El Auto de Fe de 1660 en Sevilla

Por Rabino Nissan Ben Avraham

El Castillo de Triana

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Retrato del auto de fe en Sevilla 1660

El puente de Isabel la Segunda que atraviesa el brazo muerto del Guadalquivir, hoy llamado Canal de Alfonso XIII, sustituy? hace 162 a?os el puente de barcas que un?a las dos orillas, la del barrio de Triana con el Casco Antiguo. Las trece barcas estaban ancladas al fondo del r?o y amarradas entre s? con gruesas cadenas que, en la parte occidental, llegaban hasta el Castillo de San Jorge.

Este castillo defend?a el puente y databa de la ?poca visig?tica, pasando con la reconquista a la orden de San Jorge, de la que tom? su nombre. Pero ya en el a?o 1481 se convert?a en sede de la Inquisici?n en la ciudad, hasta el a?o 1785, con un breve intervalo de 13 a?os (entre 1626 y 1639) que estuvo en poder del Conde Duque de Olivares que lo restaur?.

Actualmente el castillo se ha convertido en un gran complejo que alberga el Mercado de Triana, siendo una parte dedicada a un centro de interpretaci?n y Museo de la Inquisici?n.

La cuna de la Inquisici?n

Sevilla puede considerarse como la cuna y la capital espiritual de la Inquisici?n, ya que el prior del convento dominico de Sevilla, Alonso de Hojeda, fue quien convenci? a la Reina Isabel la Cat?lica que fundara el Santo Oficio, y su convento, hoy derrocado, junto a la Iglesia de la Magdalena, fue la primera sede de la Inquisici?n durante su primer a?o. Pero las prisiones quedaron peque?as, y por esto habilitaron el Castillo de San Jorge para la nueva sede del Santo Oficio, que contaba con 26 c?rceles secretas, las cuales eran calificadas por el mism?simo Santo Oficio en el S. XVII como “antros de horror, hediondez y soledad”.

Dicen que en su primer a?o ya fueron quemadas unas 2,000 personas y que hasta el 1520 hab?an sido condenados m?s de 30,000 y quemados otros 4,000.

En esta iglesia de la Magdalena hay un mural de Lucas Vald?s representando al rey Fernando III el Santo cargando con le?a para quemar a un reo judaizante. Dicen que el pintor no dud? en crear un anacronismo al plasmar como reo la imagen de Diego L?pez Duro que fue condenado en 1703, mientras que el rey Fernando muri? en 1252.

Despu?s de torturar a los reos para sonsacar las confesiones de sus herej?as, se llevaban a cabo los Autos de Fe al principio en las gradas de la Catedral, y m?s tarde en la Plaza de San Francisco, aunque la mayor?a tuvieron lugar en las iglesias de Santa Ana y de San Marcos y en el mismo convento de San Pablo. No le falta raz?n al investigador Henry Kamen cuando dice que se celebraron centenares de autos sin necesidad de encender ni una sola gavilla de le?a, ya que la mayor?a de ellos tuvieron lugar en las iglesias o por el hecho de que los reos eran ?relajados al brazo secular? para evitar que los monjes ensuciaran sus manos con la sangre, o las cenizas, de los condenados.

La Plaza de los Autos de Fe

La plaza de San Francisco est? situada a espaldas del ayuntamiento de la ciudad y se ha hecho famosa gracias al cuadro, que se conserva en una colecci?n particular, atribuido a Fernando de Herrera, ?el Mozo?, representando un Auto de Fe que tuvo lugar en 1660. En este Auto fueron condenadas 64 personas, 58 de ellos judeoconversos, de origen portugu?s. Cinco hombres y dos mujeres morir?an quemados vivos en la hoguera, mientras que otros 45 salvaban sus vidas al confesarse y arrepentirse (perdiendo su hacienda, honra y libertad y teniendo que vestir el sambenito), y otros 6 a quienes no se les pudo demostrar el delito que se les imputaba, y aun as? tuvieron que pagar multas, sufrir el exilio y vestir el sambenito. Los otros eran cuatro hechiceros y dos b?gamos. Se les un?an 34 t?tricas efigies de los fugitivos judeoconversos que no pudieron ser atrapados, pero de los que s? atraparon sus haciendas.

