Auto de Fe

0 Comments

Por Rabino Nissan Ben AvrahamDetail_of_Auto_de_fe_1680

El ambiente del Auto de Fe

Mucho se habla de los ‘Autos de Fe’, o ‘Actos de Fe’, llevados a cabo por la Inquisición. Pero poco se conoce sobre el espectáculo que se llevaba a cabo, llegando muchas veces a una fastuosidad difícil de imaginar. No por falta de descripciones, normalmente muy vívidas, por parte de los mismos inquisidores, que no regateaban en detalles y pormenores, por aburridos que parezcan, sino por falta de interés al concentrarnos en lo principal del acto, que es, por supuesto, las condenas de los reos implicados.

A mi modo de ver es muy importante echar un vistazo, por superficial que sea, al ‘espectáculo’ del Auto de Fe, para ‘introducirnos en el ambiente’ en que tenía lugar. Y para ello he tomado la descripción del que tuvo lugar el 13 de enero de 1674, en el que se condenaba a muerte al joven Jacob López. Jacob, había sido descubierto en un barco que anclaba en Palma de Mallorca unos años antes, haciendo escala entre la ciudad argelina de Orán y la toscana de Liorna, en la costa noroccidental de la península italiana.

Resultó ser hijo de una familia madrileña, todos ellos bautizados como cristianos católicos, que habían decidido emigrar al norte de África para regresar a su fe judía ancestral, convirtiéndose en apóstatas y herejes a ojos de la Iglesia y de sus guardianes inquisidores. Al cometer la imprudencia de acercarse a la costa española, se expuso López a ser atrapado por los inquisidores y, finalmente, a ser ajusticiado.

A pesar de su juventud, no quiso Jacob renunciar a su fe ancestral y, como vemos, a mediados de enero llegó el día de su ‘Auto de Fe’, junto con otros reos menores.

Aquí citamos unos fragmentos, modificando un poco el lenguaje para que sea más comprensible, y añadiendo algunas explicaciones, del documento inquisitorial que describe los preparativos para tal ‘acto’ en la capital del reino de Mallorca.

El Convite

En primer lugar, se ‘invitaba’ a participar en el Auto de Fe a las autoridades. Quien recibía este tipo de invitación a un Auto público, no podía faltar a él, ya que su asistencia era obligatoria.

Habiéndose aplazado día fijo para ello el día de domingo que contábamos a 13 de enero de este presente año de 1675, a 12 de diciembre de 1674 por la mañana (o sea, que en diciembre salía la invitación para la función de enero), salió de las Casas de esta Inquisición el Dr. Don Juan Bautista Desbach, Canónigo decano de la Santa Iglesia y Promotor Fiscal de este Santo Oficio; asistido y acompañado de Pedro Antonio Çaforteza, Receptor de este Santo Oficio, Don Manuel Ximénez de Sotomayor, Secretario, Don Juanote Desclapés y Montornés, Contador, oficiales todos titulados, con acompañamiento de carrozas se condujo al Castillo, en donde tienen su Ilustrísima del Sr. Virrey su habitación y habiéndose dado audiencia entraron en la pieza y sentados; el dicho fiscal le puso en noticias de parte del Santo Tribunal, de la resolución había tomado en celebrar dicho Auto General, y le suplicó fuese servido asistir, ilustrar y autorizar tan venerable función; y de allí se pasó al Palacio del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Don Bernardo Cotoner, Arzobispo Obispo de esta Diócesis para el mismo efecto, y después se fue a las Casas de la Ciudad en donde halló en ayuntamiento Su Santa de los Magníficos Jurados de esta Ciudad y Reino, y pasó los mismos oficios y últimamente se fue a la Santa Iglesia en donde en el Aula Capitular halló juntos al Muy Ilustre y Reverendo Cabildo de ella e hizo la misma función, respondiendo así dichos Ilustrísimos Señores Virrey y Arzobispo Obispo, Señores Magníficos Jurados e Ilustre Cabildo con grande alborozo de semejantes noticias, dando las gracias al Santo Oficio y que acudirían y asistirían con sumo gusto, por ser dicha función tan del servicio de entrambas Majestades y Beneficio público de este Reino reconociendo con católico celo ser dicha asistencia una de sus mejores y más precisas y no menos sagradas obligaciones (los invitados ‘debían’ sentir mucho gusto en participar en un acto destinado a proclamar la victoria de la fe católica sobre las herejías, que habían sido descubiertas y que ahora serían aniquiladas, que si no la proclamaban, serían sospechosos de ser partícipes en la herejía. Posiblemente algunos de los invitados tuvieran verdadera alegría de ver la muerte de los herejes).

