abusaban de sus cargos comenzaron al poco tiempo de su implantación, pues ya en 1526, algunos pobladores pidieron al Rey que esta institución se encomendara a la Orden de Santo Domingo o de San Francisco para evitar así sin las tan temidas “pasiones”.

Otra de las reivindicaciones más frecuentes de los colonos fue que los inquisidores fuesen personas doctas, como ocurría en Castilla, pues sólo de esa forma se evitarían las parcialidades y el abuso de poder. Esta petición fue reiterada, en 1536 cuando los oidores de La Española pidieron que “en adelante los inquisidores sean letrados y en quien concurriesen las demás cualidades que se requerían para tan santo oficio porque lo demás es usar cada uno de sus pasiones…”

Las críticas contra el obispo de Cuba, fray Miguel Ramírez, fueron muy importantes, participando en ellas casi todos los cargos reales (con la única excepción del gobernador) y muchos antiguos pobladores. Así, en una información hecha por el alcalde mayor de la isla se le acusó de tomar por causa de Inquisición causas que no lo eran, como los escándalos públicos, y de ‘estar despoblando la isla’. Concretamente el tesorero Lope Hurtado declaró que había “visto a muchos vecinos irse porque estaban atemorizados por la Inquisición” y que era una de las causas de la despoblación que estaba padeciendo la isla en esos años.

El Profesor Esteban Mira aporta que la mayor oposición se centró en la isla de San Juan (que es la actual Puerto Rico) donde se encontraba la sede de la Inquisición antillana. Las críticas fueron tan rotundas desde 1527 por parte de los cabildantes de Puerto Rico y otros vecinos, que tuvo que ser contundente en primer lugar el propio Obispo Manso y poco después la Corona. Así el 6 de enero de 1528 el Obispo de San Juan expidió una carta a “sus ovejas” sobre la Inquisición amenazando de excomunión a todos los que atacasen “el dicho Santo Oficio y el ejercicio de él contra el inquisidor y oficiales y ministros de él…”

Pero las quejas no sirvieron para nada, ya que la Corona mostró la firme decisión de defender a capa y espada la Inquisición, muy a pesar de los numerosos memoriales que recibió de los nuevos colonos quejándose de dicha institución. Estaba clara el enorme fruto que esta institución estaban dando en Castilla como “instrumento de poder político y control social” como para privarse de sus beneficios en el Nuevo Mundo.

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