Orgullo Nacional – Comentario a la Festividad de Purim

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Por Rabino Nissan Ben Avraham51671_13

Críticas por el comportamiento de Mordejai

Muchos autores, siguiendo el comportamiento de los judíos contemporáneos de Mordejai el Judío, critican duramente su comportamiento durante la crisis de Hamán.

Como sabemos, Hamán había sido ascendido al rango de Primer Ministro en el gobierno del Rey Ajashverosh (Asuero), recibiendo el honor de que todos se arrodillaran a su paso, aunque tal vez este honor ocultaba una medida preventiva, para evitar un atentado contra su persona.

Mordejai se negaba a prosternarse ante el ministro, y al enterarse de ello y de que el transgresor era judío, decidió Hamán exterminar a todo el Pueblo de Israel.

Los compañeros de Mordejai le habían avisado de que su comportamiento les traería grandes desgracias, como efectivamente sucedió, y por lo tanto le acusaban del desastre que acechaba.

¿Cómo había hecho Mordejai una cosa así, poniendo en peligro no solo a sí mismo, sino a toda su generación y a las que vendrían después?

Mordejai el judío

Mordejai era un anciano que había sido ya miembro del Gran Tribunal (Sanhedrín) antes de la destrucción del Primer Templo, y había sido uno de los primeros en retornar a su patria y comenzar la reconstrucción del Templo, después del Exilio de Babilonia, como podemos ver en el segundo capítulo del libro de Ezrá (Esdras 2:2).

En este libro podemos ver cómo, a continuación, se ven obligados a detener la construcción del Templo y de la Ciudad, por orden del rey que había sido mal aconsejado por unos emisarios amalequitas llegados de la Tierra Santa (Esdras 4:5; 4:24).

Para contrarrestar el trabajo de los amalequitas, los recién inmigrados envían a Mordejai al palacio del rey y allí llega a ser miembro del Tribunal persa.

El pecado del pueblo

En realidad, deberíamos preguntarnos ¿cómo permitió el Creador que fuera detenida la reconstrucción de Su Templo en Jerusalén? Está claro que ha ocurrido algo muy grave que ha despertado el enfado del Creador contra Su pueblo.

La respuesta es sencilla. El pueblo había sido exiliado por su mal comportamiento, llegando a Babilonia. Pero al cabo de setenta años de exilio, había llegado al trono el rey Ciro que les había permitido el regreso a su patria y la reconstrucción del Templo. Se espera que todos los exiliados se levanten, tomen sus pertenencias y regresen a su patria ancestral. En cambio, el número de los que regresaban era de 42,360 ciudadanos, 7,337 esclavos y 200 cantores.

No tan solo menospreciaban el gran regalo del Creador, que había otorgado una tierra preciosa a su pueblo amado, sino que con ello desmentían la profecía de Yirmyau (Jeremías) que había anunciado que al cabo de setenta años de exilio podrían regresar para reconstruir la patria ancestral y el Templo del Creador (cf. Jeremías 29:10). Tampoco tuvieron en cuenta que el número de los participantes influía directamente en el valor de los mandamientos, ya que mientras la mayoría de los Hijos de Israel no estén en la Tierra de Israel, el vigor de los mandamientos queda drásticamente menguado a un valor simbólico carente de la santidad que le correspondería en caso de estar todos presentes.

“Victoria”

Y para colmo, cuando el rey Ajashverosh celebra con un deslumbrante festín de medio año su “victoria” sobre el profeta Yirmyau (y sobre el Creador que se lo había anunciado), los judíos habitantes de la capital Shushán, no encuentran ‘excusas’ para no participar en el banquete. ¡¿Cómo podían celebrar que Ajashverosh hubiera “vencido” al Creador?!

Aquí, dicen los Sabios, habían firmado su condena a muerte, su exterminio. Faltaba solo una excusa para ponerlo en práctica.

El pecado había sido múltiple: la falta de iniciativa a dejar su bienestar particular en el exilio para reconstruir su patria nacional en ruinas y la falta de orgullo nacional que les permitió participar en el festín de Ajashverosh.

El antídoto

El antídoto debe ser la restauración de este orgullo nacional, este sentimiento de pertenecer todos al mismo pueblo, un pueblo santo con una misión universal.

Al no doblegarse Mordejai ante Hamán el amalequita, está inspirando al resto de sus hermanos, que le miran con envidia. Es verdad que al llegar la brutal respuesta de Hamán muchos de ellos se confunden y ya no saben si alabar o criticar a Mordejai, pero cuando este juez toma las riendas del mando y les ordena participar en un ayuno de tres días apoyando espiritualmente a su reina infiltrada en el palacio, todos responden positivamente. Este esfuerzo conjunto es el que consigue dar fuerzas a Ester para anular la siniestra influencia de Hamán sobre el rey.

Organizando una nueva aliá

Además, muchos de ellos, por desgracia no todos, deciden en aquél momento reunir sus bártulos y prepararse para la Aliá, la inmigración a Israel, aunque tardasen un tiempo en organizarse y llevarla a cabo, como podemos ver en la continuación del libro de Ezrá.

A esto debemos añadir el valor que tuvieron los que ya habían regresado a la Tierra Santa que se atrevieron, animados por los tres profetas Jagai, Zejariá y Malají (Ageo, Zacarías y Malaquías), a transgredir las órdenes del rey y proseguir la construcción del Templo, como podemos ver en los interesantes capítulos 5 y 6 del libro de Ezrá.

En la fiesta de Purim celebramos, pues, no tan solo el milagro divino que salvó el pueblo del exterminio perpetrado por el amalequita, sino la restauración, aunque fuera muy parcial y efímera, del sentimiento nacional perdido, del orgullo de pertenecer a un pueblo tan especial.

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