Preparativos técnicos

El documento sigue citando la larga lista de invitados, y luego pasa a describir los preparativos que tuvieron lugar para la ‘función’, comenzando con los atavíos de los propios invitados.

Dando la vuelta el dicho Fiscal con asistencia de dichos Ministros para las Casas de esta Inquisición y dado cuenta al Sr. Inquisidor el Sr. D. Francisco Rodríguez Cosío y Barreda, de lo referido, mandó dicho Señor saliesen de dichas Casas de la Inquisición gran número de familiares y ministros de este Santo Oficio todos a Caballo llevando sus cruces pendientes en el pecho y en sus capas bordadas, precediendo clarines y atabales, rematando dicho paseo D. Manuel Ximenez de Sotomayor, Secretario de este Secreto, muy de gala y su caballo ricamente encajetado, a la derecha de Domingo Ferragut, Teniente de Alguacil mayor de este Santo Oficio; y se condujeron en los lugares acostumbrados, en los cuales se publicó e hizo notorio el Pueblo el día que se celebraría el dicho Auto General de Fe, y luego se despachó por todos los lugares de este Reino para el dicho efecto.

Debían preparar el lugar en que tendría lugar la ‘función’, preparando la tarima, los altares, etc.

Seguido esto, se trató de dar principio a la fábrica de los tablados así del solio para el Tribunal como también para los altares, que fueron tres en triángulo, y el de los reos y lo demás conveniente para el dicho Auto; haciendo los demás Magistrados lo mismo a su costa; y para los demás que la Ciudad los franquea este obsequio tan debido, siendo convidadas con ministros y por parte del Tribunal.

También los alrededores de la vía del Borne, lugar elegido para el Auto, debían ser adornados adecuadamente:

Y para que las calles estuviesen limpias por donde había de pasar, lo comunicó dicho Sr. Inquisidor al fiel Mostasen, Ministro universal a quien peculiarmente toca y lo mandó y ejecutó con toda puntualidad, y habiendo avisado de parte del Tribunal y por sus ministros a los vecinos por donde había de pasar, entoldasen paredes y ventanas en culto de Santa Cruz, lo hicieron con toda voluntad y devoción.

Encomendóse asimismo a Don Pedro Antonio Çaforteza, Receptor de este Santo Oficio para que tuviese por bien de que corriese a su cuenta el entoldar el frontispicio de las Casas de la Inquisición y todo el circuito de su plaza, lo cual a su tiempo lo paró en ejecución como Caballero y Ministro, adornándolo muy ricamente de tapicerías preciosas y cuadros primorosísimos, arqueando sus bocacalles, que todo hacía una hermosa perspectiva, y en ella en modo muy decente se puso el retrato del Excelentísimo Sr. Obispo Inquisidor General del Sr. Valladares, que el dicho Fiscal de la Inquisición solicitó e hizo traer de la Corte.

Comienza la “función”

Saltando varios párrafos, llegamos al día del Auto, después de haber quedado despiertos toda la noche junto a los altares preparados, estando ya repleto de gente el lugar de la ‘función’, oficiando una misa y dando un ardoroso sermón en el que se explicaban los pecados cometidos por los reos y el motivo de su condena. El ‘Judío pertinaz’, Jacob López, no daba su brazo a torcer incluso cuando le amenazaban de ser quemado vivo, poniendo el inquisidor en su boca unas palabras que pueden denotar unas dudas que no parece posible que tuviera, ya que si estaba dispuesto a morir por su fe, debía ser ésta muy firme en su corazón:

