Los Trece Principios de Fé

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rambam_nPor Rabino Nissan ben Avraham

Escribe rabí Moisés ben Maimón, conocido como Maimónides o Rambam, según su acróstico, que algunos Sabios difieren sobre el tema de qué gana el hombre al cumplir los mandamientos de la Torá o qué mal le llegará si no los cumple. Después de una larga deserción sobre el tema del paraíso y de las ganancias espirituales destinadas a quien cumple los mandatos divinos, pasa Maimónides a resumir los Principios de Fe y resume diciendo que “quien cree en estos principios y los estudia para comprender de dónde proceden y cuáles son sus cualidades, pasa a formar parte del Pueblo de Israel a quienes debemos amar y respetar y de quienes debemos tener misericordia y portarnos con él según nos indica la Torá, a pesar de que caiga en algunos pecados por culpa de sus malos instintos y será castigado por ellos, pero tendrá su lugar en el Mundo Venidero. Pero cuando le falta uno de estos principios, se le considera hereje y queda excluido de la Comunidad”.

Y por la importancia que tienen, debemos darles aunque sea una corta explicación, y voy a basarme en las que da el rav Israel Meir Lau, ex Gran Rabino de Israel, al final de su libro “Hanajat Yesod” (‘Premisa’).

  1. Creemos que existe el Creador. Este principio viene a resaltar, ante todo, la fe en que el mundo en que vivimos fue creado por el Creador Bendito. Pero no solo esto, sino que el mundo tiene una meta y no es el resultado de una evolución ciega. Aprendemos también que el Creador sigue vigilando lo que ocurre y sigue guiando a sus criaturas. El ateísmo teme las consecuencias del reconocimiento de un Creador, que implican que el hombre debe seguir las pautas impuestas para que esta creación llegue felizmente a una meta positiva.
  2. El Creador es uno y único. Es el significado del versículo del Deuteronomio (6:4) que leemos cada mañana y cada noche: “Escucha, Israel, el Seños es nuestro D’ios, el Señor es Uno”. Viene a expresar nuestra fe que el Creador no necesitó ayuda para llevar a cabo su creación. No como los yazidis persas que hablan de dos fuerzas, una buena y otra mala; ni como el cristianismo que habla de un dios trino, compuesto de tres personas. Nosotros creemos en un D’ios indivisible. Pero también implica que toda esta creación está unificada, no es un conjunto desordenado de detalles, y debemos descubrir los secretos de esta unicidad universal: esto es proclamar la unicidad del Creador.
  3. El Creador no tiene cuerpo. Este principio era muy difícil de entender en el pasado lejano, cuando estaban acostumbrados a los ídolos. Al hablar de un Creador incorpóreo nos referimos, también, a que no puede tomar forma humana, no puede ‘encarnarse’, como dice el Cristianismo. El Creador no tiene cuerpo ni puede ser representado por dibujos o figuras materiales. Las expresiones bíblicas que parecen dar atributos humanos al Creador fueron ya traducidas al arameo por Onquelos hace unos dos mil años de modo que se entendiera la verdadera intención del texto, y fueron luego extensamente explicadas por Maimónides en su célebre libro ·Guía de los Perplejos”.
  4. El Creador es el Primero y el Último. Por su esencia puramente espiritual, el Creador es infinito. Implica esto que todas sus cualidades son también infinitas y no está limitado ni por el tiempo ni por el lugar. Y si en Este Mundo en que vivimos aparecen limitadas, es a causa de las necesidades de la creación que Él quiso e impuso y que en cualquier momento puede anular.
  5. El Creador es el único a quien podemos rendir culto y rezar. Es el resultado de los principios anteriores. El profeta Isaías tiene muchos capítulos dedicados a desarraigar la costumbre pagana de rezar y rendir culto a los ‘intermediarios’, aquellos seres, como el sol y la luna, que cumplen una misión en el mundo en que vivimos, pero que no tienen voluntad propia ni poder para decidir si deben alumbrar o no. Lo mismo diremos de los ángeles o seres espirituales o humanos, que por mucho que hayan perfeccionado su comportamiento hasta merecerse ser llamados ‘Justos’, por alta que sea su condición, nunca deberán ser centro de culto, de oración o de alabanza.
  6. Las Profecías son verdaderas. Una cuestión muy importante es que el Creador está en contacto con la Humanidad por medio de sus fieles siervos, los Profetas. Este principio viene a desmentir las antiguas creencias paganas (y algunas modernas) que negaban la posibilidad de contacto entre la materia y el espíritu y más aún entre el Creador y el Hombre. Nosotros creemos que hay contacto, que se lleva a cabo por medio de los Profetas, que nos dejaron mensajes escritos con la Voluntad Divina en ellos expresada.
