“Algo” sobre Judaísmo

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Por Rabino Nissan Ben Avraham{41A61C63-8709-46C4-9CE3-5408E1DF2A45}

Las bibliotecas de los años sesenta

Hace cuatro décadas y media, cuando yo tenía unos diez añitos, no había nada sobre los judíos o sobre el judaísmo en Mallorca.

Lo comprobé en las bibliotecas y en las librerías, las cuales recorrí en busca de ‘algo’ sobre estos temas. Las bibliotecarias me miraban, renacuajo impertinente, por encima de sus gafas, y me decían: “no, nene, aquí no hay nada de esto”.

No les hice caso, y comprobé por mí mismo, recorriendo las estanterías de libros, buscando una pista, ‘algo’. Y tuve que rendirme a las evidencias. Efectivamente, no había nada.

Bueno, luego me enteré de un libro que había hecho mucho revuelo, el de Miquel Fortesa, sobre las curiosidades de ‘los Descendientes de los Judíos Conversos de Mallorca’, en el año 1966, por no hablar de la polémica novela ‘los Muertos Mandan’, de Blasco Ibáñez, ‘Mort de Dama’, de Llorenç Villalonga, ‘la Isla de la Calma’, de Santiago Rusiñol, por citar solo los más conocidos.

Pero es que, por lo visto, las bibliotecarias no acababan de relacionar los ‘xuetas’ de Mallorca con lo que yo les pedía: los judíos. O que no me lo quisieron revelar. Y como yo no los conocía, me quedé con las ganas, que pude satisfacer solo unos años más tarde.

Apellidos malditos

Había descubierto mis raíces judías ‘gracias’ a mis compañeros y amigos. Ellos conocían mejor que yo los quince apellidos malditos de los criptojudíos mallorquines, se los sabían de memoria (Aguiló, Bonnín, Cortès, Fortesa, etc…) tampoco son tantos, ni tan difíciles, y cuando se les presentaba la ocasión exclamaban alegremente que yo era un maldito ‘xuetó’. Al principio yo no sabía el significado; bueno, sabía que tenía algo que ver con los judíos, pero no se me ocurrió que este insulto que me espetaban tuviera una base histórica probada y condecorada con múltiples sambenitos. Un insulto más.

Hasta que comprendí, a los diez u once años, creo, que sabían perfectamente por qué me lo decían y que no era un insulto insulso, sino que me marcaban con la mancha de los infames asesinos de dios. Mis amigos… bueno, no todos, pero no recuerdo que nadie, en aquellos remotos tiempos, saliera en mi defensa.

Evidentemente, lo sabéis por lo que soy ahora, este descubrimiento marcó mi vida.

Intenté sondear la opinión de mis padres. Nada fácil. ¿Cómo decirles que soy víctima de maltrato verbal por parte de mis queridos compañeros de clase? Y si comprendemos que, en realidad, decían la verdad, aunque fuera con palabras altisonantes, pues ¿de qué acusarlos, exactamente?

El Pueblo Elegido

Cuando se me pasó el primer susto (¡que fue un susto!), busqué razones para consolar mi alma afligida: “pues, al fin y al cabo, pertenezco al Pueblo de la Biblia, al Pueblo Elegido”. Pero el consuelo no funcionaba del todo bien. Me insultaban (y algunas pocas veces pasaron a los golpes), y no lo podía pasar por alto. Si el pertenecer al Pueblo Elegido fuera un honor, no me insultarían.

Fue cuando comencé mis pesquisas en busca de ‘algo’ que me aclarara el quid de mi estatus.

La única fuente, casi, que encontré fue la misma ‘Biblia’. Precisamente en el llamado ‘nuevo testamento’ había descripciones de la vida y costumbres de los judíos. Un poco pasadas de moda, pero, por fin, ‘algo’. Me di cuenta que, a cada pocos versículos, había notas al pie de la página que decían: “ver capítulo tal y versículo cual en el ‘Antiguo Testamento’”. Por lo que decidí que, en lugar de hojear p’alante y p’atrás, mejor me iría comenzar desde el principio, desde el Génesis.

Este es mi D’ios

Un día, en una de mis reiteradas visitas en las bibliotecas en busca de ‘algo’, encontré el libro “Este es mi D’ios”, de Herman Wouk. De pronto se abrió, no un hueco sino un ventanal a la vida judía. Wouk, un judío americano, explicaba a sus lectores cómo compaginaba su vida de artista con el cumplimiento de los mandamientos del judaísmo. Explicaba las oraciones más importantes y, sobre todo, la paz del shabat dentro de la caótica vida americana. El libro me cautivó. Copié las oraciones, traduciéndolas al catalán, y las llevaba en el bolsillo, encontrando ocasiones para recitarlas. Estaba encontrando a mi D’ios.