Predicó cosa de cuarto y medio tan docta y eruditamente y tan del caso como de sujeto tan grande y no menos grande y no menos ministro se podía aguardar: y luego se dio principio a leer las sentencias de los Reos, y cerca de las 12 del día se leyó la del Judío pertinaz y rebelde en su reprobada ley, y después de esta se prosiguió en las demás, y a cosa de las dos y media se hizo por el susodicho Don Manuel Ximénez de Sotomayor, Secretario, y demás ministros necesarios de este Santo Oficio la relajación del dicho judío al dicho Sr. Virrey y Oidores de la Real Audiencia (‘relajación’ significa que la Iglesia, o su delegada la Inquisición, no podían dar muerte o aplicar castigo alguno a los culpables, ya que la Iglesia es ‘misericordiosa’, por lo tanto los cedían a las autoridades civiles para que éstas llevaran a cabo la sentencia. Esto se denomina ‘relajación’), siendo así que en su sentencia el Tribunal Santo intercedía para los dichos Jueces seglares orasen con el susodicho de clemencia y misericordia (que no sería que le perdonasen la vida, sino que se referían a la ‘misericordia’ en el Mundo Futuro), y habiendo estado el dicho judaizante asistido y perennemente y ladeado de personas doctas religiosas, que con su doctrina y celo católico procuraban con toda solicitud se redujese a la verdadera ley evangélica de Jesucristo Santo maestro y habiendo los dichos Jueces suspendido algún tanto el proferir la sentencia para ver si tendría lugar la conversión de aquella alma, y viendo que permanecía en su pertinacia (en cuyo caso sería primero ahorcado y luego quemado su cuerpo), echaron el fallo de que fuese quemado vivo, y fue llevado por ministros reales al valle de la puerta de Jesús, en donde subido que fue al brasero, predicándole siempre las dichas personas religiosas de diversas religiones hasta encima del mismo brasero, y como este reo pérfido judío estaba apoderado del demonio (cualquier cosa que dijera en su defensa, mientras no fuera ‘arrepentimiento por su herejía’ era considerado como ‘ser poseído por el demonio’. Cuando algún reo insultaba a la Iglesia o a los Inquisidores, se le amordazaba para evitar que la gente lo oyera. Aquí debía tratarse de expresiones no ofensivas), así en el corazón como en la boca, ya más habló palabra que importase quererse reducir a nuestra Santa Fe, y pegado lumbre a la leña empezando las llamas a abrasarle, dijo con toda quietud de ánimo (a su parecer) Adonay gran Dios de Israel ay de mí si ha venido y ay de vosotros si no ha venido (clamando al Creador, o poniéndolo por testigo, hace su declaración, refiriéndose a la Venida del Mesías, que era el centro de la discusión: si el Mesías ha venido – y es Jesús, como opinan los cristianos – será mi perdición por no haberlo aceptado; y si aún no ha venido el Mesías – Jesús es un impostor y por lo tanto será la perdición de sus seguidores los cristianos): que fueron las últimas palabras que pronunció, y abrasado de las aspas se resolvió en cenizas.

Mientras el reo se consumía en cenizas fuera del recinto de la ciudad, los Inquisidores se sentaban a comer y a beber buenos vinos, tan tranquilos, ellos y a la ‘Familia’, o sea, los ayudantes, los que se dedicaban a espiar el comportamiento de los ciudadanos para dar cuentas a la Inquisición. A continuación se leían las condenas del resto de los reos: unos acusados ‘de levi’ (por causas leves), otros ‘de vehementi’ (por causas más graves) y por último ‘de formati’ (aquellos que escaparon y solo su estatua ‘recibía el castigo’). Por cierto que las achas (sin ‘h’) son unos grandes cirios que se llevaban en procesión.