  7. La Profecía de Moisés. Entre todos los profetas, Moshé (Moisés) fue quien llegó a purificar su cuerpo y su alma hasta el punto de convertirse en ejemplo único de profeta que consiguió un contacto ‘cara a cara’ con el Creador, como dice el antepenúltimo versículo de la Torá, convirtiéndose en un ser angélico, como dice el versículo del Deuteronomio (33:1). Maimónides menciona cuatro grandes diferencias entre la profecía de Moisés y la de los otros profetas: 1. Los otros profetas recibieron su profecía por medio de un intermediario, un ángel, mientras que Moisés la recibió directamente del Creador. 2. Los otros profetas recibían la profecía mientras dormían o caían abandonados de sus sentidos, mientras que Moisés habló con el Creador ‘cara a cara’, o sea, de un modo plenamente consciente y despierto. 3. Los otros profetas, a pesar de recibir la profecía por medio de un intermediario, les entraba un gran miedo, temblaban y su cuerpo material sufría y casi morían (como relata Daniel 10:8), mientras que Moisés quedaba en plenas funciones físicas e intelectuales. Y 4. Los otros profetas no recibían la profecía cuando querían sino cuando el Creador quería enviarla, y podían estar esperando días o años y rogando al Creador y purificándose para ello, hasta que se la enviaba o no se la enviaba, mientras que Moisés cada vez que quería la podía recibir, como dice (Números 9:8) “esperad y oiré qué os ordena el Señor”.
  8. La Torá que tenemos en nuestras manos es la que fue entregada por el Creador. No se trata de un trabajo personal de un gran líder, Moisés, o de una copia o recolección de legislaturas contemporáneas, como sea la de Hammurabi u otro código egipcio o sumerio. La Torá es Palabra del Creador, todas y cada una de sus palabras fueron dictadas por el Creador, sin que hubiera ninguna intervención humana en el mensaje.
  9. Esta Torá no será cambiada ni habrá otra Enseñanza del Creador. Tanto el Cristianismo como el Islam pretenden anular o minimizar el valor de la Torá; los cristianos la relegan al ‘antiguo testamento’ desvalorizado por el ‘nuevo’, y los musulmanes dicen que los judíos falsificaron el mensaje divino hasta que llegó Mahoma con el ‘verdadero mensaje’. Este principio de fe viene a negar cualquiera de estas dos interpretaciones. El mensaje de la Torá es Divino y no es posible que sea cambiado ni rectificado por nada ni por nadie.
  10. El Creador conoce las acciones y los pensamientos de los hombres. Viene a negar la opinión de los que dicen que el Creador “ha abandonado la tierra”, como relata el profeta Ezequiel (8:12) que pensaban algunos ancianos de Israel, por el hecho que estaba a punto de acaecer la destrucción del Primer Templo. O sea, que sabían perfectamente que el Creador conoce los actos del hombre, pero pensaban que esto era solo cuando el Pueblo se portaba bien y la Presencia Divina residía gloriosa en el Templo, pero cuando la Presencia Divina se debilitaba debido al mal comportamiento del Pueblo, el Creador abandonaba la tierra y dejaba de interesarse en ella y en sus habitantes. Maimónides explica que el profeta viene a corregir este erróneo punto de vista.
  11. El Creador recompensa a los que guardan sus mandamientos y castiga a los que los transgreden. En consecuencia con el principio anterior, creemos que siendo que el Creador conoce nuestros actos, también da la recompensa que nos merecemos. Hay varios capítulos en la Torá que hablan de recompensas y castigos. Cierto que la verdadera recompensa no es en Este Mundo sino en el Venidero, pero hay algunos actos que merecen parte de su recompensa de inmediato, como son algunos de los mandamientos sociales. La Torá también nos inculca que no podemos saber el verdadero valor de los mandamientos, cuál de ellos es más grave y cuál más leve como para decidir cuál de ellos ‘nos conviene’, o cuál ‘tiene preferencia’, sino que debemos cumplir todos los que podamos y lo mejor que podamos.
  12. Creemos en la venida del Mesías, aunque tarde en llegar. Este mandamiento es consecuencia del que dice que Este Mundo tiene una meta y las cosas no ocurren casualmente, aunque no siempre somos capaces de comprender los motivos. Todo lo que ocurre nos conduce a la salvación final, a la época en que todos reconozcan el poder del Creador. Era un punto crucial en las disputas que tuvieron lugar en la Edad Media entre judíos y cristianos, ya que estos últimos opinan que el mesías ya llegó hace dos mil años, mientras que los judíos comprenden que aún no hemos llegado a la Época Ideal. Se pregunta el rav Lau, él mismo superviviente del Holocausto, si podía saber Maimónides que este principio de fe se convirtió en el himno cantado o murmurado por los judíos deportados que llegaban a las cámaras de gas de los Campos de Exterminio, declarando con ello su confianza en que su sufrimiento no era más que una fase más de un largo proceso que, al fin y al cabo, lleva a una época ideal, la Era Mesiánica.
  13. La Resurrección de los Muertos. El alma es eterna y nuestro cuerpo resucitará en el futuro para albergarla de nuevo. Cierto que la Torá no habla abiertamente de la vida después de la muerte, pero la insinúa muchas veces. El rabino italiano Moshé Jaim Luzzatto explica en sus libros las diferentes fases por las que debe pasar el alma antes y después de la Resurrección.

Estos son los Principios de Fe que todo judío debe conocer, aceptar y estudiar a fondo.

One thought on “Los Trece Principios de Fé”

  1. Venerable Nissan, ¿podría exponer qué partes de la Torá insinúan que el alma es inmortal o eterna y que sigue viviendo fuera del cuerpo, y cómo puede ser esto, siendo que supuestamente solo el Creador es eterno?

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