En el libro encontré cosas inquietantes, que ya había sospechado al leer el Pentateuco. La verdad es que mi primera lectura de los primeros libros del “antiguo testamento” fue ligera. Me refiero a que leía tan solo los capítulos ‘históricos’, las anécdotas de la Salida de Egipto hasta la llegada a la Tierra prometida, saltándome a la torera los tediosos capítulos que hablan de las ‘antiguas leyes hebreas’, plagadas de ‘impurezas’ y cosas por el estilo. Pero la lectura del libro de Wouk me impactó al darme cuenta que los judíos, en el mismísimo siglo XX, siguen tomándose en serio las ‘leyes dietéticas’, y todas las demás, que prohíben el consumo de toda una larga serie de animales que constituyen la base de la dieta alimenticia en Mallorca, como por ejemplo el cerdo, con sus múltiples derivados, el conejo, los moluscos y calamares, etc.

Mi folklore

Me repetía a menudo: “estas son las leyes de mi pueblo, mi verdadero folklore”, alejándome cada día más de lo que había visto en mis primeros años de vida y que seguía siendo el alimento que recibía en casa.

Reconozco que no era capaz de afrontar el problema correctamente. Tenía buenas excusas mi corta edad y mi total dependencia de mis padres, que me amaban y me trataban estupendamente. Por esto no me sentía capaz de decirles que la ‘Biblia’ prohíbe el consumo del tocino, de la sobrasada mallorquina, etc. Y por lo tanto, opté por el engaño. “No me gusta”, “no tengo hambre”, ya he comido”, etc., que no eran más que evasivas.

El tiempo pasaba y yo seguía profundizando en el tema. Hubo un nuevo hallazgo en un lugar insospechado: ¡mi propia casa! Había allí un libraco sobre la Historia de Israel. Comencé a leerlo y para mi gran alegría hallé un alfabeto hebreo con sus correspondencias al español, y un calendario.

El hebreo

A partir de este momento comencé a practicar la rarísima escritura hebrea. No tenía ni gramática ni vocabulario, pero no importaba ya que mi imaginación me permitía escribir palabras y frases castellanas en letras hebreas, y así iba mejorando mi caligrafía. Llené mi ‘diario’ personal de palabras en clave, escritas en esta escritura. Tuve muchos problemas: el alfabeto no tenía vocales y tardé mucho en comprender que se escribe de derecha a izquierda, pero los solucioné a mi manera, hasta que, mucho más tarde, encontré una gramática hebrea escrita en inglés, un idioma que desconocía, pero que aun así me permitió comenzar una nueva fase en mis estudios.

La sinagoga

Un día, a finales de invierno, encontré un verdadero tesoro. Había un hotel en Mallorca, uno de los centenares que albergan turistas de todo el mundo, que tenía una sección ‘kosher’, apta para judíos. Este hotel estaba un poco alejado, pero no resultó ningún problema llegar hasta allí para investigar. El ‘supervisor’, el señor Alec Kesselman, me recibió con una sonrisa, pero me dijo que el hotel era para sus clientes y que si yo quería ‘algo’, podía mejor ir a la Comunidad Israelita de Mallorca.

¡Pues vaya! ¡Resultaba que había una comunidad judía, y yo sin saberlo!

Estaba ubicada en el sótano de la Iglesia Anglicana, una sala muy modesta en cuyo centro había una mesa cubierta por un paño azul con la Estrella de David bordada en su centro. Sillas para los feligreses y unos libros de oraciones. Los libros eran bilingües: a la derecha en hebreo y a la izquierda en inglés.

La primera vez que entré, me recibieron varios personajes: Beni Klein y su esposa Guila y “Quitano” Martí y su mujer Margalida. La última pareja, chuetas mallorquines, que llevaban un tiempo asistiendo a la sinagoga, me recibieron con los brazos abiertos, por supuesto, y pasé muchos ratos agradables en su casa estudiando judaísmo. Beni y Guila, y su hija Karen, también me abrieron las puertas de su casa donde aprendí un poco más de hebreo, de judaísmo, canciones hebreas, etc. Más tarde apareció otra familia, Bernat Pomar y su esposa Joana, con sus tres hijos, que también estaban muy implicados en el tema y me convertí en parte de su familia.

