El Fiel Pastor – Comentario a la parashá de Ki Tisá

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Rabino Nissan Ben Avrahamimages

Si les perdonas…

Todos conocemos la reacción de Moshé ante el gran peligro que amenazaba al pueblo por haber cometido el pecado del Becerro de Oro. La Torá, en el libro del Deuteronomio (9:8), nos dice que el Creador estaba muy disgustado con el pueblo de Israel hasta el punto de querer exterminarlos por completo.

Curiosamente, el Creador le dice a Moshé (Deut. 9:14): “Déjame y los exterminaré, y borraré el Pueblo de debajo de los cielos, y te convertiré a ti en un pueblo más grande y poderoso que él”.

Según nuestros sabios del Talmud, la respuesta de Moshé fue: ‘si un pueblo con tres patriarcas no puede salvarse en momentos de furia divina, ¿qué podrá hacer un pueblo con un solo patriarca?’

La versión del libro del Éxodo (32:32) dice: “Y ahora, si les perdonas… y si no, bórrame del Libro que has escrito”, siendo la frase de ‘si les perdonas’ una expresión honorífica, que en realidad significa ‘debes perdonarles’.

Ra’ayá M’hemená

Esta frase expresa la gran dedicación de Moshé por la integridad del Pueblo, que le ha hecho ganar el título, en arameo, de “Ra’ayá M’hemená” – el fiel pastor, con el que lo denomina constantemente el santo Zohar.

En realidad, es un sumo grado de sacrificio propio, de entrega, por el pueblo que está gobernando. Ofrece su prosperidad eterna en aras del pueblo que acaba de pecar, lo que en hebreo llamamos ‘mesirut nefesh’ = ‘entrega del alma’.

La verdad es que su entrega iba muchísimo más allá de aquél terrible momento, después del error del becerro de oro. Ya en la parashá de Itró, lo vimos dedicado a resolver los problemas de sus compatriotas, sentado en el tribunal desde el amanecer hasta el atardecer (Éxodo 18:13), hasta el punto que su suegro le dice que “con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo que está contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no puedes hacerlo tú solo” (id. 18).

Nos Ha Elegido…

El gran éxito de Moshé en la dificultad del becerro de oro, se debe a que consiguió descubrir y despertar las cualidades básicas del pueblo, que existen incluso en momentos de crisis y que pocas veces somos conscientes de ellas.

Hay gente, buenos judíos, eminentes rabinos, que opinan que cuando un judío deja de cumplir los mandamientos de la Torá, pierde con ello su identidad nativa, merece desaparecer del escenario nacional. “¿Qué es un judío sin Torá?” se preguntan aquellos rabinos. Ciertamente, no es lo mismo un judío comprometido con su pueblo y su Creador, que uno que se deja llevar por unos instintos desmadrados. Pero aun así, en realidad sigue siendo hijo del Eterno, miembro del pueblo elegido.

Tengamos en cuenta que antes de recibir la Torá en el Monte Sinaí, ya constituían un ‘pueblo elegido’, como decimos en la bendición de la Torá: “que nos has elegido de entre todos los pueblos y nos has dado la Torá”, y no al revés: ‘que nos has dado la Torá y nos has elegido’. Primero vino la elección, por unas características, por unas cualidades que nos permiten luego recibir la Torá. Y aún cuando no cumplen los mandamientos de la Torá, siguen siendo elegidos. Esto es lo que debía descubrir Moshé.

En realidad, ya se había hecho esta investigación unos ochenta días antes, cuando cruzaban el Mar de los Juncos, mal llamado ‘Mar Rojo’. Dice el Midrash que cuando los hijos de Israel lo estaban cruzando, los ángeles protestaban: ‘¿por qué éstos lo cruzan y los egipcios no?’ y si la respuesta es que unos son idólatras y los otros no, pues no era cierto, ya que en aquel momento lo estaba cruzando también Mijá, que luego, en el libro de Jueces lo encontraremos edificando un templo de idolatría cuya imagen, según los Sabios, ya la tenía al cruzar el Mar de los Juncos.

Y la respuesta divina no está nada clara: ‘hay algo en este pueblo que me hace elegirlo, aunque en ocasiones no cumplan con su deber’. Y este algo debía descubrirlo Moshé en la crisis del becerro de oro.

Inquirir a D’ios

En realidad, son dos cualidades que ya hemos encontrado anteriormente, una en el Libro del Génesis y otra en el del Éxodo. Cuando el Creador se dispone a destruir las ciudades de Sdom y Amorá (Sodoma y Gomorra) y otras tres, se lo comunica a Avraham ya que, según atestigua el mismo Creador, “Porque Yo lo he escogido porque manda a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino del SEÑOR, haciendo justicia y juicio…” (Génesis 18:19).
Y en el libro del Éxodo (18:15-16), cuando Itró, el suegro de Moshé, le pregunta por qué juzga al pueblo desde la madrugada hasta el atardecer, le contesta Moshé: “Porque el pueblo viene a mí para inquirir a D’ios. Cuando tienen un pleito, vienen a mí, y yo juzgo entre uno y otro, dándoles a conocer los estatutos de D’ios y sus leyes”.

¿Qué opina el Creador?

De ambos textos se desprende un interés especial de los hijos de Israel en dos temas, en el de exigir la justicia y el juicio, y en exigir conocer la voluntad del Creador: “¿qué diría el Creador en este caso?”, ‘¿qué es lo más correcto hacer en esta situación?’.

Este deseo de perfección, a nivel nacional, permite que incluso cuando se cometen errores, por grandes que sean, puedan y deban ser perdonados. Israel no está dispuesto a permitir quedarse atascado en la imperfección, en el error y el pecado. Rápidamente se recuperará de su caída y volverá al buen camino.

El Fiel Pastor debe recordarles en los momentos de crisis cuál es su cualidad básica, la de inquirir al Creador: ‘tratar de llegar a conocer la Voluntad Divina examinándola de manera cuidadosa’, y exigir la justicia y el juicio: ‘la virtud de dar a cada uno lo que le pertenece o corresponde’. Esto nunca se pierde.

Muchos individuos pueden haber llegado a estas preciosas cualidades, pero ningún otro pueblo ha ido por este camino, el Camino de Hashem.

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