A las once del día el dicho Fiscal costeó la comida a toda la Familia y a la demás Nobleza que no lo era, y en los entresuelos de la Casa tuvo siete mesas juntas con manteles de 44 palmos y 30 taburetes porque cupiera mayor número, y desde el Sr. Inquisidor y los demás de 30 en 30 fueron bajando a comer, y fueron 7 mesas de a 30 en cada una, y la comida fue abundantísima con vinos regalados anexos de todas maneras y pruebas, y a la tarde aguas regaladas, limonada canela y otras; y habiendo rematado en el leer las sentencias el dicho Sr. Inquisidor se vistió con su sobrepelliz y estola, y tomando el libro de Oficio en las manos en donde estaba la forma de dar la absolución a los reos, y una honesta persona alumbrándole con una palmatoria de plata, y habiendo venido de su tablado los reos al del solio del Sr. Inquisidor y salido cuatro pajes, dos del dicho Sr. Inquisidor y dos del Sr. Promotor Fiscal con sendas achas encendidas y habiendo hecho la cortesía al dicho Sr. Inquisidor a los S.es Virrey y demás Magistrados, ocuparon las cuatro esquinas del dicho solio para autorizar tan venerable función, y el dicho Sr. Inquisidor dio la absolución a los reos, a los sospechosos de levi primero y luego a los de vehementi y últimamente a los de formati, y en la misma orden adjuraron según la sospecha en su línea, y en el ínterin se rezaba el salmo del Miserere (se trata del salmo 51, ó 50 según el canon cristiano, que comienza, después de dos versículos del titular “1. al director, cántico de David, 2. cuando vino el profeta Natán cuando se llegó a Bat Shéva”, con las palabras “3. apiádate de mí…”) por el dicho Sr. Inquisidor alternando los versos con las honestas personas que estaban presentes, y en el mismo tiempo dos músicos de la Capilla de la Santa Iglesia estaban al lado del altar donde se celebraba el S.to Sacrificio, cantaban a canto de órgano el mismo salmo del Miserere, y rematada esta función el Preste entonó el Tedeum (cántico en latín que comenzaba con las frases “Te Deum laudamus”, o sea: “A ti, oh Dios, te alabamos”, que se cantaba en ocasiones muy solemnes), prosiguiéndolo los dichos músicos, y luego se descubrieron las cruces Verde y del Estandarte de la Fe y de la dicha Parroquia y tocaron las trompetas, clarines, timbales y chirimías y todo en su mismo tiempo en señal del gozo y contento que mostraba tener la Iglesia de ver reducidos a sus gremios a los que estaban fuera de él; de que antes mostraba tristeza; el dicho Sr. Inquisidor con su gran cristiandad, celo católico, doctrina y con deseo fervorosísimo como de tan gran Ministro de la salvación de las almas de los dichos reos los hizo una plática espiritual amonestándoles cuanto les importaba caminar por el camino de la virtud, olvidando y apartándose del todo de los errores y delitos en que habían caído (debía amedrentar al público que presenciaba el acto, aprovechando el momento para inculcarles terror al castigo que recibirían en caso de caer en la herejía). Se volvieron los reos a su tablado y gradas, guardándoles Jaime Mas, Alcaide de las cárceles secretas de este Santo Oficio y Baltasar Mas, Familias y su ayudante; se prosiguió la misa sirviendo en ella y respondiendo los dichos músicos, y acabada la dicha misa los dichos reos ofrecieron sus velas al pie del altar al celebrante, y con esto tuvo fin el dicho Auto General.

Los Actos de Fe eran esto: una grandiosa demostración de la fe católica que, después de siglos de intentar convencer ‘por las buenas’ en discusiones teoréticamente pacíficas a los descarriados, llegaron a un momento en que no hubo más remedio que hacer uso de la ‘vara’ en lugar de la ‘flor’, según se expresaba Francisco Garau, autor del libro La Fe Triunfante, en el que describía los Autos de Fe que tuvieron lugar en Mallorca en 1691.

Yo lo veo justo al revés. Se trataba de un acto de fe de aquellos reos que estaban dispuestos pagar con su vida por unos ideales, por una libertad de consciencia que nunca podrá ser avasallada mientras no nos dejemos avasallar.

Estos métodos los usarán aquellos que pierden, o que nunca han tenido, unas normas razonables, y que por lo tanto no pueden convencer al interlocutor.

Actualmente siguen atacando con sinrazones, y nuestra mejor arma sigue siendo explicar las cosas como son, después de haber aprendido nosotros mismos, por supuesto, no tan solo los principios sino hasta los más recónditos pormenores de nuestra fe, ya que es allí donde nos tienden las trampas de la duda que corroen nuestras convicciones.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.