El Estudio de la Palabra Divina

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Por Rabino Nissan ben Abraham

IMG_1274[1]La Torá, El Pentateuco

Los cinco primeros libros de la Biblia hebrea, el Tanaj, son los llamados Pentateuco en griego o Torá en hebreo. Fueron dictados por el Creador a su siervo Moisés durante los cuarenta años que vagaron por el desierto después de su salida de Egipto. Son, por lo tanto, libros proféticos, que nos enseñan la voluntad del Creador, tanto Su voluntad, su meta, al crear el mundo en que vivimos, como lo que Él quiere que hagamos en este mundo que creó.

En la Torá hay mandamientos e instrucciones sobre cuál es el comportamiento adecuado para el individuo y para la nación. El Pueblo de Israel estuvo dispuesto, de entre todos los pueblos de la Tierra, a aceptar el mensaje divino y poner en práctica Sus Mandamiento. Por ello fue ‘elegido’ por el Creador para que cumpliera tales mandamientos en el lugar adecuado para ello, que es la Tierra de Israel.

En la Torá hay 613 Mandamientos según la tradición rabínica, divididos en 248 activos y 365 prohibiciones. Muchos de ellos se refieren al culto del Templo y a instrucciones relacionadas con la agricultura en la Tierra de la Profecía, la Tierra de Israel.

La Torá Oral

Algunos de estos mandamientos están prolíficamente explicados en el mismo texto, mientras que otros están apenas insinuados, dando lugar a falsas interpretaciones por parte de aquellos que carecen de la verdadera tradición.

Esta tradición es la recibida por el mismo Moisés de boca del Creador, la llamada Torá Oral, en contraposición a la Torá Escrita. Al ordenarle, por ejemplo, que se deben ‘escribir estas palabras en las jambas de tus casas’ le explicó el Creador qué texto exactamente debía escribirse y de qué modo y en qué tipo de pergamino, cuáles jambas eran las adecuadas para el cumplimiento del mandamiento, etc.

Moisés entregó a sus alumnos, Josué y los Ancianos de Israel, las instrucciones para poder relacionar correctamente esta Tradición, esta Torá Oral con la Escrita. Siglos más tarde, los Sabios redactaron trece principios de interpretación de los textos de la Torá, llamados ‘principios de la exégesis’, usados para deducir los detalles de cada mandamiento y de cada enseñanza de la Torá.

El Estudio

Nos enseñan nuestros Sabios que no basta con cumplir exactamente con los mandamientos sino que debemos estudiar para intentar comprender, hasta donde llega nuestra capacidad intelectual, el significado de estos mandamientos, qué generan en nuestras almas y qué beneficio trae cada una de nuestras buenas obras a la Humanidad en general y a nuestro Pueblo en particular. Por lo tanto uno de los mandamientos más importantes es, precisamente, el estudio de la Torá.

Todos estamos obligados a estudiar la Torá, siguiendo las instrucciones de nuestros maestros. Cada uno puede aportar una nueva faceta que se acople a lo que nos enseñan los Sabios.

Mishná, Midrash y Talmud

Hace unos dos mil años, los Sabios se vieron obligados a poner por escrito las enseñanzas de la Torá Oral en diversas obras. La Mishná y el Talmud son, sin duda, la base de los estudios de la Torá Oral, pero está también el Midrash y otras obras de gran importancia.

La Mishná recoge los principales principios de la Torá Oral, en seis ‘Órdenes’ subdivididos en ‘Tratados’, con sus capítulos y sus artículos. El primer Orden trata de los mandamientos de agricultura, el segundo habla de las festividades, el tercero de la familia, el cuarto de la sociedad, el quinto de los sacrificios del Templo y el último está dedicado a las purezas.

El Midrash es el estudio exegético de la Torá, versículo por versículo, con muchas instrucciones didácticas, alegorías, ejemplos y parábolas.

Basándose en la Mishná, fue redactado el Talmud, siguiendo los mismos seis ‘Órdenes’, aunque no todos los tratados de la Mishná tienen su ‘Talmud’. Se trata de una obra que explica la Mishná, ayudándose con el Midrash y con otras obras, añadiendo muchos ejemplos y anécdotas para su mejor entendimiento.

Para nosotros, el valor de la Torá Oral es tan grande, o más, que el de la Torá Escrita, ya que nos permite aplicar correctamente las enseñanzas del Pentateuco a nuestra vida diaria, y de este modo ‘atamos’ cada aspecto de nuestra vida a la Voluntad Divina. Por ello dedicamos muchas horas de nuestra vida, a diario, al estudio del Talmud y de los libros que le acompañan.

Conservar la Conexión

No se concibe el judaísmo sin la Torá Oral. Dicen nuestros Sabios que los cristianos consiguieron robarnos nuestra Torá Escrita, pero no les sirve para mucho ya que les falta su correcta interpretación que está encerrada en el conocimiento profundo de la Torá Oral. Por medio de ella hemos seguido consagrando el día del sábado, el shabat, como día de descanso que declaró el Creador al final de la creación, sabiendo qué trabajos están prohibidos en él y por qué. Con la Torá Oral podemos entender el significado de los mandamientos dietéticos, que regulan el tipo de alimentos que podemos tomar y cómo prepararlos, para que en nuestro cuerpo pueda residir un alma santa.

En el libro del Shulján Aruj se resumen las normas de conducta que rigen en la Diáspora, en el estado que el Pueblo de Israel estaba disperso entre otras naciones y sin los mandamientos del Templo. Es el fruto de un larguísimo trabajo de investigación llevado a cabo por un rabino, rabí Yosef Caro, que fue expulsado de España cuando tenía cuatro años y que se ubicó en la Tierra de Israel, hace unos quinientos años. Sigue siendo un libro importante en el que se basan nuestros Sabios para deducir qué hacer en nuevas situaciones que los adelantos modernos nos presentan.

Con el arduo trabajo de nuestros Sabios, el Pueblo de Israel sigue conectado directamente con la Voluntad del Creador a pesar de los enormes cambios de la vida moderna. Conocemos los principios a seguir para que el shabat siga siendo un día de descanso corporal y dedicado al trabajo espiritual. En ningún momento de nuestra larga historia hemos perdido la conexión, por débil que pueda parecer, ya que siempre nos hemos dedicado, todos y cada uno de nosotros, al amoroso estudio de la Palabra del Creador, esforzándonos en internalizar Sus mensajes y sus instrucciones.

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