El Gaón de Vilna y la identidad judía

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Por Michael Freund

A comienzos del mes, fue el aniversario de uno de los más grandes hombres que vivieron en los últimos siglos, una figura que tuvo impacto en el pueblo judío así como en el Estado de Israel.

Fue hace 215 años atrás, el 19 de Tishrei (que este año coincidió con el 5 de Octubre) durante los días de sucot, que el Rabino Eliahu, el Gaón (genio en hebreo) de Vilna devolvió su alma a su creador.

La mayoría de los judíos contemporáneos han oído de este prodigioso erudito, su vasto conocimiento y su profundo compromiso de explorar todos los aspectos del conocimiento y la enseñanza judía.

Pero pocos están familiarizados con cómo el mismo estableció el trabajo de renacimiento intelectual, espiritual y físico del estado judío moderno un siglo antes de que Tehodor Herzl alce la bandera del sionismo político.

Y a la luz de algunos de los desafíos que actualmente enfrentan a Israel en el área internacional, vale la pena analizar la revolución del Gaón y las lecciones relevantes hasta hoy en día.

De hecho, mucho fue escrito sobre los logros escolares del Gaón de Vilna. Como el Prof. Jay M. Harris de Hardvard dijo una vez, el Gaón de Vilna “estableció una forma de estudio revolucionaria en el mundo rabínico”.

El mismo, revivió el estudio del Talmud Jerosolimitano y otros textos antiguos, intentó crear harmonía entre distintos pasajes que confundieron a otros sabios durante generaciones y meticulosamente trazó las fuentes de los dictámenes del Shulján Aruj (el código de ley judía). Caminó por el vasto mar de las tradiciones judías, corrigiendo inconsistencias y realizando las enmendaciones necesarias, manejado por un gran deseo de la verdad y la exactitud.

Un hombre profundamente humilde, el Gaón de Vilna, nunca sostuvo ni tuvo ninguna posición pública o comunitaria, devotándose completamente a los textos de nuestro pueblo. Pero su influencia se extendió mucho más allá de los libros, en parte gracias a una idea simple aunque de mucho peso que defendió apasionadamente: el pueblo judío no debe ser pasivo en traer su propia redención.

A pesar de que esta creencia iba en contra de lo que gran parte de la judería europea pensaba en ese momento, de todas formas, el Gaón alentó a sus alumnos a realizar aliá, lo que muchos hicieron en tres grandes olas que comenzaron en 1808.

Eventualmente, miles de discípulos y sus familias, se mudaron a la tierra de Israel. Como resultado, a mediados del siglo XIX, la mayor parte de la población de Jerusalem era judía, por primera vez desde la invasión romana, y así quedó desde ese entonces.

Todo gracias a la visión de un solo erudito en una sala de estudio en Lituania.

La fuerte convicción del Gaón de Vilna respecto a la necesidad del pueblo judío de realzar cosas prácticas respecto a sus reclamos sobre su antiguo hogar, fueron excelentemente expresados en el volumen Kol HaTor, el cual fue escrito por su alumno el Rabino Hillel de Shklov.

El libro cita las palabras del profeta Isaías (54:2-3), quien dijo: “Estira (arjivi en hebreo) el lugar de tu tienda y extiende la cortina de tus habitaciones, sin escatimarlas… por cuanto te extenderás a la derecha y a la izquierda y tus descendientes heredarán las naciones, y hará habitables las ciudades desoladas”.

El Kol HaTor dice en nombre del Gaón de Vilna que estos versos son la clave para la redención judía, porque lo que el profeta Isaías llama “arjivi”, es un mandamiento – un llamado a la acción judía mundial a mudarse a Israel y asentarse en cada lugar de la Tierra.

Él, espeluznantemente, nota que la única alternativa para “arjivi”, el crecimiento y la expansión judía, es “ajrivi” (palabra hebrea para destrucción). En otras palabras, no hay posibilidad de retroceder.

Finalmente, dice el Gaón, “debemos saber por adelantado, que todos los preciosos tesoros incluidos en la bendición de arjavá (estiramiento) vendrán solo si el pueblo de Israel primero realiza acciones, en un despertar desde la tierra”.

Con estas palabras, el Gaón de Vilna estableció un claro desafío para cada uno de los judíos, delineando que nuestra tarea no es sentarse pasivamente y esperar la redención del exilio, sino tomar acciones y traerla a nosotros.

A través de esta novedosa aproximación, el Gaón se convirtió en el precursor del sionismo moderno, un fuerte promotor del activismo judío y un restaurador de la auto-confidencia y del auto-estima judío.

Miró lo imposible y se sobrepuso. Impulsado por una creencia en la justicia de la causa y una profunda fe en el Creador, dejó detrás un legado de reclamación y restauración judía.

Después de siglos de exilio y persecución, el Gaón de Vilna nos enseño una muy importante lección, una muy especial para los titulares de estos días: el pueblo judío no es prisionero del destino, sino que es socio de D-s en formarlo.

Es una lección que todos debemos aprender.

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