Las oraciones

En mi primera visita a la sinagoga, ya era capaz en aquél tiempo de seguir la lectura (nada de entenderla) las oraciones en hebreo. Me sentía como en un sueño: ¡de nuevo en mi casa, con mi gente! Las letras hebreas y la cancioncita de las oraciones le añadían, por supuesto, un aspecto especial, emocionante. Pero yo sabía que iba mucho más allá de la emoción por lo extraño, que todo niño sabe buscar y encontrar: yo había encontrado, por fin, este ‘algo’ que durante tanto tiempo había estado buscando.

Las oraciones, los cánticos, el nuevo ambiente que encontré en la sinagoga y en las familias que me abrieron sus puertas para ayudarme a cambiar mi destino, todos ellos, estoy seguro, fueron puestos ahí por Su Mano oculta. Construyeron para mí un nuevo mundo.

El libro de oraciones, hoy tengo uno digital, me acompaña a cualquier lugar que vaya. Le añadí otros muchos libros que amplían hasta la eternidad el ‘algo’ que un niño de diez años supo comenzar a buscar.

8 thoughts on ““Algo” sobre Judaísmo”

  1. es magnifico cuando el alma judia de una persona aflora de lo mas profundo de nuestro ser es algo que no se puede describir algo en nuestro interior cobra fuerza es el alma de todo judio que esta conectado al creador .

  2. Me llama mucho la atencion pues en mi adolescencia pase por lo mismo sin ser judio…cosas de Dios… y hasta hoy hay un bichito que me da vueltas…. Me queda la preocupacion y duda del porque el siendo de familia judia sus padres no lo acompañaban de forma mas activa.

  3. SHALOM, LA VERDAD ES APASIONANTE NUESTRA VIDA ANTE ELOHEJEM EMET, A UD A LOS 10 AÑOS. YO HASTA LOS 51 AÑOS FUI ENVUELTO POR LA IDOLATRIA ORIENTAL JAPONESA DE LA CUAL RECIBI GRAN DISCIPLINA Y CONOCIMIENTOS POR MUY BUENOS MAESTROS. LUEGO EMPESO A SIMBRAR EN MI ALGO Q ME RETROTRAJO A LOS AÑOS EN EL SEMINARIO CATOLICO DONDE MI MADRE ME ORDENO IR PARA SER SACERDOTE PERO EN EL PUEBLO DONDE ESTABA EL SEMINARIO CONOCI AL MAESTRO TETSURO KANAWA Y ASI VIAJE Y LLEGUE A JAPON, SIEMPRE BAJO EL SERVICIO DE ACOMPAÑANTE. LUEGO A LOS 51 AÑOS COMENZO MI DERROTERO DE SECTAS CRISTIANAS A OTRAS HASTA Q COMENCE A SOPESAR LAS RESPUESTAS DEL PENTATEUCO Y A PARTIR DE ALLI EMPESO MI BUSQEDA CON GRAN NEGATIVA DE LA SINAGOGA Y SUS RAVI, PERO A PARTIR DEL AÑO Y MEDIO ME LLEGO LA PRIMERA TORAH EN HEBREO Y CASTELLANO Y LUEGO EL TANAK Y LOS JUMAS PAULATINAMENTE Y COMO NO TUVE ESA SU BENDECIDA DADIVA DE ELOKIM, POR PARTE DE LOS JUDIOS ,ME IMPUSE A LLEVAR LA TORAH A TODO SER Q DESEASE REENCONTRARSE CON NUESTRO UNO ÚNICO DI-S POR LO TANTO ES UN HONOR Y UNA GRACIA SER JUDIO DE ALLI ES Q NUESTRO CREADOR NO NOS OLVIDA Y NOS HACE RESURGIR CON LA FUERZA DE SU TORAH Y DE SU VERDADERO AMOR POR SU PUEBLO, GRACIAS POR SER UN HERMANO MAS EMERGIDO DEL SILENCIO Y LA OSCURIDAD Y FLUIR A LA VERDADERA LUZ Q GUIA ELOHEJEM EMET DESDE ISRAEL, SHALOM. -KEHUNA.LOJEM-

  4. Excelente relato personal que tiene bastante de colectivo.
    Colectivo entre los que pensamos y sentimos en lo mas
    profundo de nuestro ser,
    que tal vez el Eterno?
    Se a acordado de nuestros padres (de nuestros ancestros)
    Y en cierta manera tal vez es la forma que tiene de llamarnos, con; preguntas, inquietudes, búsquedas, corazonadas
    etc…
    No e podido resistir la tentación (esto es broma) de verme reflejado(esto es en serio).
    Gracia

  5. Al leer este relato pude traer a mi mente la profecía de los huesos secos. Cada alma judía que se levanta del exilio y la asimilación apresura la venida del Mesías.
    ¡ Que venga pronto ya !

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