Este cuadro tiene una interesante historia, ya que se encontr? una correspondencia entre la Suprema y los inquisidores sevillanos que habla de ?l. La Suprema no se conformaba con la descripci?n de aquel Auto de Fe, que hab?a durado m?s de doce horas y fue, sin duda, uno de los m?s sonados del siglo, y ped?a que se preparara ?un lienzo de dos varas y tres cuartas en cuadra la planta de dicho Auto, en la forma que estuvo hecho el cadalso, asientos del tribunal, comunidades y reos, compa??as de soldados y lo dem?s especial de la Plaza, para que en todo tiempo conste de la forma que se ha observado y se guarde en el Consejo con los que hay de otras Inquisiciones?.

Muy caro

En otras cartas se dice que hab?an ?encomendado a Francisco de Herrera, el pintor de m?s fama de esta ciudad, para que haga el dibujo como lo tiene hecho? y no ha podido acabar? por menos de 200 pesos.? Dicen que le han dado orden de que lo vaya disponiendo, pero ?a Vuestra Alteza le damos cuenta de ello porque si pareciere caro y gustare que se haga por otro pintor que lo haga m?s barato, y aunque no con tanto acierto, nos lo mande luego avisar para que le ordenemos que no prosiga?.

En cuesti?n de d?as se recibi? la respuesta que ?respecto de parecer mucha la cantidad que pide dicho Francisco de Herrera, lo encargar?is a alg?n pintor que haga el lienzo y pintura con mayor comodidad??

Dos a?os y cinco meses m?s tarde escriben que la deuda alcanza los 120 pesos, ya que tuvieron que pagar tanto al primero por lo que ya hab?a hecho, como al segundo por haberlo terminado. El lienzo se dio por perdido durante mucho tiempo, pero actualmente est? en la colecci?n particular de D. Rafael Atienza, Marqu?s de Salvatierra. De todos modos el lienzo que tenemos es m?s peque?o que el encargado, ya que en lugar de medir 1,60 x 1,60 m. como hab?an ordenado, mide tan solo 1 x 1,10 m., seguramente para intentar aliviar el coste.

Detalles del cuadro

En el cuadro est? orientado de norte a sur, por lo que puede verse la Giralda al fondo a la izquierda, a la derecha est? la fachada posterior del ayuntamiento, un poco retocada con motivos barrocos, conservando los arcos que le puso el arquitecto Hern?n Ruiz y que desaparecieron en el siglo XIX.

El cadalso est? construido en forma de pir?mide, con los reos m?s graves en su cumbre, pudiendo contar los 64 reos, intercalados con frailes que les asisten, inst?ndoles a que se arrepientan. Los siete relajados en persona, cinco hombres y dos mujeres, cubiertos con casacas y corozas de condenados a muerte, est?n en las dos gradas superiores, y en las manos de cuatro de ellos muestran el signo de la cruz, significando que se arrepienten, y efectivamente las actas dicen que solo tres: Ana M?ndez, Francisco L?pez de Castro y Manuel Rodr?guez Ferro, se mantuvieron fieles a su religi?n ancestral y fueron quemados vivos, mientras que los otros cuatro, primero fueron agarrotados y luego quemados.

Destaca que unos metros m?s all? del Auto de Fe se ven toda una serie de personajes que parecen totalmente ajenos a lo que est? ocurriendo all?: mujeres con ropas desenfadadas y de alegres tonos entre los que predomina el rojo, que reciben el saludo de un caballero montado en un magn?fico ejemplar, que les cede el paso. Soldados que se dedican a contemplar a las sevillanas que pasan por la plaza, y ?stas se abanican y r?en. Un mendigo o p?caro que atraviesa la plaza a golpe de muleta. Unos mercaderes que montan su peque?o tenderete. Nada de piedad o recogimiento ante el drama de los condenados.

Sentimientos colectivos

Todo el coste exorbitante destinado a mover los sentimientos colectivos, a sobrecoger los corazones, se ha convertido en un mero acto social.

Tal vez mejor as?, ya que cuando los sevillanos se conmovieron por los discursos de Ferr?n Mart?nez, en el mi?rcoles de ceniza de 1391, que sali? de la iglesia para saquear la aljama, sin conseguirlo aquella vez, pero s? unas semanas m?s tarde, el 6 de junio, estall? la tormenta y comenz? una org?a de cientos de asesinatos entre los jud?os de Sevilla, y de all? se propag? por toda Castilla, Arag?n y Mallorca.

Los sentimientos humanos, h?bilmente manejados por los predicadores, pueden salirse de cauce con facilidad, y por ello debemos ser muy prudentes cuando vemos demagogos de cualquier raza y religi?n que se dedican a jugar con los sentimientos en lugar de construir el entendimiento.

La historia de la Inquisici?n, en Sevilla y en cualquier otro lugar del Imperio Espa?ol, nos lo demuestra.

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